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NO TODO ESTÁ PERDIDO
Agustín Galo Samario
Para demostrar que no se puede confiar en los políticos, hace tiempo se preguntaba, poniéndole un nombre, si alguien era capaz de entregarle las llaves de su casa para irse de vacaciones. La respuesta general era un no.
Hace poco más de tres años, en plena campaña y aún después, Miguel Márquez decía con toda seguridad que iba a ganar la gubernatura y que al terminar su mandato en el 2018 no buscaría ningún otro cargo de elección popular. ¿Debemos confiar que así será?
En 2012 el PAN tuvo unas elecciones presidenciales y al Congreso de la Unión de catástrofe. Se fue al tercer lugar de las preferencias ciudadanas, desplazado por los partidos que se dicen de izquierda. Las dificultades que no pudo sortear el blanquiazul a nivel nacional no fueron óbice para que Miguel Márquez se convirtiera en el único de los siete de candidatos de su partido que ganó una gubernatura. Pese a obtener una votación disminuida y aun contra el fenómeno Peña Nieto que catapultó al PRI.
Si bien desde hace años Guanajuato es considerado bastión del panismo nacional, semejante triunfo colocó a Márquez como todo un referente nacional. Sin embargo, con el paso de los meses y los años la estrella victoriosa que portaba ha ido apagándose poco a poco hasta hacerlo parecer un panista más. Su gestión al frente del gobierno de Guanajuato no ha sido la más brillante: su promesa de hacer un gobierno transparente se opacó; su proyecto Escudo, con el que aseguraba que daría seguridad a los guanajuatenses, no ha dado resultados; y la a tracción de grandes inversiones son un éxito a medias, pues en parte son resultado del trabajo realizado por sus antecesores y de las políticas nacionales en materia económica que han convertido al país en un atractivo para las empresas mundiales.
Sin ser indiferente a la suerte que corrían sus correligionarios, ahora vio a su partido recuperar los municipios perdidos y ubicarse como la principal fuerza política en el Congreso del Estado. De hecho, otra vez puede presumir los resultados obtenidos en Guanajuato en contraste con la magra votación que obtuvo el PAN en el resto del país. De modo que estamos en posición de ver qué le deparan los siguientes tres años, en particular desde este momento en que ya se empieza a hablar del 2018.
La primera oportunidad para demostrar nuevamente qué clase de político es y qué decisiones tomará para su futuro cercano se le presentará en agosto, cuando se renueve la dirigencia nacional del PAN. Será la ocasión para que Miguel Márquez empiece a dar muestras de que cumplirá su palabra o que, como tantos otros, buscará el protagonismo que le permita prolongar su carrera política en el tiempo.
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