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El Lavaloza

Para Ver, Oír y Comer / Top News / 19/09/2018

SOMOSMASS99

 

Déjesus González*

 

El Lavaloza

En casa odiaba fregar los trastes

a veces dejaba rastros

de un mal lavado

Entonces me fui…

caminé con vergüenza lenta

con una revoltura en las tripas

después del primer pago en dólares

─proporcional al trabajo hecho con la manos─

puesto: lavalozas

y un bono extra por buen lavado

un día un plato pequeño alcanzó a llegar aún con un mensaje,

sólo decía: ─¡guacala!─ con el aderezo de chipotle embarrado

encontré un diente real atorado en un hueso de cocido

con el tuétano extraído, limpísimo

y los signos de fuerza con las huellas en el plato

─es claro imaginarse comiendo a un cavernícola─

topé a un hombre en la calle esa noche

y le ofrecí el trozo de Cowboy

empapelado con papel cocina café

escondido en la mochila,

─el cliente paga hasta por el servicio para desechar sus sobras─

y todos los días restantes él

esperaba afuera

─la proteína inyecta fuerza al hombre─ dijo…

Encontré el lenguaje entre las sobras, los comensales y los lavalozas

un submundo feliz en la miseria de los otros,

contrabando de comida cara

todavía reutilizable, con menos valor

la caridad de los comensales

para alimentar al señor que espera afuera

los mensajes en los platos sucios

el desperdicio expuesto

─a la irónica hambruna en el planeta─

Dientes perdidos por masticar en exceso

contra los dientes desaparecidos

del vagabundo

Después de dos años pocos personajes

y un montoncito de billetes

regresé

visité la casa

comimos

y había pasado tiempo

en una huelga antiloza (ocho más de los dos)

con pequeñas y considerables divisas enviadas por mes

y algunas llamadas

al terminar el momento de sobremesa

abolí el repudio al lavado

fregué los trastes

mientras…

miré por la ventana y una mujer algo mayor

tocaba

y con una voz rasposa en el oído

pregonaba: ─tendrá un taco pa´mí, por el amor de dios. Mi esposo me dejó…

salí, entregué los restos de frijoles puercos riquísimos

y cinco dólares ─ sin antes decirle que comprara un buen bistec ─

contestó: ─ Gracias señor, desde que mi esposo dejó de enviar, no veía éstos billetes verdes. Diez años…

Los trastes sucios en una tarja gigante

la miseria humana

el abandono universal

los bisteces de cualquier origen

el re-sueño americano

y la señora y el señor

son infinitos

y proporcionales

por la mañana de hoy me pregunté…

¿Debí haber viajado a lavar trastes ajenos?


* Déjesus González (Guadalajara, Jal. / 1984) es estudiante de Estudios Liberales por la Universidad de Guadalajara. Poeta en formación con algunas publicaciones en revistas universitarias independientes, y algunas apariciones de poesía emergente en la ciudad de Guadalajara.

“Con la poesía los secretos quedan escritos y se vuelven en los propios secretos de los otros. Y es que no quisiera saber qué es lo que los demás guardan en la poesía que leen…”.

Fotos de portada e interiores: Pixabay.






Luis López




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