SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 25 de noviembre de 2016
“[…] si menospreciamos las formas de organización que el pueblo pueda crear en respuesta a los reclamos de la realidad y de la lucha misma, pondremos innecesariamente piedras en un camino de suyo difícil y contribuiremos a la derrota, y no porque el enemigo nos la imponga como algo inevitable sino porque seremos incapaces de romper con posiciones estrechas, sectarias y erróneas que angosten y debiliten nuestra lucha, y nos impidan atraer a fuerzas significativas que, en tales condiciones, casi seguramente se negarían a participar”
Alonso Aguilar Monteverde
Defensa de nuestra soberanía nacional y popular
Es indudable que en el pueblo mexicano, como en muchos otros, está presente un alto nivel de indignación provocado por la situación en que se encuentra, debido a políticas que siempre han favorecido al pequeño grupo que detenta el poder, a sus aliados y servidores.
Fruto de esa indignación son la infinidad de grupos y esfuerzos, colectivos o individuales, que despliegan luchas reivindicatorias por demandas u objetivos específicos o muy particulares, aunque también los hay con objetivos más amplios. Lo común en las personas que están inmersos en estas luchas es algo que, por regla general, se encuentra en el pueblo: la dignidad.
La dignidad no como un atributo, o cualidad de estatus social, sino como una actitud de constante resistencia al sometimiento, la injusticia, la humillación, la subordinación, la discriminación y la desigualdad; esa resistencia que se sustenta en los más elevados principios éticos, sin los cuales cualquier persona pierde la esencia que le da significado a la vida.
Aun cuando existe un alto grado de dispersión en las luchas populares, también es cierto que están en marcha procesos de articulación en los que a partir de coincidencia de objetivos y de la identificación del enemigo común se pueden incrementar las posibilidades de éxito.
Sin embargo, para resolver los problemas de una sociedad o de un país, conviene, como parte de un proceso dialéctico, tener un claro diagnóstico de la situación en que estamos, las causas que la provocaron, a quién nos enfrentamos, cuál es nuestro punto de partida y a qué aspiramos, con qué fuerzas contamos y con quién podríamos unirnos o aliarnos y, algo que costaría mucho dejar de lado, tener la capacidad colectiva para construir un programa capaz de convocar a la mayoría de nuestro pueblo, programa en él vean reflejadas sus aspiraciones.
El programa definiría hacia dónde queremos llegar, o sea, el objetivo estratégico; los campos en los que será necesario desplegar los esfuerzos y las metas que deberán cubrirse, las que incluirían la satisfacción de las demandas más urgentes de nuestro pueblo; esto último conformaría el programa mínimo a partir del cual los diferentes esfuerzos que confluyan podrían crecer en términos de cantidad y calidad, lo que abriría el camino hacia un proceso unitario, necesario para que el pueblo alcance la victoria.
Todo eso, y más, puede lograr un pueblo digno y decidido; y el nuestro es uno que ha tenido varias ocasiones de demostrar su dignidad y decisión; sin embargo, siempre hubo un sector muy pequeño que mediante engaños y traiciones se ha valido del esfuerzo, la sangre e incluso de la vida de muchos mexicanos para beneficiarse junto con sus aliados —y en ocasiones amos— locales y extranjeros, lo que condujo al actual estado de cosas y a los problemas que padece nuestro pueblo.
De ahí el planteamiento que se hace en muchas partes de nuestra geografía en el sentido de la necesidad de refundar nuestro país para recuperar su dignidad y la soberanía nacional y popular; establecer las reglas y leyes necesarias para que más nunca una reducida minoría vuelva a vivir a expensas del pueblo y los bienes y riquezas de la nación.
Lograr la refundación del país es todo menos fácil. Sin embargo, muchos hemos dado el primer paso: la conciencia de que la situación actual atenta contra nuestra dignidad, nuestra soberanía y nuestra existencia; el siguiente paso sería encontrarnos y decidir en colectivo lo que queremos. Y lo que debemos hacer.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Observatorio Biósfera de Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Galo Cañas / Cuartoscuro.
Comparte en Facebook
Twittéalo








