SOMOSMASS99
PERSIGUIENDO SOMBRAS
Raúl Muñiz Torres
Miércoles 29 de noviembre de 2016
En el año 2008, poco después de que Fidel Castro dejara las riendas de la presidencia cubana a su hermano Raúl, escribí este texto para un periódico local. Lo rescato y atraigo hoy luego de la reciente muerte del líder cubano. Es una reflexión que anticipaba un escenario postFidel ante, en ese entonces, la posibilidad cercana de su partida física. Aquí la memoria de aquellas letras.
“En diciembre del año 2000 me encontraba en Cuba. Cierto día de aquel lejano mes, salía del hotel donde me encontraba hospedado en el pequeño pueblo de Varadero y un joven cubano se me acercó para ofrecerme en venta tres libros que condensaban discursos de Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara.
Se los compré, no recuerdo el precio pactado pero si sé que no fue oneroso para mi bolsillo y supongo que la ganancia para ese muchacho no fue del todo mala. Lo recuerdo satisfecho al darme las gracias.
Me ofrecía los discursos de sus héroes nacionales por excelencia, esos que por años y generaciones, han enarbolado los logros de la Revolución cubana como la panacea a todos los males que el imperialismo (esa vieja palabra) le había endilgado a la isla.
Hoy, poco más de siete años después, recuerdo aquella imagen afuera del hotel de Varadero justo en estos días en que Fidel Castro ha “renunciado” a no ser más el jefe supremo de ese país, último de los grandes bastiones del comunismo.
Pienso en ese muchacho y la enorme necesidad de ingresar a sus bolsillos unos cuantos dólares que le mitigaran un poco las carencias económicas que seguramente desde que nació, las había llevado tatuadas en la existencia.
Y pienso en él porque la negativa de Castro a no seguir manejando directamente las riendas de la isla, si se reflexiona bien, no es más que una mera anécdota porque simple y sencillamente Fidel sigue vivo y desde su postración de hombre enfermo pero lúcido, seguirá dictando las directrices que seguramente su hermano Raúl ejecutara con prontitud y conveniencia.
Eliseo Alberto escribió hace unos días en un periódico de circulación nacional que el entierro de Fidel Castro será más largo que su renuncia y aún más que su muerte. Y no le falta razón. Ni siquiera la desaparición física del viejo comandante de la Revolución, borrará de tajo las líneas con las que Castro ha marcado la historia de su país.
Habrán de pasar muchos años antes de que realmente la situación social, económica y política de los cubanos cambie y se vislumbre de verdad una era de confianza para imaginar Cuba como un país con una perspectiva real de crecimiento y un futuro milagro económico.
La sombra de Castro y sus incendiarios discursos, provocarán grandes nostalgias sobre todo en aquellos cubanos que morirán con la idea de que el causante de todos sus males son los Estados Unidos de Norteamérica y los nueve presidentes de ese país a los que ha sobrevivido el Comandante.
Las consignas del Partido Comunista de Cuba en boca de Castro Ruz, se han convertido en un estilo de vida que por casi 50 años, han seguido como religión una cantidad importante de cubanos que creen que la Revolución de su país sigue vigente.
Los logros en materia de salud y educación, dos rubros modelo en el mundo y que han sido el orgullo de los cubanos durante generaciones, seguirán siendo bandera y argumento importante a la hora de hacer corte de caja y saldar cuentas con la historia.
No, la sombra de Castro tardará muchos años en quedar sólo en el recuerdo. El adiós del compañero de mil batallas del “Che” Guevara será muy largo, tan largo que incluso las nuevas generaciones de cubanos sabrán de memoria su historia y la honrarán por mucho tiempo más.
Pero los años también desgastan y los cubanos, en ese difícil proceso de desprendimiento de su líder cuasi eterno, tendrán que pagar factura al no hacer conciencia de que los hechos, cuando se convierten en discursos y estos a su vez en diatribas obsoletas, suelen provocar heridas difíciles de sanar.
Y justamente en uno de esos libros que me vendió aquel joven cubano, una expresión de Castro luego del triunfo de la Revolución, revela que al comienzo las palabras de Fidel sonaban a realidad cuando dijo lo siguiente hace muchos años ya:
“Por tanto, las ideas y los fines de nuestra Revolución son bien claros. La ideología de nuestra Revolución es bien clara: No sólo le ofrecemos libertades al hombre, sino que le ofrecemos también el pan. No sólo le ofrecemos a los hombres pan sino que le ofrecemos libertades y esta es nuestra posición ideológica, clara y terminante…”
Al principio, la anterior expresión parecía un hecho, al paso de los años se volvió discurso, hoy, es una ingrata mentira: en Cuba no existe libertad de expresión, no existe la libertad para elegir a sus gobernantes, no existe la libertad para disentir y los derechos humanos se violan en automático al no poder acceder a tales virtudes que toda sociedad en armonía debe tener.
Otra más de ese libro que yace en las repisas de mi librero: “Al principio la Revolución era una emoción, algo emotivo; hoy la Revolución es una conciencia de la gente, un sentido de la responsabilidad, del deber, un saber lo que hace, por qué lo hace y para qué lo hace…”
Es curioso, pero estas palabras del añoso líder vuelven hoy a tener vigencia y representarán una prueba de fuego para el pueblo cubano: el grado de conciencia y el sentido de responsabilidad con el que enfrentarán esta larga despedida de Castro.
Este adiós que apenas empieza y que no terminará hasta que dejemos de ver a los cubanos vender libros con las frases de sus héroes a las afueras de cualquier hotel de la hermosa isla del Caribe”.
* El viernes de la semana pasada, ocho años después de escrito este texto, murió Fidel Castro. Empieza ahora ese largo, largo adiós del comandante
Foto de portada: Adolfo Vladimir / Cuartoscuro.
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