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Edgar Cortez
Miércoles 18 de abril de 2017
Cuando un personaje como Javier Duarte, que en el imaginario social encarna todos los males, es detenido, la pregunta obligada tiene que ser, ¿estamos frente a una oportunidad para que se combata la corrupción o sólo es un poco de circo para aminorar el enojo social?
Javier Duarte tiene un historial delictivo de larga data. El 30 de enero de 2012, en los previos de la campaña presidencial de ese año, un par de funcionarios de su gobierno fueron detenidos en el aeropuerto de Toluca con 25 millones de pesos en efectivo. Asunto del que valdría la pena que la Procuraduría General de la República (PGR) diera una explicación sobre la suerte de la investigación.
El 24 de mayo de 2016 el portal de noticias Animal Político presentó el resultado de su investigación sobre la creación de 24 empresas fantasmas para desviar recursos públicos (http://bit.ly/2oFwul5). A la fecha no hay nada preciso respecto de las consecuencias que tuvo esta trama de corrupción.
La lista de agravios es enorme y escandalosa. Entonces ¿por qué durante sus casi seis años de gobierno, ninguna instancia lo llamo seriamente a cuentas?
Javier Duarte es parte de la clase política cínica. Recordemos que el 12 de octubre en una entrevista en televisión anunció que solicitaría licencia para defenderse de los ataques en su contra. El día siguiente solicitó la licencia para luego desaparecer hasta el sábado pasado que fue detenido en un hotel de lujo en las inmediaciones del lago Atitlán. Un político capaz de mentir en cadena nacional, aprovecharse de las relaciones corruptas y evadirse de la justicia.
Creo que mucha gente se sintió satisfecha de que finalmente Javier Duarte fuera detenido. Pero hay que dejar en claro que estamos en el inicio de un largo proceso: extradición, inicio y desarrollo del juicio, donde la PGR tendrá que mostrar las evidencias con las que cuenta y Javier Duarte ejercerá su derecho a la defensa; sentencia, apelación y luego amparo. Es decir, un proceso de varios años antes de contar con un desenlace.
Recordemos la historia de Raúl Salinas de Gortari quien fue detenido en marzo de 1995 acusado de homicidio, enriquecimiento ilícito y posteriormente de lavado de dinero. Diez años después fue absuelto de todos los cargos y le fueron reintegrados sus bienes.
Por tanto no echemos las campanas al vuelo en el caso de Javier Duarte, la detención es apenas un primer paso. Nadie sabe en dónde terminará el asunto.
La prueba de que efectivamente se tiene voluntad de combatir la corrupción será si a las acusaciones no sólo las sustenta el escándalo, sino sobre todo la evidencia objetiva que se aporte y sea resultado de investigaciones diligentes
Por tanto nuestros ojos tienen que escrutar lo que el Ministerio Público aporte como acusación en contra de Duarte y de toda la red de funcionarios, locales y federales, empresarios y familiares que formaron parte del grupo que saqueó el estado.
@EdgarCortezm
Foto de portada: Diego Simón Sánchez / Cuartoscuro
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