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©Gaudencio Rodríguez Juárez*
Jueves 14 de febrero de 2019
Las relaciones perfectas sólo existen en los cuentos de hadas, los cuales recurren a un truco: mostrar el principio de la relación, nunca el final: se casaron y fueron felices para siempre. Sin embargo, nunca hemos sabido cómo le fue a Cenicienta, a Blanca Nieves o a la Bella Durmiente con su respectivo príncipe después de besarse.
En los cuentos de hadas Cenicienta trabaja incansablemente sin obtener recompensa alguna, es explotada y hasta humillada. ¿Quién la salva y la hace feliz? Un príncipe. Blanca Nieves es envenenada con una manzana ofrecida por una mujer envidiosa de su belleza. ¿Quién la vuelve a la vida –con un beso dado sin su consentimiento, por cierto–? Un caballero, un hombre con caballo, con poder. Parecido le sucede a la Bella Durmiente y a otros personajes femeninos de la literatura infantil.
Los cuentos de hadas, las canciones, la poesía, el cine, etcétera, están cargados de signos y símbolos que se instalan en el alma de los niños y de las niñas, sembrando en unos y otras, las expectativas que posteriormente tendrán acerca del hombre y de la mujer ideal.
Afortunadamente, en la actualidad empiezan a escribirse nuevas historias: Mulán es admirada por un guerrero gracias a su valentía e inteligencia combinada con su hermosura; Fiona es atractiva por su sencillez, calidez y alegría, no por su belleza física, la cual finalmente se encuentra debajo de ese cuerpo grotesco (bonita manera de recordarnos que la belleza que perdura está en el interior).
Hoy coexisten los cuentos tradicionales que describen a personajes atrapados en roles rígidos y estereotipados, con películas y cuentos nuevos que contienen personajes con actitudes flexibles, roles equitativos y sin jerarquías.
Lo mismo sucede con las identidades de hombres y mujeres de nuestra realidad contemporánea: están en crisis, ambos se debaten entre el machismo y la liberación.
Actualmente aún son muchos los hombres que siguen buscando una compañera que sea incondicional, hábil en lo doméstico al mismo tiempo que sensual, una “Cenicienta sexy”, dicen. Mientras que muchas mujeres contemporáneas están buscando un hombre cuyo talento no sea únicamente el de besar como lo hacen los príncipes azules de los cuentos.
Ellos siguen creyendo en los cuentos tradicionales, ellas casi no. Ellas se están percatando que los príncipes azules se destiñen fácilmente, que son apariencia, que están incompletos y no son poderosos por mérito propio sino una extensión de su padre, el rey.
Da la impresión que ellos no se han dado cuenta que cargar con una “Bella Durmiente” que se instala en la dependencia infantil y en la necesidad de protección eterna, inevitablemente lleva al cansancio, al hastío, al aburrimiento (aunque sea bella la compañera).
No existen relaciones perfectas. La perfección es característica de dioses y de personajes de cuentos de hadas. La imperfección es de los humanos, es la que le pone la sal y pimienta a la vida, a las relaciones de pareja.
No se trata, pues, de que el otro(a) sea perfecto(a), se trata de que sea compatible contigo y que te ame, es decir, que decida aceptarte como un legítimo otro(a) en la convivencia diaria.
Felices para siempre no es posible. Intentarlo siempre, sí. Con una persona celosa, controladora y dominante, no. Con una que respeta y promueve el crecimiento y la libertad, sí.
* Psicólogo / [email protected]
Foto de portada: Jared Sluyter (@jaredsluyter) / Unsplash.
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