SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 7 de junio de 2024
Aun cuando no lo desearan, una parte de quienes concentran el poder económico en nuestro país ─y sus socios, aliados o amos extranjeros─ estaban convencidos del triunfo electoral de la candidata a la presidencia de la República por la coalición Sigamos Haciendo Historia, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo.
No esperaban que la concurrencia a las urnas fuera tan copiosa ni que la diferencia con la candidata de la oposición, la ingeniera Xóchitl Gálvez Ruiz, fuera tan amplia, en términos absolutos y relativos.
Esperaban, y fue objetivo de la guerra sucia que desplegaron desde antes de la campaña electoral, evitar que en el Congreso tuviera mayoría calificada la coalición de partidos que impulsó la candidatura de la doctora Sheinbaum. Ello les permitiría continuar controlando decisiones del Poder Judicial en favor de sus intereses, así como de una serie de organismos autónomos creados para tal fin durante los regímenes neoliberales, lo que ellos denominan los contrapesos.
Con tales contrapesos se armó un complejo mecanismo al que dieron «legalidad» mediante una serie de «reformas» a la Constitución ─en no pocas ocasiones violando la misma Carta Magna─, para que en caso de perder el control del gobierno, como sucedió en 2018, ello permitiera a quienes detentan el poder económico conservar sus privilegios. Sin embargo, en ese año muchos de sus incondicionales servidores experimentaron la pérdida de canonjías, mismos que se convirtieron en feroces enemigos del nuevo gobierno y en «ideólogos» de una «oposición» al servicio del poder económico.
Ante la posibilidad de una mayoría calificada en ambas cámaras del Congreso que apruebe cambios constitucionales orientados a revertir el despojo de que fueron objeto la nación y el pueblo, desde el capital surgen avisos con los que muestran su poder. La caída en la cotización del peso mexicano frente al dólar estadounidense el pasado lunes es clara muestra de ello.
Una nota periodística señalaba que «Citibanamex consideró que las primeras definiciones serán relevantes para evaluar riesgos de deterioro democrático a partir de la decisión electoral» (La Jornada, 04-06-2024, p. 21).
En otra nota del mismo periódico, relativa a ese banco, se apunta: «Consideramos que el mercado estará atento a los detalles sobre la eventual configuración del gabinete y la agenda programática y legislativa de Sheinbaum y Morena. Dado que persisten tasas de interés reales ex ante muy elevadas, la depreciación del peso podría mantenerse limitada» (p.20),
Se erigen a sí mismos como «vigilantes» de la democracia. Sin embargo, cabe señalar que el mercado a que hacen referencia no es la serie de mecanismos de intercambio racional de mercancías, servicios y casi toda clase de valores, que desapareció cuando surgieron los monopolios. El mercado al que aluden son ellos mismos, los dueños del dinero, quienes quieren mantener las condiciones que les permitan continuar expoliando a la nación. Por ello consideran las decisiones que de manera soberana el pueblo pudiera tomar, como «riesgos de deterioro democrático».
Temen que con este vuelco del pueblo en las urnas se atente contra los [sus] «contrapesos» y el país caiga en la antidemocracia, el autoritarismo, la dictadura, e incluso en el comunismo
Cierto es que en una democracia debe existir división de poderes, con autonomía, pero siempre para velar por los intereses del pueblo. La «democracia» a la que aspira el grupo que constituye el poder económico es una en la que ellos controlen todo: los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial; además de una serie de organismos autónomos ─los contrapesos─ que les permitan mantener su poder, o gran parte de él, cuando su control sobre los poderes del Estado no sea total.
Perdieron parcialmente el control de uno de sus contrapesos, el Instituto Nacional Electoral (INE), lo que, además de la copiosa votación, evitó la comisión de un fraude electoral. No obstante, aun después de reconocer públicamente su derrota, insisten en la anulación de la elección y en evitar que la coalición ganadora alcance la mayoría calificada en el Congreso.
Ese grupo y su servidumbre política, que intentan retomar el control del gobierno, no se han dado cuenta del rechazo del pueblo. Y en tres ocasiones (1988, 2006 y 2012) «ganaron» las elecciones mediante descarados fraudes electorales, lo que en la etapa de gobiernos neoliberales (1982-2018) les permitió construir su Estado de derecho para despojar a la nación y al pueblo.
Pero a partir de la elección federal del 1 de julio de 2018 ese rechazo no ha podido ser burlado. Ello en buena parte porque el pueblo ha avanzado en conciencia política y organización; y aunque estos avances deben alcanzar niveles aún más elevados, lo hasta ahora logrado ha ocasionado que los poderosos grupos económicos hayan perdido buena parte del poder político que ejercían a través del control del gobierno. Esa es la razón por la que insisten en la defensa del [su] Estado de derecho y de los [sus] «contrapesos».
Recordemos que la democracia la construyen los pueblos, no las oligarquías, ni se adopta por imposición de «modelos» ajenos.
La nuestra no es perfecta, ni lo será. Pero corresponde al pueblo realizar los esfuerzos necesarios para hacerla cada vez menos imperfecta.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Claudia Sheinbaum Twitter.
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