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El feminicidio infantil en México: Vergüenza social e institucional

Diálogo País / Top News / 13/07/2018

SOMOSMASS99

 

LA COLUMNA ROTA

Frida Guerrera*

Jueves 12 de julio de 2018

 

Feminicidio Infantil. Carcome la conciencia. Se clava en el corazón como decenas de agujas milimétricas . Deberíamos sentirnos avergonzados todos: ¿dónde están los gritos de justicia por nuestras niñas en éste país?

 

18 de marzo de 2017. Una pequeña de entre tres y cinco años fue encontrada asesinada en la avenida Bordo de Xochiaca y Virgen del Camino, en Nezahualcóyotl. Estado de México. Desde que me dedicó a documentar y contar historias de mujeres y niñas víctimas de violencia, el feminicidio infantil me rompe el alma. Me aterra pensar en lo que esas pequeñas vivieron. Las miles de preguntas que se hicieron. Percibir el terror, en sus ojitos. No entender el incomprensible padecimiento al ver que quienes debían protegerlas las estaban lastimando. Eso me carcome. Deteriora mi percepción de la sociedad en la que nos hemos convertido.

El caso de #CalcetitasRojas, porque era lo que resaltaba en ese pequeño y violado cuerpecito, lo hice personal al ver que la pequeña no era reclamada por nadie. Durante nueve meses dediqué gran parte de mi tiempo a dar con la identidad de “Mi niña”. Luego de esos meses logré con ayuda de la sociedad civil, por redes sociales y medios de comunicación, que #CalcetitasRojas tuviera rostro, nombre y que se detuviera a quien presuntamente la asesinó. Cuando dimos a conocer el rostro de #Lupita medios internacionales la llamaron La fillette aux chaussettes rouges, symbole des féminicides au Mexique (La niña con calcetines rojos, símbolo del feminicidio en México) [1].

Yo la llameé el rostro de la vergüenza social e institucional. Lamentablemente a más de un año de ese terrible crimen entendí que no aprendimos la lección: las niñas siguen siendo asesinadas bajo cualquier situación porque nacen, porque lloran, porque no querían comer, porque se hicieron pipí, porque se les puede asesinar y nada sucede.

El 8 de marzo de 2018, diez días antes de que cumpliera un año el feminicidio de #CalcetitasRojas, Dulce Cecilia García León, de 6 años de edad, desapareció en Querétaro. Durante días su familia intento localizarla. El 15 de marzo de 2018 el cuerpo de la niña fue localizado en bolsas negras. El primo de Dulce es el presunto asesino, sólo tiene 14 años y al ser detenido relató que el día de los hechos vio a Dulce pasar afuera de su domicilio y la hizo ingresar al inmueble. Después de jugar un rato con ella la llevó hacia un vehículo que se encontraba dentro de su casa y ahí abusó sexualmente de ella.

Para evitar que la niña lo delatara, detalló que la apretó del cuello hasta que perdió el conocimiento y le colocó un alambre en el cuello el cual apretó hasta asegurarse de que no presentara signos vitales. Posteriormente la enterró en el patio de su casa para ocultarlo. Sin embargo, los padres del ahora imputado encontraron el cuerpo de la pequeña Dulce enterrado y en lugar de denunciar los hechos, la exhumaron para dejarla en bolsas negras, en un terreno despoblado donde fue localizada por las autoridades. Los padres del menor fueron liberados, él sigue en proceso donde la sentencia podrá alcanzar una pena máxima de 3 años en el Consejo de Tutela de Guanajuato.

Erika Berenice N, madre de Hanna, fue vinculada a proceso por presuntamente asesinar a su hija de cuatro años de edad. Las investigaciones arrojaron que la madre lanzó a la pequeña a un barranco, en el Estado de México, porque la niña no quería comer huevo con frijoles. El 1 de junio de 2018, la niña fue trasladada por la misma madre al Hospital Vicente Villada, en el Municipio de Cuatitlán. Al no estar registrada, la madre la ingresó con documentos y el nombre de la hermanita de Hanna.

Erika argumentó que se le había caído una maceta encima a la menor. Al ser revisada por los médicos y tras la investigación de las autoridades descubrieron que además de sufrir síndrome de la niñez maltratada, las lesiones le fueron provocadas por la cruel madre.

El 7 de junio Hanna fue declarada con muerte cerebral. El pequeño cuerpecito de la pequeña no soporto tan deleznable trato por lo que el 12 de junio de 2018 falleció en el Hospital.

El pasado 28 de junio de 2018, Valentina de cuatro años, luego de ser ingresada a una clínica privada en Uruapán, Michoacán, perdió la vida después de ser atacada y violada presuntamente por su padrastro, Diego A., quién luego de acompañar a la madre de la pequeña al hospital y ser interrogado por la familia de la niña, escapó del lugar. A la fecha se mantiene prófugo de la justicia.

A punto de enviar esta nueva recopilación del terror contra nuestras niñas, una pequeña de nueve años de edad fue encontrada asesinada entre ramales, en el poblado El centenario, en Durango. La investigación está en proceso.

¿Realmente estamos haciendo algo por evitar que esté tipo de feminicidios se eviten? ¿Cuántas niñas conocemos que podrían ser la próxima #CalcetitasRojas #DulceMaría o #HannaHaromi?

Las cosas deben ser nombradas como son. Si no, no existen

El concepto de infanticidio que proporciona el Diccionario Jurídico Mexicano (1994), de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (escrito por Luis de la Barreda Solórzano), dice: Del latín infanticidium, muerte dada violentamente a un niño, sobre todo si es recién nacido o está próximo a nacer; muerte dada al recién nacido por la madre o ascendientes maternos para ocultar la deshonra de aquélla.

El asesinato de una niña hasta los 14 años de edad cometido por un hombre en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder que le otorga su situación adulta sobre la minoría de edad de la niña, en esta violencia sistémica, se produce y se reproduce en relaciones diferenciadas de poder entre hombres y mujeres, entre adultos y menores. Sin embargo, es el hombre quien la ejerce mayoritariamente con consecuencias fatales.

El origen es totalmente diferente. Es por ello que debemos empezar a nombrar a las cosas por su nombre. Para que existan, se entiendan y sobretodo se eviten. Es feminicidio infantil lo que han estado padeciendo nuestras pequeñas en este país y en todo el mundo.

Debemos tomar conciencia de que las formas con que están asesinando a nuestras niñas son cada vez con más saña. Pequeñas que se convierten en objetivos de predadores que sólo las ven como si fueran dulces, que sacian sus instintos. Familiares que por el círculo de confianza que existe desde el momento en que se introducen en sus vidas, se les facilitan las violaciones y asesinatos contra las criaturas. Muchas veces, lamentablemente, en contubernio con las madres, esas mujeres que deberían dar la vida por sus pequeñas. Padres biológicos que las ven como propiedad y que las toman, tal cual como suyas. Y madres que sólo por el hecho de llorar las asesinan sin miramientos. Desgraciadamente, como en el feminicidio en general, la falta de investigación, la insensibilidad de las autoridades ante estos terribles feminicidios infantiles sigue generando que aumente el número de pequeñas con vidas arrancadas y que sigan engrosando la lista de la “indignación”.

Desde 2016 que inicié la documentación diaria del feminicidio en México. Hasta el 11 de julio de 2018 son ya 210 niñas de 0 a 14 años que han sido violadas, asesinadas a golpes porque no dejaban de llorar. Asesinadas junto a sus madres. Asfixiadas. Estranguladas. O abandonadas recién nacidas en terrenos, donde en algunas ocasiones son semidevoradas por la fauna del lugar.

La lista rampante debería de habernos ya puesto a trabajar como sociedad para evitar estos hechos. Sesenta y siete niñas en 2016. En 2017, ciento catorce. Y en lo que llevamos de 2018 cuarenta y dos pequeñas. Considerando que sólo son las que puedo argumentar con notas periodísticas en todo el país, la cifra seguramente es mayor. Las cifras van en aumento, mientras la falta de respuestas y prevención genera que sean invisibles.

En 2010, cuando documentaba el desplazamiento por grupos paramilitares de una comunidad triqui en Oaxaca, una mujer embarazada perdió a su bebita al nacer. Tramité lo necesario para que la pequeñita fuera sepultada en su natal San Juan Copala. Las palabras del padre de la niña, escondido en alguna parte de la región, me encabronaron: “Para qué hizo todo eso, si eso (refiriéndose a la bebé) es para echárselo a los perros”.

En ese momento pensé, absurdamente, que era por los usos y costumbres. Sin embargo, conforme pasan los años y días, ratifico que dicho de otra manera, en otros contextos, eso es lo que piensan quienes asesinan a nuestras niñas. “Son desechables. Inservibles. Son para los perros”.

La mayoría de padrastros y madres que asesinan a las pequeñas son jóvenes de entre 17 a 29 años, lo que confirma que las generaciones actuales han crecido bajo el manto de la impunidad al no haber consecuencias para un acto tan inhumano. Muchas de estas menores ni siquiera fueron registradas como era su derecho.

Las instituciones deberían realizar censos poblacionales por lo menos cada año para detectar a esa población vulnerable, cerciorarse del estado integral de nuestras niñas, evaluar periódicamente a sus padres, para que los derechos de los niños tan cacareados sean llevados al pie de la letra como lo dictan la Constitución y la Declaración Universal de los Derechos de la Infancia.

Los casos de #CalcetitasRojas #Lupita #Yolloxocitzin debieron ser parteaguas en la sociedad mexicana. No lo fueron. El llamado de atención a las instituciones que debieron de haberles otorgado toda la seguridad necesaria para crecer sin violencia, no fue recibido. Y aquí sigo contando historias que carcomen, que merman el corazón porque me doy cuenta que es más fácil esperar a que las autoridades “actúen” cuando sabemos que no lo harán. Esperar a que venga una “activista” a detener el dolor y así tratar de evitar el sufrimiento y terror de estas pequeñas.

Tenemos que dar la pauta para revisar. ¿Qué pasa en estos círculos de marginación, de pobreza humana? Y como sociedad, deberemos iniciar un cambió para voltear a ver más a las pequeñas que a diario conocemos y sabemos de la violencia que padecen.

Perdón Lupita, Dulce, Alessandra, Loreto, Ángeles, Natalie, Amely, María Elena Saavedra Barrera, Jennifer Sánchez Luján, Grecia Camacho Martínez, María del Carmen, Johana Elizabeth Rizo, Memffis, Valentina, Valeria, Kenia, Rubí, porque no hicimos nada por evitar que engrosaran la lista de la cobardía, por sus feminicidios y por sólo documentar su dolor.


[1] https://www.rtl.be/info/monde/international/la-fillette-aux-chaussettes-rouges-symbole-des-feminicides-au-mexique-986086.aspx

* Comunicadora libre, bloguera mexicana.

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@FridaGuerrera

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Imagen de portada: Pixabay.






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