SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 4 de junio de 2021
A nadie escapa la importancia que reviste la elección del próximo domingo, 6 de junio, y no es exagerado decir que, con independencia de lo que expresen las encuestas, el país se encuentra en una encrucijada.
En la elección de este domingo contenderán, más que personas que van como candidatos de los partidos participantes, dos proyectos de país, que por sus objetivos son, en aspectos importantes, antagónicos e irreconciliables.
De un lado, la derecha más recalcitrante, representada por la oligarquía, con cara cara visible en un sector en el que sobresalen los empresarios Claudio X. González Guajardo y Gustavo Adolfo de Hoyos Walther, a cuya zaga están: la coalición Va por México, conformada por el PAN, PRI y PRD —curiosamente los partidos que agrupados en el Pacto por México aprobaron las [contra] reformas de Enrique Peña Nieto a la Constitución, con las que se legitimaron y permitieron enormes despojos de bienes nacionales y graves daños al erario—, una serie de «intelectuales», «analistas», «periodistas», «especialistas», «consultores», etc., que buscan recuperar los privilegios que, vía una descarada e insultante corrupción, gozaban con los gobiernos neoliberales, acompañados por aspirantes a pequeño burgueses que esperan disfrutar de las migajas de esos privilegios. Todos ellos, apoyados por la mayoría de los grandes medios de difusión y comunicación ─propiedad de la oligarquía—, un sector corrupto del poder judicial y algunos organismos «autónomos», dominados por la derecha, como el Instituto Nacional Electoral; adicionalmente, también reciben apoyo de la oligarquía y la derecha internacionales y de gobiernos extranjeros que defienden los intereses de los monopolios con inversiones de esos países en México, los ejemplos más claros en este aspecto: el financiamiento a organizaciones de la derecha local por parte de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, el llamado del vocero de la oligarquía internacional, The Economist, a votar contra el proyecto de López Obrador, y la presencia, como observador electoral, del ministerio yanqui de colonias, la inefable OEA, con su, aún más inefable, secretario general, Luis Almagro.
En esta elección la derecha busca obtener mayoría, o la cantidad suficiente, de diputaciones, para desde la Cámara obstruir las iniciativas y propuestas que presente el presidente de la república o los legisladores de Morena, con el objetivo de frustrar los cambios que el país requiere en beneficio de las mayorías.
Del otro lado, está la continuación de un proyecto que intenta devolver a la nación aquello que fue objeto del despojo neoliberal y que condujo al país casi a la ruina y a la mayoría de nuestro pueblo a condiciones de precariedad y pobreza —y a una parte importante, a la miseria—; un proyecto que combate la corrupción para destinar a programas sociales e inversión pública, entre otros rubros, aquello que iba a parar a los bolsillos de la oligarquía, con reparto de migajas a sus fieles servidores; un proyecto que busca generar el desarrollo independiente del país, empezando por la mejoría de las condiciones de vida y trabajo de la mayoría de los mexicanos.
Si bien es cierto que el partido que ganó la elección del 1 de julio de 2018 padece algunos vicios que son característicos de los de la alianza Va por México, y en general de los partidos de la burguesía, también es cierto que, al margen de algunos malos dirigentes que han incrustado candidatos que carecen de la simpatía o reconocimiento popular, existen en Morena un sinnúmero de compatriotas honestos, cuyo esfuerzo y dedicación están encaminados a transformar este país en uno donde se viva con dignidad.
No obstante, para alcanzar una vida digna, es necesario evitar el retorno de la derecha al control del gobierno, porque de logarlo, se revertiría lo poco que se ha logrado y se abriría el paso a políticas de corte fascista que, en el fondo son las más afines a la derecha.
En cuanto a la gran diversidad de «partidos» que participan en esta elección, la finalidad es que la derecha, aún con minoría respecto del total de electores, aproveche la dispersión del voto popular y logre su objetivo. Recordemos que de esa manera, y aprovechando la división de las fuerzas progresistas y de izquierda, cuando no ha sido por un golpe de estado, los regímenes fascistas han llegado al poder. Ejemplos: Hitler y Franco.
Es por ello que en la elección del próximo domingo se juega no solamente la ocupación de curules en la cámara de diputados sino, además de recuperar los bienes y riquezas que deben ser propiedad de la nación, la posibilidad de continuación de un programa de transformaciones que deriven en bienestar para el pueblo y el país entero.
De ahí la importancia de cerrarle el paso a la derecha y votar por las causas y los intereses de nuestro pueblo.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Imagen de portada: Elemento5 Digital (@elemento5digital) / Unsplash.
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