SOMOSMASS99
©Gaudencio Rodríguez Juárez*
Jueves 7 de noviembre de 2019
La muerte es lo único garantizado en la vida, es el fenómeno más democrático de todos, nos pone en la misma fila, en la misma cuerda de la que puede caer quien sea, desde que nacemos comenzamos a morir, sin embargo, actuamos como si tal realidad no existiera. En cierta forma es necesario que así sea, de lo contrario, la ansiedad que genera la inminencia del cese de la vida podría escalar y convertirse en una angustia inmanejable.
Afortunadamente, en el día a día aparecen motivos para recordarnos que no somos eternos: una película, un documental, una campaña de prevención de enfermedades crónico-degenerativas, un accidente o la muerte de alguien cercano.
Pero si algo faltaba, en México contamos con día especial para recordar a nuestros difuntos, a los seres queridos que ya no están con nosotros, el 2 de noviembre. Un día cargado de emotividad, donde regresan los muertos a través de la rememoración de los vivos, donde la memoria se conecta con las figuras del pasado que dejaron huella en el presente y que en muchos casos posibilitan la proyección a futuro, donde los duelos dan una vuelta más en ese espiral dialéctico que año con año permite que la pérdida duela menos, donde la tristeza por la muerte convive con la alegría de seguir vivo.
Es un día de claroscuros, de convivencia de los opuestos: la sombra de la muerte que se ilumina con colores intensos; los silencios reflexivos que permiten tragar saliva ante la pena por lo no vivido con quien ya murió que se alternan con la música del mariachi o acordeón en los panteones donde yacen los restos de los seres queridos; los rezos solemnes que coexisten con los chistes y recuerdos chuscos compartidos en vida con los hoy difuntos.
Al final, en México, el 2 de noviembre significa celebración más que sufrimiento. En el fondo sabemos que la principal consecuencia de vivir es morir. Festejamos la vida, respetamos la muerte (unos más, otros menos). Le damos colorido a la muerte para poderle ver a la cara y hasta sonreírle. Nos reímos con ella (no de ella) porque el sentido del humor es un factor de resiliencia ante la adversidad.
El Día de Muertos es la ocasión, pues, para recordar que somos finitos, que hemos de morir, que un días más es un día menos de vida, por lo que hay que hacer que valga la pena cada uno, vivirlo lo más pleno, armonioso y feliz posible.
En ocasiones la vorágine de la cotidianeidad impide recordar y vivir en consciencia las cosas importantes de la vida y agradecerlas. El Día de Muertos nos da la oportunidad, por ejemplo, de recordar que no nos construimos solos, sino que somos el resultado de lo que hacemos con lo que mucha gente aportó y aún aporta a nuestra existencia; por lo tanto, es un día para recapitular y agradecer lo recibido que nos dieron aquellos que ya no están y aquellos que aún siguen a nuestro lado.
Siendo niños recibimos cuidados, cariño, protección, consejo y guía de nuestros padres, lo cual marcó nuestra personalidad, sin duda.
Pero también recibimos apoyo, ejemplo, compañía, aliento de familiares, vecinos y amigos. Este 2 de noviembre, al estar en el panteón con mis primos y primas y mirar sus rostros mientras rezaban, pude hacer el recuento del impacto que tienen en mi vida: de Félix tengo el ejemplo de trabajo y organización, de Rodolfo el trato amable, de Petra la solidaridad, de Trini la alegría, de Ciro la habilidad y la pericia, de Alejandro el carácter y la valentía, de Panchillo la diversidad y rebeldía inteligente.
Reconozco que mis hermanas y hermanos contribuyeron –y aún contribuyen a mi humanización–: Martha es mi modelo de generosidad y humildad, Nacho de altruismo y goce hacia la vida, Ángel de contención emocional y apoyo, Guido de atrevimiento y sentido del humor, Marcos (mi muerto más vivo) de alegría y amistad, Moisés de tranquilidad y sencillez, Paulina de determinación y libertad, Charos de ternura y calidez.
No somos infinitos, no nos hacemos solos. Somos mortales, imperfectos. Somos consecuencia de la interacción con personas que nos acompañaron y otras que aún nos acompañan. Gracias a quienes contribuyeron y aún contribuyen para que sea lo que soy.
* Psicólogo / [email protected]
Foto de portada: Fer Gómez (@fergomez) / Unsplash.
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