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Eduardo Galeano y el fútbol

Diálogo Estado / Raúl Muñiz Torres / Top News / 15/04/2015

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PERSIGUIENDO SOMBRAS

Raúl Muñiz Torres

 

«Para los intelectuales de izquierdas, el fútbol impide que el pueblo

piense. Para los de derechas, prueba que piensa con los pies.

¿Que es un negocio? Eso vale para todo. ¿El sexo no lo es?

Y los que saben me han dicho que el sexo no está mal».

 

(Eduardo Galeano 1940-2015)

 

El lunes por la mañana, cuando hacía mi acostumbrado recorrido cotidiano por los diarios nacionales e internacionales, me enteré de la muerte del escritor uruguayo Eduardo Galeano. Me pone triste la noticia y pienso en él en dos momentos de mi vida en que sus letras me resultaron esenciales.

La primera, cuando pretendí estudiar una maestría en Estudios Latinoamericanos en la UNAM, sus “venas abiertas de América Latina” me resultó una obra de importante consulta y a partir de ese libro, todo lo que el uruguayo dijera o escribiera sobre nuestro continente lo atesoré como una especie de biblia monumental.

Huelga decir que mi pretensión de estudiar un posgrado en la UNAM se quedó en mera intención porque en algún lejano día de 2004, mi cuerpo estaba en una aula de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional presentando el examen de admisión, pero mi mente se encontraba puesta en regresar a vivir a León. Opté por lo segundo y opté bien, regresé a mis afectos y  bajo el brazo, “Las venas abiertas de América Latina”.

Después, al paso de algunos años, supe que el intelectual uruguayo quien para mí sabía todo sobre América Latina, también sabía de fútbol, que era hincha de El Nacional de Montevideo, que hubo un tiempo de su vida que quiso ser futbolista profesional y que tenía un libro llamado “El fútbol a sol y sombra”.

Fue mi buen amigo Tarik Torres quien me prestó un ejemplar de esa obra y hasta la fecha, no se lo he regresado: yace en mi librero y algunas noches en mi buró porque vuelvo a sus letras cuando quiero recordar que el fútbol es bueno para el alma y porque seguro estoy que Galeano sabía que así era.

Desde entonces empecé a sentir a Eduardo Galeano como un amigo sin necesidad de conocerlo personalmente, su confesión en la página uno de su “fútbol a sol y sombra”, me hizo admirarlo más aún cuando escribió ahí que “como todos los uruguayos, quise ser jugador de fútbol. Yo jugaba muy bien, era una maravilla, pero sólo de noche, mientras dormía: durante el día era el peor pata de palo que se ha visto en los campitos de mi país. Como hincha, también dejaba mucho que desear. Juan Alberto Schiaffino y Julio César Abbadie jugaban en Peñarol, el cuadro enemigo. Como buen hincha de Nacional, yo hacía todo lo posible por odiarlos…”, pero, dice Galeano, les agradecía la elegancia con la que practicaban el fútbol.

Quizá es la única área en donde le gané a Galeano, yo no era tan pata de palo como él y me llevaba bien con el balón de fútbol, pero para fines prácticos, terminé siendo el Messi mexicano pero sólo de noche, cuando, como Galeano; me dormía y soñaba que era el mejor jugador del planeta o más apegado a la realidad para cristalizar un poco el sueño, cuando en las cáscaras callejeras de mi infancia y adolescencia, desbordaba y dejaba sembrados en el camino a mis amigos rivales de equipo.

Vuelvo a veces a las páginas de “El fútbol a sol y sombra” y vuelvo a disfrutar y agradecerle a Eduardo Galeano esta pasión por el balompié, por enseñarme sobre Pelé, Garrincha, Mazza, Baggio, Romario y muchos más.

Hoy, Galeano se sentará en algún lugar del Universo para charlar con Antonio Gramsci, quien decía que el fútbol era “el reino de la lealtad humana al aire libre” y charlará también con Albert Camus quien dijo: “pronto aprendí que el balón nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga. Eso me sirvió mucho en la vida”.

 

Gracias a Eduardo Galeano. Descanse en paz.

 

[email protected]

 

 

 

 

 






Luis López




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