SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 18 de junio de 2021
El próximo 23 de junio, en la reanudación del 75° período de sesiones de la Asamblea General de la Naciones Unidas, se someterá a votación de los Estados miembros el proyecto de resolución «Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba».
Desde 1992, que se presentó por primera vez, esta será la vigésima novena vez consecutiva que ese proyecto de resolución se presente ante la Asamblea General del organismo mundial. En todas las votaciones previas se ha aprobado el documento presentado por Cuba.
El bloqueo es una práctica genocida sustentada en leyes y disposiciones «legales», algunas con carácter extraterritorial, que lesiona y condiciona todos los aspectos de la vida en la isla y, además, viola la soberanía de otros países y las leyes y acuerdos internacionales, lo que lo convierte en más criminal y agresivo.
Pretende agudizar los problemas y necesidades de pueblo cubano para crear un ambiente de insatisfacción que pueda propiciar o facilitar un cambio de régimen, uno afín a los intereses de los monopolios norteamericanos y de la mafia contrarrevolucionaria cubanoamericana, quienes llevan más de 62 años intentándolo.
No obstante la reanudación de las relaciones diplomáticas, que de manera oficial se restauraron el 20 de julio de 2015, el bloqueo, que se estableció el 3 de febrero de 1962 —pero que en los hechos y la práctica funciona desde el 1 de enero de 1959—, continúa y al mismo tiempo define y condiciona las relaciones de todo tipo entre los dos países.
Para el imperio, la reanudación de relaciones diplomáticas fue, con la administración de Obama, solo un cambio de táctica dentro de la misma estrategia. Cuando llegó a la Casa Blanca el troglodita Donald Trump, su gobierno retomó e incrementó la agresividad hacia Cuba, al grado que durante su mandato no hubo una semana en que no se dictara una medida contra la isla.
Con Biden, quien fuera vicepresidente durante la administración de Obama, el bloqueo continúa con la misma agresividad; las medidas de Trump siguen vigentes, el financiamiento a los contrarrevolucionarios internos se mantiene en ascenso y el coqueteo político con la mafia contrarrevolucionaria, principalmente de Florida, persiste. En este contexto —a lo que habría que agregar el creciente prestigio de la Revolución por su solidaridad y apoyo, sobre todo médico y sanitario, a muchos países durante la presente pandemia, y la ejemplar actitud digna de Cuba y su pueblo ante los problemas que enfrenta—, se presentará el proyecto de resolución en la ONU.
No sería raro que el imperio presentara alguna propuesta de enmienda al proyecto de resolución de Cuba, para desvirtuarlo y así justificar su genocida bloqueo; tampoco debería extrañarnos, dada la prepotencia y arrogancia de Estados Unidos en su trato con los demás países, que se ejerzan amenazas y presiones diplomáticas para votar contra el proyecto de resolución o que se trate de desviar la atención con acusaciones contra Cuba en el campo de los derechos humanos.
Cuba, no obstante el bloqueo, en muchos campos del quehacer humano, incluidos los derechos humanos, es ejemplo para el mundo. El hecho de que en esas condiciones haya desarrollado cinco candidatos vacunales contra la Covid-19, es muestra de la capacidad y decisión del pueblo cubano y su dirección revolucionaria para enfrentar graves problemas. Y si de soberanía nacional y popular se trata, veremos que Cuba también es ejemplo para muchos pueblos.
El ejemplo que muchos ven en Cuba es un serio peligro para quienes sustentan una falsa prosperidad en la explotación del ser humano y la naturaleza, así como en la subordinación de los pueblos, el propio incluido. Ese ejemplo, según ellos, no debe expandirse.
Con todo y bloqueo, agresiones militares, químicas, biológicas, tecnológicas, actos terroristas, campañas de desinformación e intentos de desestabilización, que durante más de 62 años han tratado de destruir a la Revolución, Cuba, debido a su resistencia, dignidad, solidaridad, victorias y avances, se ha ganado el reconocimiento, simpatía y solidaridad de los pueblos del mundo; de ahí sus victorias diplomáticas en la ONU y los organismos que la integran.
Por ello, en la votación del próximo 23 de junio, la dignidad y la razón de Cuba nuevamente vencerán.
No obstante que por vigésima novena vez el mundo condene al imperio, será necesario potenciar la unidad y solidaridad entre nuestros pueblos para preservar su independencia y soberanía.
Porque, parafraseando a Monterroso: Estados Unidos todavía está ahí.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Ilustración de portada: Martirena / Granma.
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