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Alfonso Díaz Rey*
Viernes 18 de septiembre de 2020
Para celebrar su nominación al Nobel de la Paz, el presidente norteamericano, Donald Trump, firmó el pasado 9 de septiembre la ampliación por un año más de la aplicación de la Ley de Comercio con el Enemigo, para continuar con el bloqueo a Cuba, tal como sus predecesores desde John F. Kennedy, quien la desempolvó en 1962 [1]. E igual que sus predecesores, Trump lo hizo porque «[…] es de interés nacional de los Estados Unidos».
Algo tendrá un pequeño país con una extensión territorial 89.5 veces menor y una población que es la trigésima parte de la de Estados Unidos, que pueda representar un peligro para esa nación, al grado que bloquearla y asediarla sea de interés nacional para la potencia imperial.
El pecado de la isla fue demostrarle al mundo cómo un pequeño país, subdesarrollado, pudo sacudirse la tutela y el dominio del imperio más poderoso del planeta, resistir su asedio y crear condiciones para un desarrollo independiente aun en medio del genocida bloqueo imperial.
Ese ejemplo rompió la cadena de dominación de Estados Unidos sobre todos los países del continente y el mito de las «democracias» occidentales fundamentadas en el «libre mercado» y la sacrosanta propiedad privada como eje de la vida económica, social, política y cultural de las naciones.
Ese país, ejemplo de solidaridad, ha sido capaz de compartir con otros más necesitados no lo que le sobra, sino lo poco que tiene, lo que muestra los valores de una sociedad diferente que busca el bienestar de sus miembros con base en la equidad, la solidaridad y la justicia, actitud que se opone a la codicia, la explotación, la obtención de ganancia a toda costa y, por tanto, al american way of life.
Esa solidaridad, en estos tiempos reflejada principalmente en el apoyo internacionalista a otros pueblos por contingentes de la brigada médica cubana Henry Reeve, molesta e incomoda sobremanera al imperio por el reconocimiento y prestigio internacional alcanzado por Cuba, al grado de que existe una propuesta y un reclamo mundial para que se le otorgue el Premio Nobel de la Paz a esa brigada médica.
Ello ha originado que el imperio arrecie la feroz campaña de desprestigio contra Cuba y su personal médico, campaña que tras varios años de implementarse incluye desde la elaboración y difusión de una serie de mentiras para desacreditar al país y a sus trabajadores de la salud, hasta presiones diplomáticas a gobiernos para que no establezcan acuerdos con Cuba en ese campo.
Aun con esa campaña muchas personalidades, organizaciones y gente común se han sumado a la propuesta y el número de personas que la apoyan crece día con día.
Ahora, resulta que quien detenta la máxima responsabilidad política en la nación más poderosa y guerrerista del planeta, quien ordenó el asesinato del general iraní Qasem Soleimani, quien promueve la anexión de Palestina a Israel, quien fomenta el racismo en su propio país, quien se empeña en destruir los pocos y tibios avances en las relaciones diplomáticas que su antecesor restableció con Cuba, por citar solo algunos de sus méritos «pacifistas», es candidato al premio Nobel de la Paz, lo cual no debe sorprendernos porque ese premio fue adjudicado también a Henry Kissinger y a Barack Obama, ejemplos absurdos y paradójicos, entre otros, de su otorgamiento.
El bloqueo a un país por otro, con el objetivo de afectar seriamente la vida de su población para ponerla en contra de su gobierno, es un acto de guerra aun cuando esta no haya sido declarada. Es lo que ha estado haciendo el imperialismo yanqui contra Cuba desde el triunfo de la Revolución; como no ha podido doblegarla insiste por diferentes vías tratando que las dificultades creadas generen las condiciones para el logro de sus fines.
A más de 62 años de asedio y dificultades creadas por el bloqueo económico, comercial y financiero, el imperio ha logrado que la solidaridad de los pueblos del mundo con la isla caribeña se incremente. La respuesta de Cuba al acoso imperial ha consistido siempre en avanzar, resistir y vencer.
Por ello, el reconocimiento con el premio Nobel de la Paz a la brigada médica Henry Reeve constituiría, de hecho, la dignificación de esa presea.
Notas:
[1] El bloqueo es un entramado supuestamente legal conformado por normas de distinta jerarquía que incluyen proclamas, decretos y leyes, cuyo sustento inicial fue la Ley de Comercio con el Enemigo (1917), en la que se fundamentó la Proclama Presidencial 3447, emitida por John F. Kennedy en 1962, con la que se inició oficialmente esa agresión.
* Alfonso Díaz Rey es miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Imagen de portada: Pared en La Habana vieja. | Foto: Delaney Turner-(@claydevoute) / Unsplash.
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