Raúl Muñiz Torres / SomosMass99
León, Gto. / 28 de septiembre de 2014
El 29 de septiembre de 1964, una niña que sabríamos después, contaba en ese entonces con seis años de edad, apareció por primera vez en argentina en el semanario Primera Plana: se llamaba Mafalda y Umberto Eco habría de definirla como «heroína iracunda que rechaza al mundo tal cual es, reivindicando su derecho a seguir siendo una niña que no quiere hacerse cargo de un universo adulterado por los padres».
50 años después, en un mundo que ha cambiado mucho pero no lo suficiente para que esa actitud inconforme e iracunda de Mafalda siga vigente, todo el orbe la recuerda en variadas formas que pueden ir desde filósofa, modelo de rebeldía total y ejemplo de esperanza dentro de un mundo roto; hasta verla también como la ilusión de ejercer una paternidad en la forma y fondo de una niña inteligente, perspicaz, consciente y crítica del mundo en que vive.
La creación del humorista gráfico argentino, Joaquín Salvador Lavado, “Quino”, creció en un mundo en donde Los Beatles (ídolos de Mafalda) punteaban las características de lo que significa convertirse en una leyenda de la música.
Mafalda vio también parte de la historia de la Guerra Fría, fue testigo de la Revolución cultural china y supo de la llegada del hombre a la luna. En dicho entorno, Mafalda no podía dejar de ejercer la crítica si consideraba que era necesario expresar su sentir.
Con una claro desprecio por la guerra, Mafalda podía ser ácida y completamente sarcástica en contra del ser humano y sus actitudes: en una de las tiras, Mafalda conversa con Miguelito, uno de sus amigos y este le pregunta si es posible que en otros mundos existan seres que pudieran vivir en planetas como el nuestro, y la perspicaz niña le responde que “si son inteligentes, seguro no”.
O cuando despotrica en contra de la publicidad y el uso que hace esta de los niños, en aquella tira en donde un comercial en la televisión describe lo fácil que es usar una lavadora que hasta los niños pueden hacerlo.
Molesta por el anuncio y en compañía de Felipito, otro de sus amigos, Mafalda explota y dice: “¿y para insinuar que hasta las señoras torpes pueden manejarlo tienen que usarnos a nosotros?”.
Nada escapaba a la creación de “Quino”, uno siempre podía encontrar respuestas, exabruptos, criticidad, ingenio y gracia en las conclusiones de Mafalda y su percepción del mundo: la guerra, la publicidad, el racismo, la pobreza, la vejez, la amistad, la vida familiar, la solidaridad, el ejemplo, la esperanza o la desesperanza misma estaban en el vocabulario de la cincuentenaria niña.
Mafalda con visión de adulto, con un desprecio por esa etapa de la vida pero a la que sus reacciones le acercaban como una especie de proyección, esa condición psicológica de no querer ser lo que en el fondo o inconscientemente quisiéramos ser.
Pero la niña argentina también era eso, niña y como todos los infantes, odiaba comer sopa pero era también una niña diferente y singular, amaba a Los Beatles, los derechos de los niños, la paz.
Odiaba además de la guerra, a James Bond, que hizo de Miguelito, Susanita, Manolito y Libertad sus mejores amigos y que tenía en Guille, a un hermano menor con una tendencia de personalidad muy cercana a la de ella.
Mafalda creció y su presencia en los medios argentinos se volvió trashumante, pasó de Primera Plana a El Mundo a Siete Días Ilustrados, se editaron 10 libros con la recopilación de todas las tiras. Sus libros fueron traducidos a 26 idiomas y en su país, Argentina, se vendieron más de 20 millones de ejemplares.
Pero nada es para siempre y “Quino” tomó una decisión que probablemente no fue fácil: hacer que Mafalda y sus amigos dijeran adiós. En el portal web, quino.ar, se puede leer lo siguiente respecto de la decisión tomada por el humorista argentino:
“El gran éxito y fama internacional no impedirán que Quino, el 25 de junio 1973, tome una decisión para algunos desconcertante: no dibujar más tiras de Mafalda, pues ya no siente la necesidad de utilizar la estructura expresiva de las tiras en secuencia. Sin embargo, el interés por Mafalda se ha mantenido inalterado, de hecho, sus libros continúan reimprimiéndose y sigue siendo elegida para acompañar diversas campañas sociales (UNICEF, la Cruz Roja Española, el Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Argentina).
Umberto Eco y Mafalda

- Este día Mafalda cumple 50 años de haber aparecido por primera vez en las páginas del semanario Primera Plana.
Quizá una de las mejores descripciones que pueden leerse de Mafalda, su mundo, sus padres y sus amigos, la dio el semiólogo Umberto Eco cuando escribía que “en realidad Mafalda en materia política tiene ideas muy confusas, no logra entender que es lo que sucede en Vietnam, no sabe porque existen los pobres, no se fía del Estado y está preocupada por la presencia de los chinos. Sólo una cosa sabe claramente: no está conforme. La rodea una pequeña corte de personajes mucho más «unidimensionales»: Manolito, monaguillo integrado del capitalismo de barrio, que sabe con total certidumbre que el valor primario en este mundo es el dinero; Felipe, soñador tranquilo; Susanita, beatificamente enferma de espíritu materno, narcotizada por sueños pequeñoburgueses. Y luego los padres de Mafalda que como si no les bastara lo duro que resulta aceptar la rutina cotidiana (recurriendo al paliativo farmacéutico del «Nervocalm»), se ven agobiados, por añadidura, con el tremendo destino de tener que encargarse de la Contestataria”.
Así, Mafalda, nuestra Mafalda, cumple 50 años de haber aparecido por primera vez en la prensa. Un personaje que entendemos y asumimos nuestro porque como dice Eco, representa y representó a una juventud latinoamericana que nos resulta cercana, familiar, que habla un lenguaje que comprendemos, ajeno por ejemplo a Charlie Brown, un prototipo más anglosajón que también le gustó a una época pero que no alcanza para nosotros la calidad entrañable de Mafalda, aquella niña destinada originalmente para anuncios publicitarios y que felizmente se convirtió en la conciencia de una generación y otras más, que la recuerda como la primera vez que leímos sus reflexiones, su inconformidad.
Hoy el mundo sigue igualmente convulso, tal como lo conoció Mafalda; hoy, cruzada la juventud por las nuevas tecnologías y las redes sociales, Mafalda llega a los 50 años de luz pública más vigente que nunca.
Gracias, “Quino”.



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