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Alfonso Díaz Rey*
Viernes 15 de noviembre de 2019
La mentira, expresada de la manera más desvergonzada y cínica, es uno de los recursos más utilizados por el imperio para crear situaciones que le permitan intervenir en países que no se pliegan a sus dictados o que poseen recursos por los que manifiesta avidez.
La intervención de la representante de Estados Unidos ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Kelly Craft, en la sesión de la Asamblea General del pasado jueves 7 de noviembre, fue una muestra fehaciente del comportamiento imperial.
En dicha sesión, que votaría el proyecto de resolución: «Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba», la representante de Estados Unidos centró su intervención en el rechazo a la responsabilidad del gobierno de su país por los efectos, daños y privaciones provocados por el bloqueo al pueblo cubano, y en la defensa de los derechos humanos que, según el gobierno norteamericano, son violados en la isla.
Si eso fuera cierto, ¿por qué 187 países, de los que en la inmensa mayoría el sistema económico, político y social guarda mucha más similitud con el de Estados Unidos que con el de Cuba, votaron a favor de la resolución? ¿No será porque, en su arrogancia, el imperio intenta imponer y hacer valer sus leyes fuera de sus fronteras y con ello afecta la soberanía e intereses de otros?
La representante de Estados Unidos oculta, porque no lo ignora, que el objetivo del bloqueo fue definido desde el 6 de abril de 1960, en un documento de Lester D. Mallory, Asistente Adjunto del Secretario de Estado, en el que se establecía la política para derrotar a la Revolución. En ese documento se planteaba:
«La mayoría de los cubanos apoyan a Castro […] No existe una oposición política efectiva […] El único modo efectivo para hacerle perder el apoyo interno [al gobierno] es provocar el desengaño y el desaliento mediante la insatisfacción económica y la penuria […] Hay que poner en práctica rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica […] negándole a Cuba dinero y suministros con el fin de reducir los salarios nominales y reales, con el objetivo de provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno».
El 19 de octubre de 1960, el presidente de Estados Unidos, Dwight D. Einsenhower, decretó el «embargo» a Cuba, medida con la que inició una criminal y genocida política, la que se agudizó a raíz del derrumbe de la antigua Unión Soviética y el campo socialista de Europa oriental; ahora, no obstante la existencia de relaciones diplomáticas entre los dos países, el actual ocupante de la Casa Blanca está obsesionado con alcanzar lo que sus predecesores no lograron: la derrota del pueblo cubano y su Revolución.
Esa política ha ocasionado a Cuba, tomando en consideración la depreciación del dólar frente al oro, daños cuantificables por más de 922 mil millones de dólares; los otros daños, los humanos, no tienen equivalencia en términos monetarios.
En cuanto a derechos humanos, Estados Unidos no tiene ni pizca de calidad moral para acusar a otros en esa materia; sus problemas en ese campo son muchos e irresolubles en tanto el pueblo de ese país permanezca subyugado por el gran capital. La actual campaña contra Cuba, sustentada en el cinismo y la mentira más burda, de calificar las misiones de ayuda médica cubana a otros países como trabajo forzoso, es una muestra de la catadura moral del imperio.
Kelly Craft tampoco ignora la millonaria ayuda financiera a contrarrevolucionarios dentro y fuera de Cuba, quienes promueven la subversión, el mercenarismo y el terrorismo contra el pueblo cubano.
En sus ya más de sesenta años de acoso a la isla, los gobiernos de Estados Unidos han recurrido a un sinnúmero de variantes en su afán por derrotar a la Revolución Cubana, incluidas la invasión militar, ataques biológicos, terrorismo, entre otras, de las cuales el bloqueo es solamente una de las manifestaciones criminales de ese acoso.
Y Cuba sigue de pie, avanzando y convertida en ejemplo de dignidad, soberanía y solidaridad para todo el mundo; mostrando a todos su verdad y desplegando la lucha en un terreno donde al imperio, precisamente por su desprecio a la verdad, le es imposible vencer: la Batalla de Ideas.
Bien decía Martí: «[…] trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra».
* Alfonso Díaz Rey es miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Imagen de portada: Kelly Craft, representante de Estados Unidos en la ONU. | Foto: Share America.
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