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Familias inteligentes

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Top News / 26/10/2017

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©Gaudencio Rodríguez Juárez*

Jueves 26 de octubre de 2017

 

Los niños y las niñas nacen siendo personas, pero se van humanizando en la convivencia cotidiana, en el colectivo que los contiene, su familia y su comunidad. Terminamos humanizándonos cuando aceptamos las reglas, normas, costumbres, tradiciones, lenguaje, historia y toda aquella producción cultural y social de nuestra especie. El instrumento para tal fin se llama educación.

Es en el entorno familiar donde sucede la educación, donde los hijos e hijas adquieren la formación para la vida que permitirá, el día de mañana, formar parte de la sociedad de manera autónoma, sana y funcional.

La familia sostiene, protege, acompaña, socializa, forma y fortalece a sus miembros. Su labor es trascendental. Es ahí donde puede construirse la calma, la tranquilidad, el vínculo, el diálogo, el contacto cuerpo a cuerpo, la mirada de la madre, el arrullo y sostén del padre, elementos indispensables para que el niño logre adquirir identidad, consciencia de sí mismo y de los demás, y con ello aprender a respetar y a respetarse. Para tal fin se requiere de inteligencia.

Las afectaciones que tiene para la niñez la carencia de una familia con las características arriba mencionadas son graves.

De acuerdo al filósofo y pedagogo español José Antonio Marina una familia inteligente será la que establezca lazos de afecto, de colaboración y de comunicación que hagan sentirse a todos los miembros más animosos y seguros, más creadores y felices.

Para que la convivencia sea posible se requiere de miembros con suficiente inteligencia no sólo cognitiva y emocional sino sobre todo social, la cual suele definirse como el conjunto de destrezas necesarias para vivir con el otro, en grupo, en sociedad; se trata de la capacidad de entender y relacionarse con otras personas, de evitar conflictos o, mejor aún, de resolverlos.

Vale decir que la familia más funcional no es aquella que no tiene conflictos —pues resulta imposible no tenerlos— sino la que los resuelve con pericia y hace de éstos ocasión para el aprendizaje, crecimiento y fortalecimiento del lazo familiar.

De acuerdo a Marina, son inteligentes aquellas comunidades que por el modo de relacionarse, por el clima afectivo que suscitan, por la coordinación de energías y capacidades, permiten que cada uno de los miembros esté en mejores condiciones para ajustarse a la realidad y resolver sus problemas, en especial los más urgentes y profundos: los que afectan a su felicidad y a su dignidad.

La familia como grupo de personas que se unen por relaciones de afinidad y filiación, no termina con la crianza de los hijos e hijas, no cuando sus miembros deciden mantener el lazo de afinidad y, de esta manera, continuar acompañándose, nutriéndose, apoyándose y alentándose en sus respectivos proyectos y momentos de vida.

Si existen familias inteligentes también existen familias estúpidas, es decir, aquellas cuyos lazos se rompen cuando sus miembros aún requieren del apoyo, protección y cuidado o, que aun conservándolos, el egoísmo exacerbado, el individualismo, el odio, la mala o nula comunicación, la falta de consideración por el prójimo producen un ambiente donde sus miembros se sienten amenazados, perseguidos, anulados, estresados. Situación que los conduce a la desolación, la devaluación, la inseguridad, la enfermedad.

En una familia estúpida sus miembros no pueden crecer, no pueden madurar, no pueden ser felices ni productivos. Lo mejor que pueden hacer los miembros de una familia de este tipo es tomar distancia y armar otra red de relaciones con personas inteligentes que les permitan desestupidizarse —valga la expresión.

Mejor trabajemos en la creación de familias inteligentes: coordinemos nuestras energías y capacidades, practiquemos el cuidado recíproco, mejoremos las condiciones del otro, estimulemos y compartamos la inteligencia, porque de ahí, advierte Marina, de la inteligencia compartida es de donde surgen las normas de vida, los valores de una sociedad, su capital social, sus instituciones y sistemas políticos, la ética que rige su comportamiento. Y como podemos ver, en la actualidad a estas producciones sociales les falta inteligencia.


* Psicólogo / [email protected]

Foto de portada: Pixabay.






Luis López




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