SOMOSMASS99
Lucía Ixchíu* / Nómada
Guatemala / Lunes 14 de enero de 2019
El futuro es abrumador e indignante, pero me niego a dejar que suceda. Me niego a resignarme a lo que otros han planeado para nosotros. Me resisto a permitir que este pacto de impunidad avance.
Siempre he admirado la capacidad que tiene este país, si es que se le puede llamar de esta manera, para sobrevivir y reírse de sus desgracias. A pesar del genocidio, la guerra, los despojos de todo tipo y al final, reír como un mecanismo de defensa. O con resignación absoluta. Si pensábamos que el peor presidente de la historia era Otto Pérez Molina, estábamos equivocados y tampoco es este. El peor es siempre el que viene.
Mientras escuchaba la conferencia de prensa realizada en la ONU, en donde la ministra de Relaciones Exteriores daba por finalizado de manera unilateral, arbitraria e ilegal el acuerdo de la CICIG; pensaba en toda la niñez hambrienta, migrante, trabajadora y analfabeta en Guatemala. En todas esas niñas y niños migrantes que han muerto a manos de la patrulla fronteriza. Pensaba en todas esas personas que son expulsadas y desplazadas forzadamente de Guatemala, a raíz de la corrupción e impunidad. Admiraba la seriedad con que la funcionaria defendía, mostrando pocos dedos de frente, a uno de los peores presidentes de esta tragicomedia llamada Guatemala.
Me deja helada el nivel de descaro e indolencia por parte del presidente y su secta de seguidores, sobre la realidad de pobreza extrema, desalojos y desplazamiento forzado, asesinatos, crimen organizado etc., que se vive en esta finca disfrazada de país. La educación, salud y trabajo no son la prioridad de este gobierno, ni para ninguno de los anteriores. Los funcionarios corruptos de esta cleptocracia, sólo están pensando con cómo se cubren las espaldas.
Este año es un año electoral y está en juego un reacomodo de las fuerzas oscuras de siempre. Las que han tenido sometido a este pueblo desde hace 500 años. Los empresarios y sus cámaras defienden la ilegalidad y esto no debe sorprendernos, pues han vivido y garantizado su privilegios por medio de esta.
No tenemos organización. No estamos articulados como pueblos, sociedad civil o como quiera que nos llamemos. Estamos compitiendo por ver quién tiene el argumento más elevado, que sólo entiende un grupo o a veces ni ese grupo. Estamos compitiendo por ver quien mueve a más gente, o quien tiene el discurso más largo y aburrido. Quien es más inteligente y sobre todo, quién tiene la verdad absoluta. Esto último es sin duda, lo que más me preocupa. La guerra hizo muy bien su trabajo en no dejar que confiemos entre nosotros, pues todos son orejas, menos nosotros.
Sin duda que el futuro es doloroso. Es abrumador e indignante, pero me niego a dejar que suceda. Me niego a resignarme a lo que estos han planeado para nosotros. Vengo de un pueblo indígena rebelde. Soy una K´iche rebelde y me levanto de mi silla para salir a las calles a buscar organización, cuantas veces sea necesario. A no ceder ni un sólo segundo a este pacto de impunidad.
Ojalá que estas jornadas nos permitan despojarnos del ego y nos dejen articular y construir organización diversa. Que nos permitan accionar fuertes, contundentes y organizados. Ojalá que en lugar de competir entre nosotras y nosotros, podamos ver al enemigo común. Aún y a pesar del disentimiento y las diferencias, pues de eso precisamente se trata, que no pensemos igual.
Me costó mucho poder escribir algo coherente después de tan burdo circo, pero callar y guardar silencio no es una opción para estos tiempos que estamos viviendo.
* Lucía Ixchíu: «Soy una mujer indígena urbana, nacida en Totonicapán; me identifico como una mujer postguerra. Creo en el arte como una forma de transformar la historia y el mundo, soy gestora cultural desde los 13 años, he trabajado por buscar la democratización de espacios estudiantiles. Parte de la agrupación Usac Es Pueblo. Fundadora del espacio Festivales Solidarios donde trabajo desde la investigación y acompañamiento a la prisión política».
Foto de portada: Carlos Sebastián / Nómada.
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