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El imperio en su decadencia / XIV. La fiera herida

Diálogo País / Slider Inicio / Top News / 09/10/2020

SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 9 de octubre de 2020

 

La enfermiza obsesión de Donald Trump por el poder y la baja popularidad que exhibe en las encuestas previas a la elección presidencial en su país, el próximo noviembre, lo tienen como fiera herida, lanzando ataques a diestra y siniestra.

Su torpeza política, su ignorancia, su propensión a la mentira, su acendrado racismo y el mal manejo de la crisis sanitaria en su país, como sus principales cualidades, han influido negativamente en la percepción que el pueblo norteamericano tiene de su presidente.  

Dado su rezago en las encuestas sobre intención del voto, no sería aventurado pensar que pudiera empeñarse en llevar a cabo alguna acción o acciones que le redituaran en preferencias electorales, para recuperar terreno a como dé lugar.

Aunado a lo anterior, su otra gran obsesión: la destrucción de los procesos político-sociales que no se pliegan a los dictados del imperialismo yanqui (para el caso de nuestro continente, Cuba, Venezuela y Nicaragua), puede servir de argumento para, con objetivos electorales, emprender alguna operación abierta o encubierta contra alguno de esos países hermanos. Al parecer es tarde para ello, pero ante una fiera herida y obsesionada sería demasiado inocente obviar ciertas precauciones.

En Nuestra América existe una larguísima historia de intervenciones yanquis bajo el amparo de la doctrina Monroe y el Destino Manifiesto, dos monstruosos conceptos supremacistas y racistas bastante arraigados en el actual presidente de Estados Unidos.

Un brevísimo e incompleto recuento (por no ser el objeto de estas líneas) de lo que ha sido la relación del norte revuelto y brutal con los tres países en la mira de Trump, nos muestra:

  • Con Cuba, después de seis décadas (1898-1958) de intervención militar, política y de dominio económico, tiempo en que Estados Unidos controló la vida en la isla, se suman, a partir del triunfo de la Revolución, más de seis décadas de acoso y agresiones de todo tipo, incluidos más de 600 intentos de asesinato a Fidel e infinidad de actos terroristas. Desde que Trump es presidente de Estados Unidos, no ha pasado una semana sin que se implementen medidas y acciones que recrudecen el criminal bloqueo económico, comercial y financiero contra la mayor de las Antillas; sin embargo, la isla revolucionaria sigue en pie y avanzando, con todo y lo que representa el bloqueo del imperio.
  • Con Venezuela, desde la llegada a la presidencia de Hugo Chávez Frías, en 1999 hasta su fallecimiento (marzo 2013), el interinato y dos elecciones presidenciales ganadas por Nicolás Maduro Moros, quien es el actual presidente constitucional, no han cesado las agresiones económicas, comerciales, financieras, diplomáticas y terroristas, las que con Donald Trump se han agudizado, incluido un intento de magnicidio.
  • En el caso de Nicaragua, durante prácticamente siete décadas (1909-1979), Estados Unidos dictó la política a seguir; fue apoyo importante de la dictadura de los Somoza (1934-1979). A partir del triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional (1979) y salvo el periodo 1990-2006, en el que nuevamente los gobiernos del país fueron proyanquis, hasta la fecha, no ha cesado el acoso a la Revolución Sandinista; y como este país está entre los tres que son prioritarios en su obsesiva agenda anticomunista, no quita el dedo del renglón. 

En los tres casos comentados, el imperio, con todo y Trump, hasta ahora ha fracasado en sus intentos por doblegar a esos países, no sin ocasionar serios daños a sus pueblos. Todo ello, su comportamiento con muchos otros países y pueblos, y además, sus mencionadas cualidades, le han ganado la animadversión y reprobación de los pueblos del mundo, incluido buena parte del suyo.

El actual presidente supera a sus antecesores en el aspecto de sentirse heredero y guardián de la doctrina Monroe y el Destino Manifiesto, un elemento más que lo convierte en un peligro para la paz, aunque con cínico orgullo se ostente como candidato al premio Nobel en ese rubro.

Sin embargo, Donald Trump, por sí solo, no es el mayor peligro para la estabilidad mundial. Ese atributo es del imperialismo, que con demócratas o republicanos obedece a los designios del gran capital, que es el mayor enemigo para la paz y la vida. Por ello, los actuales, son tiempos en que los pueblos luchan por la vida.


* Alfonso Díaz Rey es miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.

Imagen de portada: Donald Trump. | Caricatura: Donkey Hotey vía Pinterest.






Luis López




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