SOMOSMASS99
José Antonio Bueno Saucillo*
Miércoles 29 de agosto de 2018
Ya doce días teníamos cumplidos cuando nos babearon los perros…
Habíamos llegado en un camión no tan peor, con mochila con libros, agua y bolillos; pero más que nada llegamos con ánimos, convencidos de que lo que hacíamos era necesario para la causa, luego luego que llegamos nos recibieron con gritos de alegría que porque éramos los primeros de Guanajuato, y ésos no se rajaban nunca; y nosotros sintiendo bonito…
Éramos la primera camada de 50 de un total de 365, ese era el censo de la zona.
Por allá, de donde veníamos rifaba un buey que se apellidaba Vázquez Romo y su hermano, y la verdad ya nos tenían hasta la chingada, todo les teníamos que pagar aparte, por medio de la sección del sindicato, que si no, no se movía ni un dedo para un cambio de zona, un préstamo, una licencia, un ascenso, hasta un simple cambio de escuela.
Esos cabrones se cogían a las mujeres para conseguirles trabajo y les quitaban su lana de las primeras cinco quincenas, y a los que no entraban al aro los mandaban a los lugares más lejos de la sierra pa’ que se chingaran, donde no había camión, ni luz, ni agua. Sólo sabritas, cocas y cerveza.
Y donde mandaban unos pinches rancheros peor que los que les platico.
Mientras me acuerdo, les voy a seguir platicando de la capital… pa’ pronto nos incorporaron a las brigadas de volanteo y voceo, y de coordinador un compa del Edomex.
En putiza nos subimos al metro, y unos compas comenzaron a hablar de nuestro problema laboral para pedir feria pal’ movimiento, pero luego luego comenzó a cantar un cabrón con una maraca y la pinche gente nos calló a gritos y nos dijeron que nos bajáramos a la chingada que no querían saber de pedos, que de por sí estaban como estaban y nosotros con nuestras chingaderas y a un compa le arrebataron la mochila y la pisotearon.
No tuvimos más que pelar gallo antes de que nos madrearan.
Chingue su madre… ¿y la conciencia proletaria? pos’ cual…
Bueno, nos bajamos en la siguiente terminal y llegamos a una plaza con muchos puestos callejeros, compramos agua y comenzamos ahí a repartir volantes, algunas gentes nos los recibían como de mala gana, otros con indiferencia y solamente una doña nos dijo que como que le dábamos lástima, que ojalá nos fuera bien, y así caminamos como cuatro horas en varias colonias y ya cansados hasta la madre comenzamos a regresar como perros echando espuma y con la boca seca seca.
Ya como a las ocho y media llegamos al campamento y nomás tomamos café porque no había más y nos echamos en unos cartones para descansar, hasta que alguien de Chiapas comenzó a gritar que nos levantáramos porque había que ir a Gobernación “para hacer presión”, aunque no entendíamos bien a bien cómo íbamos a hacer presión si adentro nomás había guardias y los pinches reporteros de la televisión decían que éramos unos revoltosos y provocadores que poníamos en peligro al país, cosa que tampoco entendíamos por qué, si sólo queríamos que se respetaran nuestros derechos de trabajo.
Y así, caminando, gritando, hambreados, sucios, cansados, sin lana, ya parecíamos fantasmas de Rulfo.
Los enlaces que nos daban información nos llamaban una vez al día y casi siempre nos decían que iba a ver unas “plenarias”, que había avance… que estaban las negociaciones “empantanadas”, que ya mero… que ya era otra etapa… casi lo mismo siempre…
La verdad ya andábamos bien cansados, por lo regular nos tocaba hacer como mítines relámpago en cada plaza, mercado, o donde viéramos nudos de gente… siempre me tocaba con un compa que venía conmigo y era el secretario de trabajo y conflictos de su comité sindical, nos acompañábamos, porque no pocas veces los compas de otras secciones de la capital nos quisieron ver la cara de pendejos y nos endilgaban tareas que les tocaban a ellos, se querían hacer como muy sabiondos, y pues comenzamos a hacer frente para que no nos chamaquearan… y pensábamos: y ¿la solidaridad de clase?…
Ni madre.
Se comenzó a poner de moda que unos güeyes mandaran recados para invitar a desayunar a representantes de unos y otros comités, según eso eran los adecuados para influir en las decisiones de la SEP para cambiar las políticas laborales… ¿cómo ven?
Y todo igual… y los relevos no llegaban, comenzamos a tomar agua de una fuente y a lavarnos la cabeza en una llave de una vecindad… olíamos de la chingada…
Y mi compa y yo platicábamos que las cosas iban de la chingada… y no teníamos noticias de nuestra gente que dejamos allá…
Una tarde, el enlace de nuestro estado nos dijo que fuéramos al otro día a un restaurante que estaba en una esquina no tan lejos, que íbamos a platicar con un enlace del Nacional a ver qué pedo… nos pusimos como más animados, y hasta compramos unas playeras usadas para ir a la cita… nos recibieron bien, muy amables, nos dijeron que pidiéramos lo que quisiéramos, pero como estábamos ahí en la calidad de “ líderes ” no quisimos vernos mal y sólo pedimos café y unas galletitas… moderados… aunque traíamos una hambre de perros…
Nos dijeron que nosotros éramos el factor más importante para que avanzaran las negociaciones, que habían estado notando nuestro trabajo político y nuestra constancia en las tareas y que el Comité Nacional se iba a encargar de que la situación cambiara, que otros representantes ya habían formalizado su compromiso de dar informes a sus bases de que se había ganado, que debíamos hacer lo mismo.
Se me ocurrió abrir el hocico para decir que ese día en la noche platicaríamos con nuestras bases que nos acompañaron y tomaríamos el consenso, que muchas gracias.
Salimos de ahí medio pendejos, comenzamos a platicar, me dijo el Granados que a lo mejor la habíamos cagado, que los del Nacional ni contestaron la despedida… nos subimos a un camión que decía Zócalo y nos sentamos como idiotas sin hablar… nomás pensando… como a las dos de la tarde nos encontramos con una brigada de voceo y nos juntamos con ellos para ayudar, regresamos ya anocheciendo al campamento. Nos tomamos un café, y juntamos lo que traíamos de dinero y compramos dos latitas de atún; ya las estábamos abriendo cuando unos compas de otra sección nos dijeron que deberíamos llevar el atún a donde hacían cocina unas compañeras, que ahí juntaban todo y luego repartían, que deberíamos ser solidarios; ni pedo… no comimos… y luego quedamos de acuerdo en ir a caminar un rato antes de la asamblea con nuestros compañeros de Guanajuato.
Justamente afuera de un banco Promex nos apañaron tres polis de esos de casco, nos pepenaron de las greñas, hasta sentí que los güevos se me subieron al pescuezo, y nos azotaron para adentro de una julia, de esas todas tapadas, todo oscuro adentro, yo creo iban más gentes, olía a sudor; después que azotamos adentro, la julia se puso en marcha y comenzamos a sentir que nos pisaban unas patas de animal y comenzaron, yo creo a olernos; yo sentí nomás como me escurría como agua caliente y apestosa en la cara. Nos estaban babeando. Resollaban. No podían mordernos, traían bozal… alguien se empezó a zurrar, olía horrible y nosotros muertos de miedo… todavía no determinábamos que traíamos encima.
Alguien comenzó a gritar gachísimo y otros a decirle que chingara su madre que se callara, era un desmadre y los pinches animales jadeando… cuando se detuvieron, abrieron la puerta y nos sacaron otra vez de las greñas, pudimos ver a los perros, y nos cosieron a patadas y mentadas de madre, nos encueraron, esculcaron nuestras mochilas y garras y nos subieron a otro vehículo, pero solo al Granados y a mí nos llevaron a no sé donde, nos aventaron un puño de estopas llenas de aceite y nos dijeron que habíamos triunfado que a ver cuando los visitábamos otra vez y nos aventaron unos cachos del libro de pasta roja “qué hacer” que traía en mi mochila.
Nos gritaron que se cagaban en los comunistas y que sólo les dábamos risa… con unas bolsas negras, de esas de plástico nos taparon los ojos y nos hicieron unos nudos bien apretados en la nuca… nos golpeaban repetidamente y nos escupían…
¿Dónde nos dejaron? quién sabe… nos recogieron de rato, una patrulla de tránsito, de broma nos dijeron que nos iban a levantar una infracción por andar en pelota… y nos bajaron a chingadazos a una cuadra del zócalo. Era un callejón.
Como que ya ni supimos qué, por un rato grande, perdimos la realidad.
Yo desperté hasta que nos recogieron unos compas, lo supimos porque traían unas bocinas y un chingo de volantes y periódicos, nos echaron unos plásticos encima y en un taxi nos llevaron al campamento… luego luego, que qué les pasó, que quién fue, que por qué, que hay que investigar… que qué puto gobierno represor… nos sacaron fotos, que para presentar denuncia pública afuera de gobernación y la chingada…
Él, Granados, escurriendo de sangre por la nariz y boca, los dos ojos cerrados por los madrazos, yo, con una costilla rota, un pinche chipotote, y sin poder dar paso porque traía muchas cortadas en las patas… y la espalda negra de moretones…
Que una asamblea de evaluación… un desplegado… y unas compas nos llenaron el cuerpo de sábila asada y nos cobijaron con periódicos…
Que cuadros mal preparados… sí.
Que incautos… sí.
Que muy manipulables y manipulados… también.
Que izquierda mal organizada… pero claro. Que movimientos vendidos… sí.
Que desperdicio de voluntades… claro, y
Que gobierno hijo de la chingada… pues ¿qué más?
Que si los movimientos internacionales… pues, cautela.
Que si éramos de izquierda… quién sabe, según nosotros sí…
Que si el sindicato era cómplice… ¿qué otra pinche cosa?
Que nos vieron la cara de pendejos… sí, sí, sí.
Pinches malos recuerdos, nomás no me dejan…
Cuando todo este teatro se cerró supimos que el que era nuestro “líder” se volvió íntimo de la maestra lideresa del nacional y quién sabe cómo comenzó a construir una colonia y les vendía las casas a los maestros con créditos de fovissste.
El “nuevo sindicalismo” en apogeo, como siempre con la complicidad del puto pri-gobierno.
Las lecturas quedaron atrás con el sabor de la sangre en la boca, todo volvió a la “normalidad”… y a volver a comenzar… con más desconfianza.
Después de veinte años, sólo ha cambiado la forma de represión; ahora buscan eliminar a los profesores definitivamente.
Para el gobierno siguen siendo agentes subversivos; cambian las leyes para que resulte legal chingarlos…
Con ese pasado somos parte del presente.
Seguimos en pie, y hemos aprendido varias cosas… sobre todo que la izquierda no es un camión al que se tenga que trepar uno… que ante todo es una actitud ante la vida y una forma de ella.
Pero sobre todo hemos aprendido que si caemos, hemos de volver a levantarnos.
¡Ese fue el día en que nos babearon todos los perros!
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanaujuato, al que pertenece el autor.
Foto de portada: URBAN360.
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