Raúl Muñiz Torres / SomosMass99
Guanajuato, Gto. / 31 de agosto de 2014

- El equipo de El Regreso: Raymundo, escultor; Nadia, directora, Alan, escritor y Tienlu, la protagonista.
Alan era un adolescente cuando se atrevió a crear una historia de ciencia ficción; su hermana, Nadia, era entonces una niña. Quizá ni Alan, ni Nadia, imaginaban que muchos años después, esas letras verían otro tipo de luz, la luz del cine, de una animación en Stop motion que vería la luz en un teatro que le llaman el Principal en la capital guanajuatense.
Alan le regaló, ya en su adultez, la historia a una Nadia adolescente que a su vez, empezó a imaginar dimensiones distintas para la creación de su hermano: la convertiría en otro tipo de arte, la convertiría en cine.
Hoy, Alan Islas Cital es ingeniero electrónico con vocación de escritor, tiene 33 años. Su hermana, Nadia, tiene 26 años y es diseñadora gráfica con vocación de cineasta. Muchos años después, la imaginación de Alan se cristaliza en la de Nadia para crear El Regreso, un cortometraje llamado a ser una obra de largo alcance.
Nos encontramos con Alan, el escritor; Nadia, la directora y Raymundo González, el escultor de la obra, en un café justo a la entrada de Guanajuato capital, apenas a unos pasos de la caseta de cobro. A los entrevistados, se une Tienlu, la protagonista de El Regreso. Inmóvil, Tienlu atiende las palabras de sus creadores.
“Leía mucha ciencia ficción, mucha ciencia y quería ser escritor como Ray Bradbury, como Isaac Asimov, como Arthur C. Clark y escribía cuando podía. Era para mí un hobbie y cuando mi hermana retoma esa historia (El Regreso) para mí es una emoción muy profunda ver cómo ha crecido en algo que yo no me imaginaba”, cuenta Alan al recordar cómo evolucionó su obra y cómo se vio influenciado para escribirla, por la literatura de ciencia ficción y sus creadores clásicos.
Y no duda en darle todo el mérito a su hermana y al equipo de producción, sobre el resultado final de sus letras: “Ellos la hicieron suya, la hicieron grande, mucho más de lo que yo podía creer que llegaría a ser. La verdadera odisea vino después cuando mi hermana la tomó”.
Es entonces que Nadia acude a la memoria para contarnos todo el proceso de creación, producción, sabores y sinsabores que le costó más de tres años de trabajo, apoyada por muchas personas:
“(Mi hermano) me la regaló cuando yo iba en la secundaria, me gustó mucho la historia y empecé a hacer los diseños de los personajes pero no me sentía lista para hacer algo y yo lo que quería, era hacer algo bueno con ella. Quería filmarla de manera profesional pero no tenía dinero, ni material para hacerlo”.
Nadia empezó a entonces a imaginar, a planear como llevar a buen puerto la historia que su hermano le obsequió muchos años atrás. Hizo un guión, un storyboard, pensó en que la mejor manera de hacer las maquetas era todo reciclado, que fueran sólo de papel. En pocas palabras, empezó su proceso de labor artística.
“El proceso fue muy largo: primero fue un año de sólo hacer maquetas sin ver una sola toma, las maquetas miden cinco metros y los cielos son de seis metros, todo a mano. Después, empezamos con el proceso de esculturas, siguió luego el proceso de animación y ahí nos llevamos dos años porque la animación es muy larga, son 24 fotos por segundo. Al final, terminaron siendo más de 14 mil fotos las que se usaron, más las que se desecharon”, revela la joven directora al detallar el descomunal trabajo que ella y su equipo, tuvieron que llevar a cabo para poder ver realizado el sueño.
Y a pesar de que en el camino algún aliado del proyecto abandonó, Nadia dice que por su cabeza nunca pasó el rendirse: “Yo creía demasiado en esta historia y yo no veía el rendirme como una opción. Mi mamá me dijo que debería creer mucho en lo que estaba haciendo para que todos creyeran conmigo y siempre creí mucho, hasta en los momentos más bajos traté de transmitirle al equipo que lo lograríamos juntos”.
El Regreso y sus formas
Pero ¿de qué trata El Regreso? su autor original, nos lo cuenta: “Tienlu sobrevive en un mundo que está en decadencia, totalmente destruido. Ella tiene una vida muy triste, está enferma, pero también trata de cómo mantiene la esperanza, de cómo ella sueña con otra realidad, una realidad que no conoce porque desde que ella nació, el mundo ha sido así, como ella lo ve”.
Así, en ese mundo caótico, destruido, sin casi esperanza, se volvía imperante que llegara alguien a darle forma, expresión y fondo a la humanidad del personaje principal, alguien que pudiera comunicarle al espectador el sufrimiento de Tienlu.
Llegó así el joven escultor, Raymundo González, que tiene sus propios recuerdos de lo difícil que le resultó el proceso de creación pero también, lo satisfactorio que le ha sido el resultado final:
“A mí me tocó materializarla, darle expresión a los rostros y el compromiso fue fuerte porque había que lograr lo que ella (Nadia) quería y lo que ella quería lo tenía muy claro, por eso también me facilitó mucho el trabajo.
“El problema fueron los materiales y el presupuesto para construir las figuras. La calidad de movimientos tenían que ser muy finos y eso nos llevaba a preguntarnos el cómo hacer el cambio de expresiones sin que se viera muy burdo, falso o plástico. Hicimos un trabajo artesanal de cada rostro, usamos materiales de deshecho, hicimos las caras con plastilina y luego la pasamos a cera, decorarlas después cada una, expresión por expresión”.
Un proceso agotador, confiesa Raymundo: “Hubo momentos en los que estuve muy cansado y me preguntaba: de dónde saco para ir a comprar material, tuve ir con orfebres, con herreros, con un relojero, pero nunca pensé en tirar la toalla”.
Tres años después, mucha inversión y desvelos, le permiten a Nadia diagnosticar su camino: “Pasé por un proceso doloroso sobre todo con la parte de los seres porque no sabía cómo representarlos. Hicimos un montón de bocetos, varios storyboards. Fue difícil porque una cosa es lo que Alan escribió y cómo me llegó a mí. A mí me hacía llorar la historia y tenía miedo de no poder representarla así cuando la vieran en imágenes. Yo no quería algo bonito, lo que quería hacer era una criatura que sufre, ensangrentada, que la única conexión con el espectador fueran sus ojos. Pero sí, fue un proceso muy doloroso”.
Al terminar la charla con los tres jóvenes creadores, pasan a la sesión de fotos con Gerardo Miguel García. Se divierten. Sonríen. Se ven relajados, contentos.
El jueves se presentó en premier, la obra. Un éxito. Se irán de gira para mostrarla en otras latitudes. Seguro, tendrán un “Regreso” exitoso.




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