SOMOSMASS99
©Gaudencio Rodríguez Juárez*
Jueves 5 de octubre de 2017
Miles de jóvenes y adultos jóvenes apoyando en labores de rescate. Las escenas ante los recientes terremotos en la Ciudad de México, Morelos, Puebla, etcétera, echaron abajo el estigma creado sobre un sector de la población a través de eso que se ha vuelto una práctica de los últimos tiempos: etiquetar, clasificar las generaciones.
Los millennials suelen definirse como una generación nacida entre los años 1986 y 2005; se trata de personas que nacieron con la Internet y hoy se relacionan a través de ella, una generación que procesa en forma paralela multitareas como una forma de vida, que prefiere adquirir el conocimiento a través de íconos (imágenes) que leer un texto (Amaya & Prado).
La tendencia a clasificar a las cosas, los fenómenos y los sucesos se ha desplazado a lo humano, trayendo como consecuencia la homogenización de los de las personas.
De tal manera que al irlas agrupando por generaciones se les ha ido atribuyendo características generales y poco a poco se va creando un estigma, una marca que los define a fuerza de nombrarlos así.
A la llamada generación Milenio se le ha atribuido una serie de características de personalidad nada positivas: líderes que no saben obedecer, con déficit de atención y concentración, narcisistas, inflados, impacientes, inseguros, sin ideología, individualistas, vulgares, poco comprometidos… la lista de adjetivos es larga.
Amaya y Prado, autores del libro “Los hijos tiranos llegan a las empresas”, sugieren no esperar de los de la generación Milenio alguna iniciativa de colaboración o de servicio, a no ser que ésta les reporte un beneficio significativo, pues tienen poco sentido de lo que es dar, debido a que han estado recibiendo privilegios y beneficios de su familia y han aprendido a exigir.
Sin lugar a dudas, existen miembros de esa generación con poca actitud de servicio, pero no son la mayoría.
En estos días la reacción ante los desastres naturales está dejando ver las otras muchas caras de este sector de la población: servicio, empatía, solidaridad, organización, creatividad, entrega, valentía, aguante, tolerancia al dolor, esperanza, unión, colaboración, respeto por la vida, fuerza, mucha fuerza…
Recordemos que los jóvenes existen y conforman personalidades en función de sí y sus circunstancias. Los jóvenes de hoy tienen el potencial para grandes cosas. Las características negativas que algunos de ellos poseen no siempre son el resultado de una elección personal clara y consciente, pues muchos de ellos no están pudiendo optar en una sociedad con dinámicas donde es justo el sector joven el menos atendido.
En realidad se trata de una generación con falta de oportunidades, oportunidades para conectar sus motivaciones, intereses, energías y dotes a proyectos constructivos y trascendentes, oportunidades para poner en acción sus talentos, oportunidades para poner a prueba sus recursos y vanagloriarse del éxito obtenido, oportunidades para encontrarse con otros pares alrededor de una causa que los haga vibrar, oportunidades para ensayar sus ideas y aprender de sus errores.
Debemos ir más allá de sólo otorgarles una etiqueta. No se trata de categorizarlos sino de describirlos, entenderlos e integrarlos. “Millennials” y todos los demás adjetivos que los categorizan sólo son formas de reducir su identidad a una palabra, un intento de simplificar lo complejo, de homogeneizar lo heterogéneo.
Sí, algunos jóvenes actúan de manera inadecuada. Pero no olvidemos que los llamados “jóvenes problemáticos” no son el problema, sino personas con problemas, efectores de una situación previa donde el Estado, las organizaciones familiares y demás instituciones no hacen lo suficiente para que puedan prosperar.
Los sucesos de los últimos días dejan ver de cuánto son capaces. Creamos en ellos y creemos condiciones y circunstancias para que su potencial emerja en beneficio propio y de los demás.
* Psicólogo / [email protected]
Foto de portada: Diego Simón Sánchez / Cuartoscuro.
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