Breaking

Efectos de la violencia

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Slider Inicio / Top News / 10/12/2020

SOMOSMASS99

 

©Gaudencio Rodríguez Juárez*

Jueves 10 de diciembre de 2020

 

Los efectos de la violencia que padecen muchas mujeres son diferentes en cada una. El daño depende de muchas variables: el tipo, intensidad y frecuencia de la violencia, factores individuales de la víctima y del victimario, las circunstancias en la que ocurre, etcétera. No obstante, siempre es dañina.

El psiquiatra Carlos Sluzki nos ofrece una cartografía con seis niveles en los que pueden ubicarse dichos efectos de acuerdo con la combinación de dos variables: la percepción de amenaza o peligro que experimenta la persona (intensidad) y el grado de habitualidad de la conducta violenta (frecuencia).

  1. Disonancia cognitiva. Es el efecto de la combinación de amenazas indirectas y leves, de baja intensidad, en un contexto o en un momento inesperado. Lo sorpresivo del acto impide integrar ese dato a la experiencia propia: “¿Qué pasó aquí?”, “¡Qué raro!”, “¿Por qué me habló de esa manera?”, “Nunca me había mirado así”; episodios de intensidad leve en momentos inesperados: en medio de la luna de miel o el festejo familiar.
  2. Ataque o fuga. Consecuencia de amenazas aisladas e insólitas de mayor intensidad que las anteriores. Su efecto es desencadenar una reacción psicofisiológica de alerta, en la que la persona asume una posición defensiva u ofensiva, anticipando los posibles desenlaces negativos, tomando precauciones, escapando del lugar o preparándose a enfrentar la amenaza. Suele tratarse de mujeres que atraviesan los ciclos iniciales de la violencia. 
  3. Inundación/Parálisis. Resultado de experiencias impredecibles de nivel de amenaza extrema que implican para la mujer un alto nivel de riesgo de la integridad o de la vida en un contexto en el que las posibilidades de ataque o fuga están coartadas. La mujer violentada queda, al menos durante el episodio, inundada, en un estado alterado de conciencia, desorientada en tiempo, espacio e identidad, parcialmente desconectada del cuerpo y de otras áreas del self y de su realidad presente. Este resulta ser el único modo de adaptación ante un ataque extremo, en ocasiones con armas, intentos de homicidio, violación, etcétera. 
  4. Socialización cotidiana. Efecto que aparece cuando las situaciones de violencia de baja intensidad se transforman en habituales, “cosas del día a día”. Ante la naturalización o invisibilización de la violencia, la mujer termina por acostumbrarse a no ser vista, a que sus opiniones no sean tomadas en cuenta, a no ser incluida en las decisiones, a las bromas machistas y misóginas, etcétera.
  5. Lavado de cerebro. Consecuencia de amenazas o coerciones más intensas y persistentes. El agresor mantiene en el tiempo un estilo rígido y punitivo, instalando una relación de opresión, recurriendo a la violencia física sólo de manera ocasional. La intensidad y frecuencia de su amenaza logra una distorsión cognitiva correspondiente al lavado de cerebro o reforma de pensamiento, es decir los valores del opresor terminan incorporados progresivamente de manera no crítica por la víctima como un recurso defensivo o de sobrevivencia, llegando, incluso a afirmar a quienes intenta ayudarla que ella es culpable de la violencia vivida, pues a estas alturas repite el discurso opresor.
  6. Embotamiento/Sumisión. Efecto observado cuando la experiencia de terror es extrema y reiterada. Un vivir sin pasado y sin futuro, desconectada de los propios sentimientos, en sumisión y, frecuentemente, en empatía o identificación con el agresor, suele ser el recurso de sobrevivencia. Merece notarse que este último efecto posee un valor para la supervivencia de la autoimagen a expensas de la perpetuación del proceso de victimización. El entumecimiento psíquico lleva a la desconexión emocional, al sinsentido de la vida. Mientras que la sumisión es el recurso no para vivir sino para sobrevivir. Lo anterior anuncia la dificultad que encontrar el o la profesional para que su ayuda sea aceptada con facilidad, pues se enfrentará a casos donde la víctima justificará la conducta del agresor y la autoinmolación alcanzará niveles máximos.

La violencia suele tener una escalada que comienza por leves y ocasionales desplantes o críticas hacia la pareja, a la cual le genera desconcierto y, si nadie la detiene, escala hasta agresiones físicas que pueden ser letales. De ahí la importancia de sistemas de protección efectivos.


* Psicólogo / [email protected]

Foto de portada: Mika Baumeister (@mbaumi) / Unsplash.






Luis López




Entrada Anterior

Novedades 2020

Siguiente Entrada

Alertan de retroceso en búsqueda de personas desaparecidas por Ley Orgánica de la FGR





0 Comentario


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Más Historia

Novedades 2020

SOMOSMASS99   CHISPITAS DE LENGUAJE Enrique R. Soriano Valencia Jueves 10 de diciembre de 2020   Hoy...

10/12/2020