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Alfonso Díaz Rey*
Viernes 27 de mayo de 2016
La actual embestida de las fuerzas de la derecha, internacional y locales, dirigidas por las oligarquías nativas y el capital transnacional contra los pueblos en países que intentan una vía diferente a la que imponen las políticas neoliberales, sobre todo en Nuestra América, más que corresponder a la finalización de un ciclo de “progresismo” o “izquierdismo”, responden a la necesidad del gran capital de controlar los recursos naturales y los mercados de esos países para la reproducción de las condiciones que le permitan incrementar su tasa de ganancia y mantener el dominio sobre nuestros pueblos.
Con el triunfo electoral de Hugo Chávez y su ascenso a la presidencia de la república en Venezuela (1999), inició una serie de cambios en la conducción política de algunos países: Lula da Silva, en Brasil y Néstor Kirchner, en Argentina (2003); Evo Morales, en Bolivia (2005); Daniel Ortega, en Nicaragua y Rafael Correa, en Ecuador (2007), cambios que se dieron por el enorme agravio que las políticas neoliberales significaron para los pueblos de esos países y la necesidad de un desarrollo cada vez menos dependiente de la potencia imperial hegemónica, los Estados Unidos.
También se tendrían que considerar tres hechos, uno, la creación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), que a iniciativa de Venezuela y Cuba se formó en el año 2004 y actualmente la conforman: Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Mancomunidad de Dominica, Antigua y Barbuda, Ecuador, San Vicente y Las Granadinas, Santa Lucía, San Cristóbal y Nieves y Granada; el segundo, la derrota del proyecto de conformación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), en la IV Cumbre de Las Américas (Mar del Plata, Argentina, noviembre de 2005); y, en tercer lugar, la constitución de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (CELAC), en 2011,a la que pertenecen 33 países del continente.
El primer intento del imperio por evitar que cundiera el mal ejemplo fue el del fallido golpe de estado del 11 de abril de 2002, en Venezuela.
Antes de la conformación de la CELAC, al poco tiempo de su integración a la ALBA, se produce el golpe de estado en Honduras (junio de 2009), con el derrocamiento de Manuel Zelaya, acción que como ensayo de laboratorio marca el inicio del contraataque del imperio para recuperar lo que siempre ha considerado su patio trasero. Es así que se producen una serie de hechos que no podemos considerarlos como aislados y desvinculados:
- Previo al derrocamiento de Zelaya, en abril de 2009, se descubre una conspiración para asesinar a Evo Morales y el vicepresidente Álvaro García Linera, en Bolivia.
- La crisis política del 30 de septiembre de 2010, en la que estuvo en peligro la integridad física del presidente Rafael Correa.
- La destitución de Fernando Lugo, presidente de Paraguay, por un “golpe de estado parlamentario”.
- La reciente derrota electoral de Cristina Fernández, en Argentina, con el ascenso de Mauricio Macri y el retorno de la política neoliberal.
- La suspensión temporal para someterla a juicio político de la presidenta Dilma Rousseff, en Brasil, y la sustitución por un gobierno de derecha.
- Y como una constante, la agresión económica y mediática contra Venezuela y su gobierno.
Y cabría la pregunta: ¿Por qué si quien inició el mal ejemplo, Cuba con su revolución, no ha podido ser doblegada por el imperio?
A juicio de quien presenta estas líneas, con independencia de la vía del triunfo, en Cuba la Revolución tomó el poder, no solamente el gobierno del país; además, desde las primeras acciones y medidas se demostró que la cubana era una Revolución (sí, con mayúscula) del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, por lo que muy pronto logró el apoyo y arraigo en ese pueblo, que la hizo suya y la defiende desde entonces.
Otro factor: en Cuba, quienes detentaban el poder desaparecieron como clase (huyeron al perder su peso económico o acompañando al dictador Batista); y aunque la oligarquía no tenía el peso que tienen las actuales oligarquías latinoamericanas, siempre contó, como clase subordinada al capital extranjero, con el apoyo militar de Estados Unidos.
Además, al triunfo de la Revolución el pueblo cubano fue educado con base en principios muy diferentes a los de la educación tradicional burguesa, lo que catalizó la toma de conciencia y, por tanto, la aceleración y consolidación del proceso iniciado el 1 de enero de 1959, proceso que no sin problemas y a pesar del criminal bloqueo económico y financiero a que ha estado sometida prácticamente desde esa fecha, sigue en manos del pueblo cubano.
La comparación no pretende sugerir la traslación mecánica de medidas y acciones que tuvieron éxito en otros países, y en otras condiciones, para aplicarlas en los nuestros; sin embargo, existen aspectos esenciales que deben atenderse y resolverse para que nuestros pueblos puedan aspirar a una segunda y definitiva independencia.
La creatividad, capacidad, sensibilidad e inteligencia de quienes aspiramos a un cambio real y, sobre todo, la certera comprensión e interpretación de nuestras realidades, definirán los tiempos para sortear los obstáculos que hasta ahora impiden a nuestros pueblos el disfrute de una vida digna.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular de Salamanca, Guanajuato.
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