SOMOSMASS99
José Antonio Bueno*
Miércoles 17 de enero de 2018
Hace poquito se fue… apenas había yo visto un video donde compartió con el Fisgón y Helguera un escenario de la Brigada para Leer en Libertad; me parece que se fue un amigo, maestro, una especie de guía o un acompañante desde mi adolescencia.
Hay personajes en nuestra memoria que uno ubica en lugares etéreos especiales, son como un resguardo, una reserva de saber, una fuente de recuerdos gratos; ahí estaba él, junto con Elena Poniatowska, Monsiváis, Fuentes, Paz, Rulfo, Emilio Pacheco, Granados Chapa, Ikram Antaki, Herman Hesse, Juan Sánchez Andraka, Politzer, Semo y muchos más, no sé si para algunos sean los mejores o no, no importa, eran los míos, eran mi relación de lenguaje con un mundo “superior”, y claro, aparte de mi panteón particular de artistas plásticos.
Él, después de la secundaria, me abrió la puerta a temas que se antojaban lejanos, que hablaban de posturas sociales, de injusticias, de luchas, de la ruindad de la iglesia, de personajes sonados, que solamente eran tocados de oídas, de murmullo y rumores, unos por considerarse prohibidos y otros por importantes, asombrosos, de historia de las ideas, lugares lejanos; de barbudos que habían escrito libros kilométricos sobre ideas que se llamaban anarquismo, socialismo, comunismo, infantilismo, y muchos ismos más…
Me presentó por primera vez al Che, a Fidel, a Cuba, a la iglesia católica, el ku klux klan; supe de manera diferente la conquista de México, la Guadalupana, del feminismo, la guerra fría, el capitalismo, Jesucristo, Lenin, El Capital, vegetarianismo, el Islam, Israel, los judíos, Hitler… uff!, tal vez un poco irreverente según los cánones del buen ciudadano… Qué bueno.
Todo esto, con “monitos”, monos maravillosos, frescos y libres en trazos, con personalidades atrayentes porque sus rasgos checaban muy bien con la realidad al alcance de la mano. Primero los Supermachos, luego los Agachados, entornos cotidianos, con sus roles específicos retratando a cada uno de los protagonistas, tal cual la sociedad de sus pueblitos.
Calzonzin y Reuter Nopálzin encabezando la infantería del saber y del humor con una fuerte crítica social que nos obligaban a pensar y cuestionar entre risas y tristezas. En ese entonces tiraban aproximadamente 450 mil ejemplares semanalmente de su historieta en Editorial Meridiano, es decir, el pueblo se educaba con historietas, algunas, como “lágrimas y risas” llegaban a vender, semanalmente, hasta más de un millón de ejemplares. Aparte de las ya mencionadas, podemos citar a Memín, Chanoc, Tawa, Kalimán, La pequeña Lulú, Los Supersabios, Lorenzo y Pepita, La Familia Burrón, etc.
Rebasando el contexto de la mera historieta, paulatinamente, se fue convirtiendo en un gran narrador de temas ilustrados empleando de manera maravillosa la iconografía, mezclando un gran caudal de ilustración, con la propia, con sus personajes…
Desde luego, sin lugar a dudas estoy describiendo a un gran dibujante, investigador, un creador, activista social y sobre todo a un educador.
Carlos Monsiváis con su exquisito humor ilustrado escribió alguna vez que en México había tres Secretarías de Educación Pública: Rius, la SEP, Televisa. Y desde luego el más importante por sus grandes aportaciones al saber y su contribución a la formación socio-política de una generación de mexicanos era Rius.
Creo que serán muy pocos los que no reconozcan su valía; al menos, no hay monero de los que lo llegaron a conocer, que no reconozcan en él una inspiración y una presencia que no logrará ser cubierta por alguien más.
Sin pizca de falsa modestia reconoce en el Chango García Cabral y Abel Quedada, influencias motivadoras que habían guiado su antojo al dibujo y la crítica; algo valioso en él fue que muy pronto comenzó a perfilar su estilo, despegándose de sus mentores, pero sin olvidarlos.
Social y profesionalmente comenzó a hacer escuela, pasó de ser un aficionado al dibujo humorístico que trabajaba en la agencia funeraria Gayosso, a ser un colaborador de la revista humorística Ja ja ilustrando chistes, a historietista creador de San Garabato Cucuchán y Chayotitlán; y luego a ser el mejor escritor gráfico que ha tenido nuestro país.
Están ahí los registros: chistes, historietas y más de cien libros escritos, de los temas más variados e interesantes.
He de traer a cuenta, de manera anecdótica, el encuentro que tuvo con el Che Guevara en las oficinas del Banco Nacional de Cuba en el mes de agosto de 1964; habiendo solicitado con antelación una entrevista con el Comandante Guevara, él y otros tres periodistas fueron recibidos; una vez que apareció el Che, a bocajarro preguntó ¿quién es el tal Rius?, un tanto inhibido, Rius se identificó e iniciaron una larga charla sobre los personajes de “Los Supermachos”, el Che demostró ser admirador y conocedor experto de todos ellos, pues semanalmente los esperaba con ansia en la valija diplomática que llegaba de México.
Incluso invitó a Rius a que llevara una exposición de su obra a La Habana.
Más tarde Rius publicaría “Cuba para principiantes”, en 1966.
Todo un fenómeno en su campo, ¿o no?
Revisar, leer otra vez sus historietas y libros sería muy agradable, desde luego un deleite para la memoria.
Leerlo por primera vez representaría un aprendizaje con tinta de nostalgia. Y ante todo… atractiva vigencia.
Llegó por Zamora, Michoacán, el 20 de junio de 1934, y se fue por Tepoztlán, Morelos, el 8 de agosto de 2017.
¡Saludos Maestro Eduardo del Río, gracias por venir!
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.
Foto de portada: Wikimedia.
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