SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 1 de mayo de 2020
«La globalización fue encerrada en la camisa de fuerza del neoliberalismo, y como tal tiende a globalizar no el desarrollo, sino la pobreza; no el respeto a la soberanía nacional de nuestros Estados, sino su violación; no la solidaridad entre los pueblos, sino el «sálvese quien pueda» en medio de desigual competencia en el mercado».
Fidel [1]
La globalización, o como algunos estudiosos la llaman, mundialización, no es un fenómeno nuevo ni reciente. Desde que el ser humano ─y de manera general las especies vivas─ tuvo la necesidad de cubrir sus necesidades vitales, se vio obligado a trasladarse a aquellos lugares que le brindaran el mínimo de satisfactores para vivir. De ese modo los hombres primitivos se extendieron y poblaron el planeta.
Ese tipo de movimiento migratorio ocurrió durante mucho tiempo, sin mayores contratiempos que los que imponía la naturaleza. El primer obstáculo fue quizá el surgimiento de la propiedad privada, por el temor de perder una posesión o la imposibilidad de asentarse en un lugar que ya tenía un propietario. Un segundo obstáculo fue la formación de los estados nacionales y la creación de las fronteras entre ellos.
El desarrollo de los medios de producción y el comercio incentivaron el fenómeno. Sin embargo, el objetivo inicial que fue el intercambio, muy pronto sería sustituido por otro: el control de territorios, mercados y materias primas. Tal cambio se dio en el contexto de una transformación en la sociedad, que marcaría el inicio de una nueva era: el capitalismo.
La aparición de los monopolios, que terminaron con la libre competencia y de paso con el sustento en cierto modo romántico del sistema, marcó el inicio de su fase actual, el imperialismo, en la que el peso del capital financiero ha tomado una importancia cada vez mayor, al grado que ahora es preponderante.
Las contradicciones generadas por la concentración de la producción y del capital, y de la cada vez mayor explotación del trabajo humano, entre otros factores, darían origen a las crisis económicas de carácter cíclico, fenómenos que se agudizaron con la presencia de los monopolios y la acción del capital monopolista, hasta abarcar a casi todo el planeta.
La exportación de capitales, la internacionalización del capital monopolista, la ocupación colonial de territorios fuera de las fronteras nacionales y la explotación de trabajadores y recursos de otros pueblos caracteriza la fase imperialista del capitalismo, no solamente se exportan capitales sino también sus deformaciones, contradicciones, problemas y crisis.
Para tratar de paliar esas crisis, el sistema ha recurrido a diversas vías, en las cuales no han estado ausentes las guerras (un indicador de la proximidad de una crisis es el descenso de la tasa de ganancia, además de la sobreproducción). Una de esas vías fue el Estado benefactor, la que una vez agotada dio paso a la imposición de la doctrina neoliberal, la que ya en el contexto de una crisis no solamente económica, sino también política, cultural, ambiental, en fin, de la estructura toda de la sociedad capitalista, desde su imposición ha agudizado cada vez más las contradicciones y problemas del sistema.
El neoliberalismo arrasó con las conquistas sociales y laborales de los pueblos, despojó a estos de bienes y riquezas que eran propiedad comunal o nacional, incrementó los obstáculos para la movilidad de las personas e impuso la libre movilidad del capital monopolista, financiero, especulativo en su mayor parte, como mecanismos para incrementar las ganancias de los dueños del capital.
No obstante la ofensiva mediático-ideológica que hace apología del sistema, sin estar ausente el empleo de la represión, las crisis han seguido presentes y cada vez más severas. Tal ha sido la devastación en todos los aspectos de la vida, y de la naturaleza, que algunos estudiosos han dado por calificar esta época como de crisis civilizatoria.
Actualmente, la presencia de la pandemia generada por el nuevo coronavirus y su superposición con la crisis económica que se advertía desde dos años atrás, han puesto al desnudo las miserias humanas que surgen en la versión neoliberal del capitalismo, que se resumen en el menosprecio a la vida, a la vez que sus limitaciones y el peligro que para la humanidad representa una sociedad en la que un minúsculo grupo mantiene riquezas y privilegios a costa de la explotación del trabajo y carencias de las mayorías y de la devastación de la naturaleza.
Sería ilusorio pensar que la actual crisis generaría por sí misma un cambio en la sociedad. Sin embargo, crea condiciones para iniciar esfuerzos de organización social, y aun política, que impulsen una contraofensiva teórico-ideológica que nos lleve a la búsqueda de formas de convivencia más sanas, justas y equitativas, en las que la cooperación y la solidaridad sustituyan a la explotación y el individualismo.
Globalicemos la esperanza, la paz, la salud, la solidaridad y la felicidad. Los trabajadores y, en general, los pueblos, tienen la palabra.
[1] Intervención en la Cumbre Sur, La Habana, 12 de abril de 2000.
* Alfonso Díaz Rey es miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Imagen de portada: Ria Sopala / Pixabay.
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