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El diablo y las instituciones (respuesta a un vecino)

Diálogo País / Top News / 17/04/2019

SOMOSMASS99

 

Agustín Ramírez Agundis*

Miércoles 17 de abril de 2019

 

Estimado Humberto, hace tres días reiteradamente hiciste mención de que una persona había dicho “al diablo las instituciones” y que ahora esa misma persona es presidente de la República. En ningún momento te seguí la corriente hablando de ese tema. Sin embargo, no hay pierde, te estabas refiriendo a Andrés Manuel López Obrador quien es hoy el primer mandatario. Sólo una precisión, una de las palabras en la frase arriba entrecomillada no coincide con la que en realidad el hoy presidente expresó. Fue el 1 de septiembre de 2006, en el Zócalo de la Ciudad de México, él literalmente dijo “al diablo con sus instituciones”. No es lo mismo el artículo las que el adjetivo posesivo sus. Las se refiere a todas, en este caso las instituciones; sus sólo a unas cuantas, aquéllas que pertenecen a la persona o grupo de personas a que se haga referencia. Líneas atrás, había mencionado que »un pequeño grupo de privilegiados se apoderó de las instituciones y las mantiene secuestradas».

Precisión al margen, lo cierto es que Andrés Manuel sí es ahora el presidente de la República y lo es porque como resultado del proceso electoral organizado y calificado por las instituciones nacionales facultadas para tal propósito, fue el candidato que obtuvo más votos que los restantes. Obtuvo más votos que cada uno de los otros candidatos por separado y también recibió más votos que todos los demás juntos. Así sucedió, más del 50% de los ciudadanos que acudimos a las urnas lo elegimos a él como presidente de la República, es decir, poco más de 30 millones de mexicanos votamos por él. Y fuimos muchos los que votamos por él con la esperanza de que encabezara un gobierno que tiene como uno de sus propósitos centrales recuperar para todo ese cúmulo de instituciones que los gobiernos anteriores hicieron suyas, para privilegiar los intereses de unos cuantos, sobre todo a través de la corrupción.

Hoy, ya en el ejercicio del mandato presidencial, López Obrador ha venido desvelando la corrupción con la que los anteriores presidentes operaban sus instituciones. Miles y miles de millones de pesos que se gastaban en fondos de ahorro para los funcionarios públicos, otros tantos en el pago de seguros de gastos médicos mayores; centenares de vehículos de lujo y decenas de aeronaves. También se puso al descubierto la magnitud del huachicoleo, en el cual la actividad de los ordeñadores de ductos era pecata minuta respecto a la que realizaban desde el interior de Pemex, incluso vendiendo huachicol en las estaciones de gasolina y robando, cual piratas, barcos cargados de crudo. Y la lista sigue, aunque se conocía desde antes a través del asunto denominado Estafa Maestra, ocho universidades públicas dedicadas a triangular dinero con la finalidad de limpiarlo y llevarlo a cuentas privadas en empresas fantasma. Igual, está el caso de compras por más 241 mil millones de pesos a sólo 10 empresas distribuidoras de medicamentos, en la mayoría de los casos por adjudicación directa. En el sector energético sobresale el pago que debe hacer CFE por decenas de miles de millones de pesos a empresas por concepto del pago de gas que no se puede transportar porque los gasoductos no están terminados, como consecuencia de contratos leoninos firmados por la Comisión Reguladora de Energía. Y, para terminar este repaso, está el asunto del gasto en publicidad para tener contentos a los medios escritos, de la radio y la televisión: casi 52 mil millones de pesos dedicados a ese rubro en el sexenio anterior.

Y sucede que no sólo ahora Andrés Manuel es el presidente de la República. También los partidos que lo postularon tienen la mayoría en ambas cámaras del Congreso de la Unión.  Y, por si fuera poco, han manifestado una capacidad de diálogo y negociación que les ha permitido aprobar tanto leyes como reformas constitucionales, resaltando la reforma que permitirá en unos cuantos meses dar vida a la Guardia Nacional, una nueva institución que seguramente contribuirá significativamente a disminuir los altos índices delictivos que ahora se observan. Es de recordar que esta reforma fue aprobada por unanimidad en ambas cámaras y por la totalidad de los congresos locales.

Bueno, y a todo esto, ¿qué pasa con las instituciones de Guanajuato y, en particular, la de nuestro municipio, Celaya? Mucho ha dado de que hablar Celaya a nivel nacional y no es por algo positivo, todo lo contrario. El huachicol, los robos y asaltos a comercios y en vía pública, los asesinatos que dan tanta tela que cortar a los periódicos de nota roja, el arrebato de vehículos de lujo a sus propietarios en todo lugar y a cualquier hora del día, el creciente déficit de policías de modo que en lo que va de la actual administración se contabilizan 51 bajas y sólo 15 altas.

Hoy en Celaya es una pena caminar por el Boulevard Adolfo López Mateos, la principal arteria de la ciudad, que, dada la supuesta pujanza económica de la región, debiera tener una actividad mercantil y bancaria sumamente dinámica. Pero no, son muchos los locales comerciales o de servicios que están abandonados y propiamente en ruinas por el tiempo tan prolongado que han estado cerrados. Caminando unas cuantas cuadras lo constatamos crudamente. En la esquina de Boulevard y  Plan de Iguala, en contraesquina con el CMQ, encontramos en situación de desastre a un edificio en el que reiteradamente han intentado con diferentes denominaciones revivir el que fue hace décadas un afamado negocio de comida; en la misma acera, una cuadra adelante, en la esquina con Ocio y Ocampo, el local que ocupó por mucho tiempo un negocio de muebles finos, hoy identificado por los grafitis con los que está tapizado tanto en su planta baja como en la alta; ya para llegar a la calle Revolución otro par de edificios abandonados y grafiteados, siendo el de la esquina aquella que fue ocupada durante largo tiempo por una sucursal de Donosti; justo cruzando esa calle, otro en el que estaba ubicada hasta hace unos años una sucursal de la Farmacia San Francisco y anteriormente la Refaccionaria Gómez; apenas media cuadra adelante, otro local con sus persianas grafiteadas, anteriormente ocupado por otra refaccionaria; después de cruzar la calle de Antonio Plaza, toda la pequeña cuadra entre aquélla y Belisario Domínguez también en el abandono, viene a la memoria que allí estaba una tienda de equipos para gas (Distribución Ingusa) y la Ferretera Plaza, ésta que tenía acceso por ambas calles. Las que han proliferado por buena parte de la ciudad son las casas de cambio, los establecimientos de crédito personal y los negocios de empeño. ¿Cómo explicar esta situación tan paradójica, supuesto crecimiento industrial y negocios comerciales y de servicios en bancarrota?

Se habla mucho de la expansión industrial de Celaya a partir del arribo de las empresas ensambladoras de autos. La verdad es que la mayoría de las plantas de insumos automotrices no están instaladas en el municipio, sino en los aledaños, sobre todo Villagrán y Apaseo el Grande, igual la planta de Toyota, de modo que habría que revisar cómo está la distribución de los impuestos que generan esas empresas y cuánto de ese dinero le llega al municipio de Celaya. También habría que preguntarse si esas empresas han incidido para bien o para mal en la situación salarial y laboral de los obreros. De la situación del campo hay también mucho de que hablar. El principal problema es la expulsión de los campesinos a la ciudad ante la pérdida de la vocación agrícola del campo celayense, otrora Puerta de Oro del Bajío y Granero de México, con todas las consecuencias que ello implica.

Considero que es el momento de reflexionar acerca de las instituciones de Guanajuato y de Celaya. ¿Seguirán siendo nuestras, es decir de todos los guanajuatenses y los celayenses? ¿Será, acaso, que unos cuantos se han apropiado de ellas? Y, si es el caso, ¿Quiénes son ellos? Y ¿Seremos capaces de recuperarlas en el 2021 que ya casi está aquí?


* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.

Foto de portada: Poder Legislativo de Guanajuato.






Luis López




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1 Comentario

el 19/04/2020

Eres el»TILIN»? Soy Enrique Moreno Centeno. [email protected], una disculpa si no eres el TILIN.



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