SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 2 de julio de 2021
Una de las armas preferidas y más utilizadas por la derecha es la mentira. La emplean con tal desparpajo y desfachatez que pueden engañar a quien no los conozca. Sus voceros las lanzan con aire doctoral y lo hacen casi siempre en defensa de la libertad, la democracia y los derechos humanos.
De entrada, la derecha descalifica a quienes difieren de sus posiciones y los llena de calificativos a los que previamente, también con base en mentiras, ha cambiado su significado o sentido.
Sus baterías están enfocadas, fundamentalmente, hacia ese sector de la sociedad que han dado en llamar clase media, que no es clase, ni es media, sino una amplia gama de estratos socioeconómicos en los que la inmensa mayoría de sus integrantes dependen de la venta de su fuerza de trabajo para subsistir, y que su mayor preocupación y ocupación están en la búsqueda constante de la oportunidad para ascender a una situación económica en condiciones mejores que la previa. No obstante ser una aspiración legítima, el hecho de desconocer y no interesarse por las causas de su situación, los convierte en fácil presa de quienes siempre los han utilizado para lograr sus fines: la burguesía y la oligarquía.
La derecha siempre ha defendido el orden establecido por la burguesía, y cuando se ha dado el caso de algún cambio favorable al pueblo, ha recurrido a todo tipo de acciones para restablecer el anterior orden. Ejemplos hay muchos en Nuestra América.
Nuestro país no es la excepción. En los últimos tiempos, la derecha ha recurrido a campañas difamatorias y a tres fraudes electorales (1988, 2006 y 2012), para impedir el ascenso de gobiernos con intenciones progresistas y nacionalistas.
Durante mucho tiempo, los gobiernos «democráticos» inundaron el país de corrupción y propiciaron y colaboraron, 1982 a 2018, en el mayor despojo al país y al pueblo mexicano (desde que los yanquis robaran más de la mitad de lo que era el territorio de nuestro país). A raíz de que la oligarquía perdió el control del gobierno, en julio de 2018, sus voceros despliegan campañas de difamación y odio contra los partidarios de cambios en nuestro país y contra el presidente de la república, y se dedican a obstruir las acciones del gobierno en favor de la nación.
Prueba de ello ha sido la oposición a las reformas constitucionales que intentan recuperar algo del despojo neoliberal y, lo más reciente, esas fuerzas de la reacción se oponen a una reforma del Instituto Nacional Electoral, y han salido en defensa de quienes desde el más alto cargo del gobierno, la presidencia de la república, promovieron el atraco a la nación, el robo de sus bienes y riquezas y la precarización de las condiciones de vida y trabajo de millones de compatriotas; ellos fueron los expresidentes neoliberales.
Un claro ejemplo de cómo la derecha utiliza la mentira, es un artículo de Rolando Cordera Campos (La Jornada, 27-06-2021), en el que dice:
«[…] empezamos a tener elecciones ordenadas y con resultados aceptados por los contendientes y por buena parte de la ciudadanía. Lo que nunca imaginamos es que, echado a andar un régimen político pluralista e implantada la diversidad, de cierta manera regresáramos al principio, aunque, ahora, la desconfianza se dirija a desconfiar de los órganos que hemos estado construyendo para ir sembrando los cimientos de una confianza política entre todos nosotros: políticos, trabajadores, comerciantes, académicos…»
Parece que a propósito ignora que esos «órganos» que construyeron fueron partícipes de los últimos grandes fraudes electorales y están cooptados o infiltrados por personajes comprometidos con el anterior orden de cosas.
En otro pasaje de su artículo, escribió:
«Por canales inesperados parece querer implantarse una contrautopía; en lugar de fortalecer y mejorar nuestro orden democrático, ahora se ofrece un sistema de consultas que se presenta como lo avanzado de la democracia directa, cuyos resultados pretenden avalar decisiones de lo más variado: desde la cancelación de un aeropuerto hasta un juicio a los actores políticos por acciones en un pasado indefinido y vagamente definido.»
En esta parte de su artículo presenta al estado anterior de cosas, el neoliberalismo, como el sueño democrático de nuestro pueblo; además, muestra el desprecio de la derecha por la opinión del pueblo expresada en una consulta, lo que significa desprecio a la soberanía popular, característica de las sociedades burguesas; y hace una burda defensa de los expresidentes manifestando que el juicio es «…por acciones en un pasado indefinido y vagamente definido.» Como si no estuviera clara su participación y responsabilidad en las acciones para llevar a cabo el despojo al país y al pueblo, durante los nefastos gobiernos neoliberales.
Sin embargo, en defensa de su orden y su «democracia» mienten y difaman con la mayor desvergüenza. Tienen a su disposición a una parte significativa de los medios de difusión y comunicación, propiedad de sus amos, y ejercen su libertad de expresión en un régimen que califican de autoritario y dictatorial.
La derecha no cambiará. Por ello es necesario encontrar o crear formas de difusión para desplegar la lucha en el terreno ideológico, esfuerzo al que, debido a desviaciones en las corrientes progresistas y de izquierda, no se ha dado la importancia que debiera tener; que, por otro lado, para la derecha es una actividad prioritaria y la desarrollan constantemente.
Si realmente deseamos un cambio trascendente en nuestro país, tendremos que ser capaces de enfrentar, y vencer, a la derecha en el terreno de las ideas, para que la inmensa mayoría de nuestro pueblo contribuya a promover, realizar, apoyar y llevar a sus últimas consecuencias las transformaciones que lo conduzcan a una vida digna.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Thomas Wolter / Pixabay.
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