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Alfonso Díaz Rey*
Domingo 13 de agosto de 2017
“Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”.
José Martí
Hoy, 13 de agosto de 2017, por primera vez el pueblo cubano y millones de personas en el mundo entero conmemoraremos, sin su presencia física, el natalicio de Fidel, un ser humano excepcional.
Y si bien es cierto que su ausencia dejó un enorme y pesado vacío y lo extrañamos entrañablemente, también es cierto que su legado mantendrá vivo su recuerdo entre las mujeres y hombres que en este mundo son amantes de la paz y la buena voluntad.
El legado de Fidel, tan extenso que pudiera parecer una ardua labor su conocimiento y comprensión, puede resumirse en su concepto de Revolución, sobre todo en cuatro de las palabras iniciales contenidas en esa definición: “sentido del momento histórico”.
En ese sentido del momento histórico está la clave para entender a Fidel. Porque no hay que copiarlo ni repetirlo sino comprender su desempeño y respuestas en el contexto de la realidad que le tocó vivir y enfrentar, sobre todo en su constante enfrentamiento con el imperialismo y su eterna labor en favor de los pobres de este mundo, por quienes siempre echó su suerte.
Así, el Fidel estadista, estratega, militar, político, estudioso, pedagogo, visionario, líder, humanista y, en resumen, el Fidel Revolucionario, dejó enseñanzas y ejemplos valiosos cuya esencia deberemos comprender para enfrentar lo que nos es adverso de la realidad.
Ante la superioridad militar, económica y tecnológica del enemigo, llevó sus batallas al campo de las ideas. Y fue invencible.
Su vida fue ejemplo de congruencia con los más altos valores éticos en los que la verdad, la dignidad, la justicia, el patriotismo y la solidaridad tuvieron siempre su expresión más elevada.
Predicó siempre con el ejemplo y fue un incansable luchador por la unidad de su pueblo y la integración de los pueblos latinoamericanos y caribeños para su desarrollo; abogó tenazmente por la paz, las causas justas, la humanidad y por la vida en el planeta.
Profesó siempre un inmenso amor por su pueblo y por los pobres del mundo, amor siempre correspondido y manifestado en forma multitudinaria en Cuba y en cualquier lugar del mundo al que llegara.
Conciente del amor y del respeto de su pueblo y consecuente con el principio martiano que aparece en el epígrafe, su última voluntad fue que se evitara la utilización de su nombre y su figura en manifestaciones de culto a su persona, voluntad que se convirtió en una ley, actitud que lo hace aún más grande.
Y cuando partió llevó consigo el reconocimiento, la admiración, el amor y el corazón de su pueblo y los pueblos del mundo.
Hoy cumpliría 91 años y la vida, así como un 25 de noviembre (1956) lo montó en el Granma para comandar la liberación de su patria, otro 25 de noviembre (2016) lo montaría en una nave que esta vez zarparía hacia la eternidad.
El mayor y mejor homenaje que podemos hacerle es la continuación de sus ideas.
¡Hasta siempre, Fidel! ¡Soldado de las ideas!
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente Regional en Defensa de la Soberanía de Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: diariocorreo.pe
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