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¿Educarlos como se nos dé la gana?

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Slider Inicio / Top News / 06/08/2020

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©Gaudencio Rodríguez Juárez*

Jueves 6 de agosto de 2020

 

En México, el “Yo educo a mi hijo como me da la gana” era una expresión que aplicaba a la generación de nuestros padres, abuelos, bisabuelos… Sí, en ese tiempo la crianza quedaba a criterio total de ellos. 

No obstante, en la actualidad tal expresión ha caducado. Hoy no podemos educar a los hijos e hijas como se nos dé la gana, sino sólo en el marco de los derechos humanos.

La reforma al artículo 1° constitucional, publicada el 10 de junio de 2011, establece que todas las personas gozan de los derechos reconocidos tanto en la Constitución como en los tratados internacionales ratificados por el Estado mexicano.

La Convención sobre los Derechos del Niño fue ratificada por nuestro país en 1990. Significa que en la crianza sólo deben existir prácticas que no entren en conflicto con los derechos contenidos en dicha Convención. Buena noticia para la niñez.

Ante esta novedad histórica, el desconcierto hace su aparición en muchos adultos responsables del cuidado de los niños y niñas, los cuales, en tono de queja, suelen decir: “Desde que se habla de los derechos de los niños ya no los podemos tocar, ni regañar, ni castigar”.

La Convención no nos dice que no los toquemos, tampoco que dejemos de hablar con ellos y guiarlos. El mandato de la Convención y otras leyes que se han expedido en los últimos años en México es a interactuar, convivir, socializar y educarlos utilizando métodos respetuosos de la dignidad de cada niño, de cada niña.

El respeto a la dignidad es una de las principales coordenadas para entender lo que hoy es válido en la educación, crianza y convivencia con las y los menores de edad.

Si tiempo atrás, tratar con respeto a la población infantil, era una invitación y una responsabilidad moral, a partir del 2011 se ha vuelto una obligación legal. Y aún cuando los organismos de protección no gozan de eficiencia total para la detección e intervención ante la violación a los derechos de la infancia, la ley está dada, y con ella la obligación de respetarla.

Lo anterior hace necesario una reeducación de los adultos contemporáneos, al mismo tiempo que implica una formación con enfoque de derechos humanos, pues el reto es complejo: educar a los hijos de una manera en que los padres contemporáneos no fuimos educados suficientemente.

Esta novedad socio-histórica también estimula exclamaciones del tipo: “¿Entonces ahora tenemos que dejar que los niños hagan lo que quieran?”. La respuesta es clara y concisa: “¡No!”. Pues dejar que hagan todo lo que quieran puede poner en riesgo su integridad, su desarrollo, su seguridad o la del prójimo, por lo que esto sería maltrato tipo negligencia (en la taxonomía de la Organización Mundial de la Salud).

Otra pregunta recurrente: “¿Tenemos qué darles todo lo que piden?” Respuesta precisa: “No. Sólo lo que necesitan”.

La responsabilidad de los padres y tutores es cubrir todas las necesidades del niño, más no todos sus deseos. Resulta fundamental diferenciar unas de otros.

La urgencia era un criterio de diferenciación proporcionado por la psicoanalista francesa Françoise Dolto aun antes de la Convención. “Las auténticas necesidades no pueden aplazarse eternamente”, decía Dolto –y actualmente el estudio del desarrollo infantil las tiene bien agrupadas: fisiológicas, vinculares, cognitivas, sociales y morales–. “Mientras que los deseos sí pueden ser aplazados e incluso negados, sin que esto afecte el bienestar del niño”.

Demos un ejemplo, el hambre es una necesidad. Por lo tanto, se tiene que cubrir. La exigencia del niño de saciarla con algún tipo de comida chatarra es un deseo (deseos insalubres promovidos por industrias faltas de consideración y ética hacia la infancia, dicho sea de paso). 

En resumen, es obligación de todo adulto a cargo de un niño cubrirle todas sus necesidades, más no todos sus deseos (sino sólo aquellos que le aporten bienestar).


* Psicólogo / [email protected]

Foto de portada: Rajesh Rajput (@rrajputphotography) / Unsplash.






Luis López




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