SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 25 de mayo de 2018
Cuando se analizan estadísticas o simplemente las noticias que refieren a la pobreza, el empleo, los salarios, la economía, la violencia, la educación, por citar algunas, notamos inmediatamente que nuestro país pareciera, conforme avanza el tiempo, caminar hacia atrás; impresión que nos queda no obstante los avances tecnológicos que irrumpen cada vez con mayor frecuencia en nuestra vida.
Esa percepción no obedece a factores subjetivos, es producto de una realidad que estamos viviendo, la que día con día se torna más adversa para la mayoría de l@s mexican@s.
Tal realidad es producto de las condiciones impuestas por las relaciones sociales prevalecientes en una sociedad que es movida por la obtención de ganancias a cualquier costo.
Ahora, en la coyuntura de fin de sexenio y en plenitud de campañas políticas previas a la elección del nuevo gobierno, los aspirantes a ocupar la residencia oficial reservada a quien asuma la presidencia de la república no se miden en las ofertas de un mejor futuro.
Todos ellos prometen cambios que se ofrecen fundamentalmente desde dos posiciones: una, en el mismo contexto que nos tiene caminando en reversa desde hace más de tres décadas; y la otra, con la aplicación de medidas que en cierto modo afectarían a quienes detentan el poder económico (y político), que son quienes hacen las «reglas del juego».
Por un lado nos ofrecen las perlas de la virgen, no mediante programas que muestren su conocimiento de los problemas del país y del pueblo, sino con viejas promesas tan maquilladas como incumplidas. Promesas anteriormente hechas en medio de condiciones políticas, sociales y económicas que imposibilitaron su cumplimiento, condiciones que prevalecen y, más aún, se han agudizado, por lo que quedarán en el inventario como reserva de la oferta para la siguiente campaña electoral.
Por otro lado, se ofrecen una serie de medidas y cambios que de llevarse a cabo modificarían parcialmente, en sentido positivo, las actuales condiciones de vida y trabajo en el país. En este caso es necesario recordar que si esos cambios tocan intereses del grupo dominante, éste hará y echará mano de todo lo que esté a su alcance para evitarlos o revertirlos. Si esos intereses permanecieren intocables, entonces habrá solamente cambios de forma.
No obstante lo anterior, desdeñar la lucha electoral significaría la pérdida de una oportunidad para conocer a compañer@s que luchan por las mismas o por otras causas, de maneras diferentes, que lo común con nuestras luchas es que enfrentamos al mismo enemigo; de la vinculación con ell@s podrían surgir enseñanzas que nos lleven a explorar nuevas formas de articulación y organización, acordes a tiempos nuevos, para hacer más eficientes nuestros esfuerzos y más eficaz la lucha.
En este contexto sería pertinente analizar las diferentes propuestas e impulsar aquellas que de alguna manera consideren las mejores causas por las que nuestro pueblo se esfuerza en alcanzar, con el fin de obtener ciertos avances y emplearlos como punto de partida para ampliar sus alcances y de un proceso de profundos cambios en beneficio de las mayorías.
Hasta ahora, quienes gobiernan deciden todo y por todos, sin consultas ni participación de los gobernados. Por ello, lograr los cambios que exige la mayoría de l@s mexican@s implicaría impulsarlos con otro tipo de democracia, la participativa.
Será necesaria y definitiva la participación de la juventud. No porque el futuro será de ellos, ya que si nos atenemos a esa creencia, para entonces serán adultos y tendrán a una juventud con problemas quizá mayores que los de ahora.
Y aunque el futuro no lo podemos cambiar, porque es algo inexistente, si podemos pronosticarlo con base en las experiencias adquiridas del pasado y del presente.
Si vivimos en un contexto de relaciones sociales que crearon una serie de condiciones que obstaculizan nuestro desarrollo y deseamos un futuro diferente al presente en que estamos, deberemos ser capaces de construir una sociedad con otro tipo de relaciones que den como resultado un cambio hacia condiciones favorables al desarrollo de nuestro pueblo; de esa manera podremos pronosticar un futuro diferente al que alguna vez nos ofrecieron y que estamos padeciendo en un presente que nos impide vivir dignamente.
Por todo ello, la juventud debe pensar en ser la dueña del presente, porque el futuro pertenecerá a los jóvenes del mañana.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente Regional en Defensa de la Soberanía en Salamanca, Guanajuato.
Foto: Pixabay.
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