SOMOSMASS99
©Gaudencio Rodríguez Juárez
El ser humano no ha nacido para que lo rompan
Erich Fromm
Para cualquier niño/niña resulta difícil y pernicioso cargar un secreto gigante como el del abuso sexual.
Hoy es sabido que la mayoría de las veces el abusador es una persona cercana y conocida de la familia: padre, otro pariente, vecino o amigo (de cualquier sexo aunque mayoritariamente hombre).
También es sabido que entre más cercano es el abusador, más dificultad tendrá el niño para denunciarlo; y más incredulidad de los adultos cuando por fin se atreva. “No es posible”, “lo estás imaginando”, “son ideas tuyas”, “confundes la realidad”, “tu tío al que acusas es tan bueno y nos ayudado tanto, cómo te atreves a decir tal cosa de él”, “malinterpretas las intenciones de cariño”, son expresiones recurrentes cargadas de incredulidad, negación y desconfianza.
Por eso es necesario que los niños y las niñas sepan que no todas las personas están en condiciones de apoyarlos. “Cuéntaselo a cuanta persona sea necesario, hasta que por fin alguna te crea y te ayude”, es la recomendación para ellos.
Un niño abusado puede comenzar pidiendo auxilio a sus padres, y si estos no le hacen caso, entonces recurrirá a cualquier persona de su entorno inmediato. Lo cual significa que cualquiera de nosotros puede convertirse en receptor de su denuncia. De ahí la necesidad de conocer una serie de recomendaciones para poderle ayudar:
1. Escuchar con atención, respeto y sin prejuicios.
2. Creerle. Los estudios actuales en el tema afirman que los niños no inventan relatos tan detallados sobre abuso sexual.
3. Desculpabilizarlo: “Tú no hiciste nada malo, es el agresor el que está atentando contra ti y contra la ley”.
4. Hacerle saber que el problema no desaparecerá ocultándolo o silenciándolo sino que continuará y hasta podrá incrementarse.
5. Actuar: una vez que nos cuenta lo sucedido es importante solicitar apoyo y asesoría a los/as profesionales e instituciones del sector salud, seguridad, justicia.
6. Reconocer la valentía del niño/niña al haber denunciado: “Se requiere mucho valor para revelar algo tan difícil como lo que te pasó, estoy orgulloso de ti”.
A los adultos nos corresponde tomar un papel activo ante la denuncia de un niño; esta es una responsabilidad que no debemos eludir. Hacernos de la vista gorda cuando nos comparte su dolor no sólo es irresponsable, injusto e inhumano, sino que nos hace cómplices del abusador.
La seguridad del niño es responsabilidad de los adultos; a él sólo le toca comunicar lo sucedido (si es que puede), y a nosotros nos corresponde saber cómo ayudarlo. Afortunadamente en Internet existe mucha información al respecto.
En cada municipio de Guanajuato existen centros de atención a la violencia familiar (DIF), y algunos cuentan con institutos de la mujer y agencias especializadas en delitos sexuales.
Opciones hay muchas. Pero aún no están al alcance de los niños/niñas. Seguimos teniendo esta deuda con ellos: la creación de mecanismos de denuncia, accesibles, seguros y confidenciales. Mientras tanto, nuestro deber ciudadano es servir de puente entre ellos y la seguridad y la justicia.
No cerremos los ojos. Cuidemos a los niños, a las niñas. Porque no nacieron para romperlos sino para abonar a su conformación y fortaleza.
Psicólogo / [email protected]
Comparte en Facebook
Twittéalo








