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Alfonso Díaz Rey*
Sábado 13 de agosto de 2016
“Milito en el bando de los impacientes. Milito en el bando de los apurados, de los que siempre presionan para que las cosas se hagan, y de los que muchas veces tratan de hacer más de lo que se puede”
Fidel
En la historia de la humanidad han surgido personajes cuya inteligencia y capacidad para entender la realidad en que viven y conducirse en ella, los hacen excepcionales y trascienden más allá de su ámbito personal, territorial o temporal, aun sin proponérselo. Hoy, quienes soñamos con un mundo mejor, tenemos la fortuna de ser contemporáneos de uno de esos personajes, y de alguna manera, conocerlo; ese personaje es Fidel.
La vida de Fidel ha sido una constante, coherente y consecuente batalla de ideas, batalla en la que lo noble y justo de sus ideales, con el sustento de acciones concretas y aunado siempre a una incansable búsqueda por la unidad, han tenido tal capacidad de convocatoria que logró movilizar a todo un pueblo, el cubano, para transformar las estructuras que lo tenían sumido en la explotación, el analfabetismo, la insalubridad, el desempleo y otras lacras producto del capitalismo.
El término “Batalla de Ideas” surgió en el proceso en el que se generaron muchos programas que Fidel promovió. Y fue a finales de 1998 cuando él mismo lo definió: “Los peligros de agresiones militares no pueden descartarse totalmente; pero hoy, hoy eso es lo importante: la batalla es una batalla de ideas.”
Sin embargo, para Fidel, esa batalla inició desde muy joven y se manifestó nítidamente durante su alegato de defensa, que personalmente asumió, durante el juicio por el asalto al cuartel Moncada, el que quedó registrado en un extraordinario documento conocido como “La historia me absolverá”.
Pero el ejemplo de Fidel, y del pueblo cubano, también ha significado un peligro para quienes la libertad de los pueblos es un obstáculo al avance de sus intereses particulares y de sus ganancias producto de la explotación y expoliación, razón por la cual la propaganda imperialista no ha cesado en sus intentos por desacreditarlo, además de los cientos de intentos y planes que durante muchos años llevaron a cabo por desaparecerlo físicamente.
Y Fidel no sólo ha mostrado su gran inteligencia y capacidad en la política y la diplomacia. Es un extraordinario estratega militar y de ello son muestra las campañas durante la ofensiva del ejército de la dictadura contra el Ejército Rebelde, en el verano de 1958, ofensiva en la que durante 74 días el ejército de Batista llegó a concentrar hasta diez mil efectivos contra 300 revolucionarios, y de la que salieron derrotados; la contraofensiva posterior del Ejército Rebelde, que concluyó con la huida del dictador y sus más cercanos colaboradores y significó el triunfo de la Revolución; la Victoria de Playa Girón, en abril de 1961, que en 66 horas derrotaron la invasión mercenaria apoyada por los Estados Unidos y; el diseño de la estrategia en batallas clave durante la guerra contra Sudáfrica, donde participaron unidades militares cubanas en defensa de la independencia de Angola, a solicitud de su presidente Agostinho Neto.
Algo que sintetiza la congruencia y consecuencia de Fidel lo manifestó el primero de mayo del año 2000:
“Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo.”
Para concluir, y tomando una frase de Antoine de Saint-Exupéry utilizada por Marta Harnecker en un reciente artículo alusivo a Fidel: “Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección”. Y a Fidel, si deseamos honrarlo: intentemos mirar en su misma dirección.
Y en su cumpleaños número noventa sirvan, pues, estas dispersas líneas como un modesto homenaje al, en mi humilde opinión, más grande hombre, vivo, que hay sobre este planeta.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular de Salamanca, Guanajuato.
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