SOMOSMASS99
José Antonio Bueno Saucillo*
Miércoles 29 de abril de 2020
«Ese viejito que habla arrastrado, no se la acaba con sus cosas del Bienestar… todo es bienestar, y que para acá y que para allá, está loco… Bienestar… Bienestar… Bienestar…
¿Ya Chole, no…? El PRI y el PAN tenían más programas sociales…».
Pues bien…
Economía de Bienestar no es sólo el nombre que ha elegido el actual presidente de México para denominar al conjunto de organismos y medidas creados para hacer llegar beneficios sociales a la ciudadanía. Su antecedente es el denominado Estado de Bienestar, todo un proyecto económico-social histórico adoptado por muchos países para dar cierto equilibrio en los niveles de vida media de sus poblaciones.
Es necesario hacer notar que en la concepción del gobierno federal hay una diferencia fundamental, como se enuncia explícitamente en el Plan Nacional de Desarrollo: “El gobierno federal impulsará una nueva vía hacia el desarrollo para el bienestar, una vía en la que la participación de la sociedad resulta indispensable y que puede definirse con este propósito: construiremos la modernidad desde abajo, entre todos y sin excluir a nadie”[1].
Ahora nos comienzan a parecer familiares frases como Programa Integral de Bienestar, Banco del Bienestar, Becas del Bienestar, Instituto del Bienestar, Pensiones del Bienestar…
El Estado de Bienestar comenzó a ser formulado como un elemento de salvación ante las desigualdades creadas por el capital industrial, sobre todo después de 1920 en Europa. Las crisis económicas inherentes al capitalismo manifestadas en lacerantes desigualdades sociales estaban teniendo costos políticos cada vez más graves y todo apuntaba a una autodestrucción del sistema.
La conformación de las concepciones económicas que dieran lugar a la solución de los problemas de los países capitalistas industrializados comenzó en varias naciones simultáneamente, pero tuvo su epicentro en Inglaterra. La confrontación y concertación de los ejes fundamentales para la creación de un sistema salvador del capitalismo se dio precisamente ahí y en un ambiente de concierto de las demás naciones de economía hegemónica; habría que optar por la revolución o las reformas sociales necesarias.
Fundamentalmente, el Estado adquiere la obligatoriedad de la asistencia social y el reconocimiento a la existencia formal y el ejercicio de organizaciones sociales con fundamento en los derechos laborales, logrando de esta manera la estabilidad y perdurabilidad del sistema capitalista con un Estado político con tintes de benefactor.
Bajo esta premisa, habré de acotar la falsedad de las acusaciones de «comunista y populista» a Andrés Manuel López Obrador; también me resulta obligado el comentario de la utilización de una terminología estigmática, prejuiciada históricamente y de un patetismo que habla del nivel de información en las fundamentaciones en su contra.
De alguna u otra forma las medidas fundamentales del Estado de Bienestar son fruto de las luchas sociales de los desposeídos.
Luego entonces, el planteamiento general podría ser: si el capitalismo industrial y comercial recrudece sus políticas, exprimiendo a los pueblos más allá de sus capacidades, éstos claman, reclaman, exigen o arrebatan por hambre, demandan justicia; el Estado se desestabiliza, se resiste, incluso reprime y mata, cuando está deformemente planteado; pero finalmente, si se quiere sostener el sistema económico basado en la apropiación de la plusvalía, los capitalistas se ven obligados a reconocer las demandas de los trabajadores, el grueso del pueblo, y se formulan las premisas fundamentales del Estado del Bienestar.
El Estado las expone como estrategias de justicia, los capitalistas como benevolencia de empresa y los trabajadores, el pueblo que padece, las expone como conquistas.
Si los Estados capitalistas las exhiben como benevolencia justa, como programa de Estado de Bienestar, entonces son populistas.
Es decir, capitalistas populistas, vaya, qué aparente contradicción… según los voceros cautivos del dinero…
Según los críticos del presidente mexicano actual, él es populista y comunista, entonces los ingleses, que fundamentalmente pugnaron por la formulación del proyecto del Estado de Bienestar, serían populistas y comunistas… precisamente los gobernantes de un país que fue pilar de la industrialización internacional mediante el colonialismo.
Palabras les sobrarían a los teóricos que justifican el statu quo fruto de la explotación de los trabajadores, para refutar retóricamente lo necesario para seguir en su papel, al fin y al cabo, en primer lugar, lo deben sentir como una ideología, como una doctrina justa, con un designio ineludible… sólo se les olvida o soslayan que aquéllos no están solos, que somos muchos, que no hay designio incuestionable que garantice su posición de privilegio.
No todo es cuestión de saber, también es importante el sentir…
Si todo fuera saber, habría que ver cómo se maneja ese saber, y desde luego el fin que se persigue… pero… el pueblo, el trabajador, si no sabe… ¿acaso no siente?…
Esa es la causa verdadera del hartazgo que motivó su caída en las elecciones del 2018, el día de las elecciones votó el hambre, votó el dolor, votó el abandono, votó la desesperanza… afortunadamente también votó la convicción.
Luego entonces, el Estado de Bienestar no es un slogan publicitario del gobierno actual, no es moda como lo manejan erradamente muchos críticos del actual gobierno, y muchos «periodistas» de pacotilla que opinan en las redes sociales y en los medio comerciales casi institucionalizados mediante la sublimación.
Es un proyecto económico ya aplicado en el pasado en muchos países capitalistas que cíclicamente han dado tropiezos, que son las causas de los matices que adopta según las condiciones específicas de cada sociedad con su gobierno y sus relaciones con el entorno.
Estamos convencidos de que lo que trata de hacer el gobierno mexicano actual es la reaplicación de un Estado de Bienestar que había sido malogrado hasta que casi perdió su esencia, no sólo en su aplicación sino en sus fundamentos, es decir que lo que fue planteado para aliviar las condiciones de vida del pueblo fue convertido en un instrumento de manipulación electoral y de sobrevivencia de partidos políticos.
La ignorancia y la mala fe, si se esgrimen como armas, pueden volverse en contra de quien las opera, pues no tienen sustento alguno.
Entonces, Bienestar no es Solidaridad, Prospera, Oportunidades, Impulso, Educatón… uff.
Respecto a esos programas, habría que considerar la posibilidad que fueran escaparates para la fuga de dinero rumbo a bolsillos particulares… arcas de los partidos que los promovieron o de los señores virreyes estatales llamados gobernadores. No olvidemos que Rosario Robles está en una celda enfrentando fraudes de este tipo…
Como una nota especial de estupidez azul:
El presidente nacional del Partido Acción Nacional, Marko Cortés, «denunció» públicamente que Andrés Manuel López Obrador no inventó los programas sociales.
¿Sabrá el sujeto que los programas sociales existían ya en el Imperio Romano? ¿Habrá oído o leído acerca de quién fue Cayo Sempronio Graco allá por el año 100 a. C., o que Adolfo Hitler también implementó los propios? ¿Sabrá que el Estado de Bienestar no es un programa social sino todo un Proyecto Político Social de Estado?
Aquí, el asunto que él plantea como denuncia pública no debe ser quién los inventó, sino a quién realmente benefician… al pueblo o a los que los implementan, ¿o no?
Espero que ahora puedan tener más elementos para atacar al presidente actual de México aquellos que antes aparentemente repartían los recursos del Estado de Bienestar y que más bien se quedaban con ellos.
[1] Presidencia de la República, Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, Cd. de México, abril de 2019.
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.
Foto de portada: Inglaterra WS.
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