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El castigo corporal no es una opción

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Top News / 14/09/2017

SOMOSMASS99

 

©Gaudencio Rodríguez Juárez*

Jueves 14 de septiembre de 2017

 

Para las aliadas y aliados del buen trato a la infancia.

 

Una amiga, profesional de la salud metal y practicante de una maternidad consciente: respetuosa, amorosa, me compartió una vivencia que me impactó de múltiples maneras.

“En días pasados me acordé mucho de ti Gaudi. Me fui de vacaciones con un grupo de padres y sus respectivos hijos de la edad de mi hija —cuatro años—. Me quedé impresionada al ver la cantidad de agresiones físicas que se comenten con un descaro y con el argumento: ‘tengo derecho a ponerle límites’. Yo creía que el castigo físico estaba más a la baja…”

El castigo corporal está más vigente de lo que queremos ver como sociedad. Al ser una práctica recurrente, extendida e histórica se vuelve parte del paisaje y dejamos de verla, o si la vemos, no nos impacta, pues resulta tan ordinaria como ver un árbol en el bosque.

“Me vine muy preocupada y quería decirte que sigas adelante en la prevención y erradicación del castigo físico, es muy importante el trabajo que estás haciendo. En la intimidad de las familias la agresión es grandísima, y es así, a chingaquedito, perdón por la expresión pero así es, suave, suave pero de un constante que va marcando a los hijos”.

Tiene toda la razón mi amiga. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, actualmente entre el 80 y el 98 por ciento de los niños y niñas reciben castigo físico en su proceso de educación y crianza, y de estos un tercio lo reciben con objetos: cinturón, cable, chancla…

“Al final del viaje incluso alguno de estos papás me decía: ‘Eh, amiga, es que deberías de ponerle un golpe a tu hija y verás que así se tranquiliza, ponle un límite’. O sea, invitándome a usar el golpe como límite. Yo reconozco que mi hija es inquieta y que necesita de muchos espacios para descargar tanta energía pero, ¡¿recomendarme tal cosa?!”

La nuestra sigue siendo una generación de padres/madres a la que aún le cuesta imaginar la educación sin castigos y tratos humillantes debido a que los adultos que nos cuidaron y educaron lo hicieron, en mayor o menor grado, con ese tipo de métodos autoritarios, fáciles, rápidos, arbitrarios, violentos —valga la redundancia—.

Algunas personas hemos cuestionado tales estilos y estamos optando por pautas de crianza bien tratantes, respetuosas de la corporeidad de nuestros hijos. Sin embargo, aún somos minoría. Por tal motivo, resultamos raros, ¡raros por respetar los derechos de nuestros hijos!, vaya paradoja.

“Al final del viaje, ya cuando veníamos de regreso, me dice uno de estos padres en tono de exigencia: ‘insisto, si no le pones un estate quieto (un golpe) ahorita, se lo vas a tener que poner después’. Yo estaba impactada. Y en esos momentos me venía a la mente todo lo que leí en tu libro ‘Cero golpes’ y decía: ‘no, no le pegaré. Y aunque el respeto a los hijos es mi postura, si titubeo, ahí están todos tus conceptos para cuadrarlo a uno. Muchas gracias”.

“Cero golpes”, fue escrito para describir las causas, dimensiones y razones por las cuales el castigo corporal (y cualquier otro tipo de castigo) como medida disciplinaria sigue tan vigente, para proporcionar evidencias acerca de su inutilidad como método educativo y del perjuicio que representa para los niños y para la sociedad en su conjunto. Mi apuesta es que al entender su dinámica y el daño que provoca, optemos por la práctica de las alternativas realmente formativas que aparecen en las dos terceras partes del libro.

Un dato importante: el uso del castigo físico y los tratos humillantes ya no quedan a criterio de posturas y creencias personales de los padres, madres o tutores. ¡Está prohibido! La Convención sobre los Derechos del Niño es ley en México a partir de la reforma al artículo 1° constitucional del 2911. Una razón más para aprender métodos respetuosos.

“Espero que mi mensaje te dé un poquito de ánimos para que sigas adelante, porque sé que estás picando piedra…” Palabras realmente necesarias en una labor que no encuentra el suficiente eco para hacer de ella un grito que se escuche, pero que como un murmullo comienza a entrar en los oídos de gente responsable, analítica, valiente, consciente de la trascendencia de la formación de las nuevas generaciones apegada al respeto los derechos humanos.

A los hijos/hijas ¡abrázalos, no les pegues!


* Psicólogo / [email protected]

Foto de portada: Pixabay.






Luis López




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