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Después del 2 de junio

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SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 19 de julio de 2024

 

Desde el 1 de diciembre de 1940, cuando inició el gobierno que siguió al del general Lázaro Cárdenas, hasta el 30 de noviembre de 2018, todos los gobiernos, sin excepción, se desempeñaron en función de los intereses de la clase poseedora del poder económico. Esa manera de gobernar se tornó más antipopular durante las seis administraciones marcadamente neoliberales, de 1982 a 2018, período en el que la clase dominante recurrió a tres fraudes electorales (1988, 2006 y 2012) para imponer sus intereses sobre los de la nación. En todo ese tiempo la represión desempeñó un papel importante en el control de los diferentes sectores de la población que manifestaron su descontento. 

El 1 de julio de 2018 tal descontento se manifestó en las urnas de un modo que la clase dominante se vio impedida de cometer otro fraude electoral, y el gobierno surgido de esa elección presidencial, en no pocos aspectos diferente de los anteriores, afectó intereses y privilegios de una parte de la clase dominante y sus fieles siervos, quienes emprendieron campañas de desprestigio con la finalidad de recuperar el gobierno en la elección federal de 2024. Para intentarlo se aliaron en un frente opositor, el que por sus marcadas posiciones políticas contó con el apoyo de la derecha internacional, además de la injerencia de organismos de gobiernos extranjeros en asuntos de competencia exclusiva de los mexicanos.

El resultado de los comicios federales del pasado 2 de junio, aun cuando se llevaron a cabo bajo las reglas que la clase dominante tenía establecidas, representó un revés para la derecha local e internacional. Fallaron sus campañas de desprestigio y sus pronósticos electorales, sobre todo porque la mayor parte de la ciudadanía valora positivamente el proyecto de transformación que inició Andrés Manuel López Obrador, proyecto cuya continuidad es parte importante de la propuesta política de quien ganó la elección, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo.

Para las fuerzas de la derecha en Estados Unidos, y en un contexto internacional en el que la derecha y sus sectores más reaccionarios, la ultraderecha, se fortalecen y ganan posiciones en gobiernos de diferentes partes del mundo, México ─por su posición geográfica, su historia, su cultura y sus riquezas naturales, entre otros aspectos─ representa una zona de importancia estratégica a la que pretenden mantener bajo la mayor subordinación posible para imponer, como en casi todo el mundo donde domina el capital, que el gobierno esté condicionado por los intereses de los grupos económicamente poderosos, en detrimento de las condiciones de vida y trabajo del pueblo. 

Por ello el injerencismo de diferentes instancias del gobierno estadounidense y de organizaciones de la derecha internacional continuará operando en apoyo de la derecha local y buscarán las maneras de hacer avanzar al sector de la ultraderecha; más ahora que Estados Unidos, en decadencia, con la ultraderecha en ascenso e inmerso en una larga e irresoluble crisis, intenta por todos los medios recuperar su hegemonía perdida.

Y aunque la oposición de derecha perdió la elección del 2 de junio, ese 27.5% de electores a su favor es una señal de alarma, ya que la mayoría de ellos debe vender su fuerza de trabajo ─física o intelectual─ para subsistir, y vota por quienes los explotan, lo que da una idea del trabajo ideológico de la clase dominante y de cierto abandono de esa actividad por parte de las fuerzas progresistas y de la izquierda.

En Morena, ello es un llamado a la autocrítica, a desterrar desviaciones y a retomar principios para evitar convertirse en un partido electorero o una agencia de colocaciones, con los mismos vicios y prácticas de los partidos tradicionales en nuestro país y, de ese modo, escapar de una segura y rápida extinción. 

Para la izquierda, quizá sea la oportunidad de intentar la búsqueda de la unidad, lo que requerirá despojarnos de serias desviaciones que han impedido alcanzarla, lo que siempre ha favorecido a la clase dominante.

Para la ciudadanía en general también es la oportunidad de organizarse ─desde las formas más sencillas a las más complejas─, no solamente para participar y apoyar en lo que a ellos convenga, sino para decidir lo que ha de realizarse en asuntos de su interés.

En todos los casos sería de considerable ayuda la participación en procesos de formación que nos permitan elevar nuestra conciencia, comprender nuestra realidad y nos dé elementos para cambiarla cuando ello sea necesario.    


* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.

Foto de portada (ilustrativa): Wikipedia.






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