SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Lunes 5 de junio de 2017
Desde los días de su campaña para obtener la candidatura de su partido y contender por la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump utilizó el tema del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), como uno de los ejes de su propuesta, argumentando que era lesivo a los intereses de su país, para los trabajadores estadounidenses y que el único beneficiado con tal tratado era México, por lo que debía cancelarse o revisarse en favor de Estados Unidos.
Ya como vencedor en la elección presidencial y aún antes de mudarse a la Casa Blanca, el energúmeno del norte empezó a dar muestras de que en el tema del TLCAN la cosa iba en serio, la Ford canceló un proyecto que se desarrollaría en San Luis Potosí, para realizar la inversión en territorio norteamericano.
Pero, realmente, ¿el TLCAN resultó lesivo a los trabajadores norteamericanos? Sin lugar a dudas, sí. Sobre todo los industriales. Perdieron numerosas plazas en la rama automotriz, electrónica, metalmecánica, entre otras, por el traslado de empresas que al utilizar en México mano de obra intensiva incomparablemente más barata y una laxa y controlada organización sindical de los trabajadores, incrementarían las ganancias significativamente para sus accionistas. Y como en el capitalismo el objetivo es la ganancia (de los capitalistas), no dudaron en aprovechar esas ventajas, sin reparar seriamente en las consecuencias que hacia el pueblo trabajador del vecino país tales medidas provocarían.
Y México, ¿realmente ganó algo?
El tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá nos lo vendieron como uno de los mecanismos que, junto a una serie de reformas (que les llamaron estructurales), nos conducirían al primer mundo. El caso es que llevamos 35 años de administraciones neoliberales y 23 de TLCAN y el horizonte de ese primer mundo, así como todas las ilusiones que nos vendieron, se alejan cada día más y quienes realmente ganaron fueron la oligarquía y algunos de sus fieles servidores, miembros de lo que algunos han dado en llamar la clase política.
Antes del TLCAN el país gozaba de cierta autonomía alimentaria; ahora, importamos casi la mitad de lo que comemos; el empleo no ha crecido ni en la cantidad ni calidad requerida como para considerar que el tratado incide en el desarrollo del país; los monopolios locales y transnacionales se han adueñado de lo que una vez fue el patrimonio nacional y de las riquezas naturales de México; la democracia brilla por su ausencia; la violencia, la corrupción y la impunidad son algo común en nuestra realidad; y la soberanía, salvo honrosas excepciones en algunos sectores del pueblo, solamente existe en el papel y en la demagogia oficial, sector en el que, rayando en cinismo, únicamente ven la paja en el ojo ajeno.
Ante ese panorama, ¿podremos decir que ese tratado ha beneficiado a México?
¡Ah!, pero cuando Trump notificó al congreso norteamericano el inicio del proceso para renegociar el TLCAN, quienes siempre se han mostrado sumisos a la voz del amo, ante una eventual, según ellos, renegociación del tratado, rasgan ahora sus demagógicas vestiduras en defensa de los “intereses nacionales”. Como si en realidad se tratara de una negociación lo que en los hechos siempre ha sido la subordinación a los intereses del imperio.
Son ellos, como clase, quienes tienen al país al borde del abismo, porque en lugar de buscar el fortalecimiento de la autonomía, la independencia y la soberanía de este país, prefieren profundizar la dependencia, la entrega y la subordinación a los intereses del gran capital.
Y mientras como pueblo no decidamos a ser los forjadores de nuestro presente y futuro, ellos continuarán velando por sus intereses (y sus capitales).
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía de Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Mario Nulo / Cuartoscuro
Comparte en Facebook
Twittéalo








