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El Lector Empedernido: los libros que se niegan al olvido

Para Ver, Oír y Comer / Top News / 11/09/2014

Raúl Muñiz Torres / SomosMass99

León, Gto. / 10 de septiembre de 2014

“Cuando una biblioteca desaparece, cuando una librería cierra sus puertas, cuando un libro se pierde en el olvido, los que conocemos este lugar, los guardianes, nos aseguramos de que llegue aquí. En este lugar, los libros que ya nadie recuerda, los libros que se han perdido en el tiempo, viven para siempre, esperando llegar algún día a las manos de un nuevo lector, de un nuevo espíritu. En la tienda nosotros los vendemos y los compramos, pero en realidad los libros no tienen dueño. Cada libro que ves aquí ha sido el mejor amigo de alguien”.

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Libro del autor alemán Johann Wolfgang escrito en su lengua madre, con una dedicatoria de algún dueño anterior fechada en 1875.

La anterior expresión pertenece a “La sombra del viento”, la novela que el escritor español, Carlos Ruiz Zafón, volvió un éxito de ventas en todo el mundo, hace ya poco más de 10 años. Ambientada en la Barcelona de la postguerra, la novela de Ruiz Zafón parece trasladar sus ecos a la realidad, a la central ciudad de León en el estado de Guanajuato:

En pleno centro de la ciudad, cerca del casi centenario e imponente Templo Expiatorio, apenas a unos pasos de la plaza del mismo nombre que cada tarde recibe a cientos de paseantes y de cada tarde en tarde, a ancianos y sus parejas que bailan al son del danzón, hay una pequeña casa pintada de rojo que en su puerta plasma el nombre de una librería única en León, una librería de viejo que se hace llamar, “El Lector Empedernido”.

Y empedernida es su presencia: apenas uno cruza el umbral, una oscura habitación encierra miles de libros en donde se podría encontrar con toda seguridad, el ejemplar más antiguo, la temática menos esperada, los nombres más curiosos, los precios más accesibles y quizá los más caros porque hay libros añosos del siglo XIX y principios del XX que pueden valer una fortuna que más de algún lector consuetudinario, estaría dispuesto a pagar.

El lugar y su aroma le hace honor a sus distinguidos inquilinos, huele a viejo, a libros de rancia aristocracia, a ejemplares raros y páginas amarillas que han visto pasar los días, los años, el tiempo cuasi eterno y quizá muchos ojos ávidos de conocer otros mundos a través de las letras.

Un señor que rebasa los sesenta años, nos recibe y amable nos pregunta: ¿qué se les ofrece?

Es José Isabel Espinoza Puente, el dueño, el guardián de los libros que se resisten al olvido, el guardián de una colección que dice, le verá morir porque desde hace más de 40 años, se enamoró de las letras. Él, que apenas si terminó la primaria, pero que encontró en el ejercicio autodidáctico, el placer de leer, comprar y vender letras.

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José comenta que tiene aproximadamente diez mil títulos a precios accesibles.

José Isabel cuenta que nació en San Luis Potosí, pero que fue en la Ciudad de México, en donde se enamoró de los libros.

“Soy egresado de la Lagunilla”, dice el librero que orgulloso, cuenta cómo se fue haciendo de libros, de amor por ellos para poner su propio puesto en la vía pública; ahí, en la Lagunilla, el populoso barrio del Distrito Federal que fue la universidad letrística de Espinoza Puente.

A Guanajuato, José Isabel llegó en 1984, a la capital, y luego de ofrecer sus eternos ejemplares en las empinadas calles de Cuévano, un local en la Plaza de San Fernando lo albergó durante varios años.

Don José no recuerda con exactitud las fechas pero asegura que fue a finales de los 90 del siglo pasado cuando llegó a León.

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Ediciones antiquísimas se pueden encontrar en la librería El Lector Empedernido ubicado en la calle Madero 616 en el centro de León, Guanajuato.

Trashumante como ha sido su vida, el guardián Espinoza ha paseado sus tesoros librescos por varias zonas de la ciudad de León: por la 5 de mayo y López Mateos, por la 27 de septiembre, por la Vicente Guerrero y ahora en la Madero que es donde nos encontramos con él.

No está exento de desgracias el caminar del Lector Empedernido: a principios del siglo, una terrible lluvia inundó el local de la calle Vicente Guerrero, tres mil libros, dice, se le echaron a perder.

Pero inmune a la fatalidad, han pasado más de 10 años de aquel percance, muchos años y muchos más libros, la vida siguió, había que hacerle el honor al nombre de su librería.

Sobre el destino, sobre su propio futuro, Espinoza dice que no le importaría morir sepultado por sus ejemplares, sería una muerte poética, digna de contarse.

“Este lugar es un misterio, Daniel, un santuario. Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro cambia de manos, cada vez que alguien desliza la mirada por sus páginas, su espíritu crece y se hace fuerte. Hace ya muchos años, cuando mi padre me trajo por primera vez aquí, este lugar ya era viejo. Quizá tan viejo como la misma ciudad”, es otro fragmento de “La sombra del viento”, José Isabel Espinoza Puente ha pensado abandonar León. Su lucha por promover la lectura, por rescatar del olvido a los viejos libros no ha contado, dice, con el apoyo de los gobiernos en turno.

Quién sabe, pero donde esté, donde se encuentre al paso de los años, El Lector Empedernido seguirá deslizando páginas, seguirá creciendo el espíritu, seguirá haciendo fuertes a sus lectores. El Lector Empedernido seguirá siendo viejo, quizá tan viejo como todas las ciudades que han tenido la fortuna de visitarle y agradecerle.

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Luis López




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2 Comentarios

el 11/09/2014

Muchas falicidades, licenciado, por traer a colación una historia de una especie de por sí rara: la de los libreros de viejo que, por lo que recuerdo, no son usuales en estos lares.

el 11/09/2014

Sí, esas librerías todavía tan comunes en nuestra vieja Ciudad de México, se vuelven una isla casi virgen en estos lares. Saludos, Tarik.



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