SOMOSMASS99
Sara Rivera*
Miércoles 5 de febrero de 2020
No se ignora, según el tipo de estimulación cognitiva recibida por un individuo, que su forma de procesar la información será focalizada o dispersa, a largo plazo o corto, por sólo comentar dos formas posibles. La cantidad de estímulos también es determinante: si un individuo recibe mayor carga de la que puede procesar, su forma de organización, utilidad y desecho se llevará a cabo de manera incompleta. Por ejemplo, ¿cuánto puede recordar una persona (y de qué modo) si observa unas cuantas fotografías durante treinta minutos frente a la situación de verse obligado a mirar varias docenas en el mismo lapso de tiempo? Por supuesto el grado de detalle se verá fuertemente comprometido en el segundo caso. Lo mismo ocurre con la memoria y su canal, ya que la cantidad, el tipo de información y el sentido humano (oído, vista, tacto, gusto) involucrado dará un resultado diferente.
Hacia 1980 se dio un cambio radical en la subjetividad internacional en cuanto al papel y función de la memoria dentro del espacio educativo. A la par, surgió el Internet y el avance tecnológico se propagó masivamente a los hogares. La interferencia de soportes como celulares, tabletas y otros dispositivos tuvo y ha tenido una implicación radical en la manera de interactuar con el conocimiento dentro del aula: estímulos, experiencias y percepciones antes de esta fecha quedaban dentro de la memoria del estudiante gracias a un tipo de enfoque curricular emitido desde el órgano gubernamental autorizado para tal hecho (Secretaria de Educación). En cambio, hoy en día, el nuevo programa educativo para educación básica prioriza aspectos que sociabilicen al alumno por sobre los contenidos disciplinares. La memoria, en este sentido, no está de moda ni dentro ni fuera de la escuela.
Y como suele decirse: con un poco de suerte y si los astros se alinean, los eventos ocurren, así pasó con el uso de la memoria que hoy se ve como un fenómeno obsolescente en el actual currículo nacional. La resonancia ideológica de esta decisión educativa no es menor pues afecta a un poco más de 21 millones de estudiantes mexicanos a quienes se les enseña que guardar en la mente información no es relevante.
Resulta absurdo, para la “lógica” convencional, guardar un dato escolar en el cerebro si éste no sólo puede ser guardado en un dispositivo, sino que ya está registrado y acopiado en el ciberespacio (existen compañías dedicadas al almacenamiento de la información de personas, compañías, gobiernos, comunidades económicas a nivel mundial), entonces ¿qué haría o cómo se convencería a una persona a usar su memoria? ¿Será, por otra parte, que todo el saber humano ya esté consignado en la web?
Foto: Silicón Valley Go.
Y si incluso fuera cierto que todo el saber humano estuviera almacenado en las nubes de las compañías de Silicon Valley, esto sería parcialmente cierto pues suele ser un acumulado descriptivo, el cual aún está muy lejos de transitar por otros patrones humanos (el lenguaje crítico, la metáfora, la ironía), además la inteligencia artificial todavía tiene un tramo largo por recorrer si de la memoria del humor se trata (fenómeno colectivo de la memoria con todos sus referentes). Hay otras formas igualmente complejas: la foto de un ave, no es un ave; la descripción de las alas de un pájaro no hace que éste vuele, así la memoria del celular frente a la memoria humana no hace que ésta funcione ligeramente mejor. Dejar la memoria en la memoria será siempre un brutal reduccionismo de la capacidad que todo ser posee.

Seth (izquierda), deidad egipcia de lo tumultuoso e incontenible, señor del mal y las tinieblas. A su espalda (derecha), Horus, dios del cielo en la Dinastía III. El primero, Patrón del Alto Egipto; el segundo, Patrón del Bajo Egipto. | Imagen: Hablemos de Mitologías.
No deja de causar cierto asombro la fe que el mundo contemporáneo ha depositado en estas extensiones humanas (celulares, nubes, memorias…). La memoria cristaliza la experiencia, integra fenómenos divergentes en los que se ven involucradas áreas complejas de distinto nivel del ser humano: sentidos, cognición, emociones, formas de simbolización que dan sentido a los sujetos. Poseer un corpus cultural implica el uso de la memoria y cierto nivel de inteligencia, su vínculo puede hacer la diferencia en cómo enfrentar un evento que exacerbe lo cotidiano. Se puede observar cómo el arte (cúmulo de memoria hecho símbolo y metáfora) permite al creador resolver lo vivido y lo recordado.
¿Quién quiere dejar su historia, sus recuerdos, fuera de sí? Los astros conspiran para que la humanidad entera lo haga muy pronto: avances tecnológicos, currículo nacional y esa necesidad del ser de extenderse al mundo operan como hace miles de años: las figurillas antropomórficas del paleolítico (hombre lagarto, por ejemplo) o las creadas por las culturas sumerias, egipcias o mesoamericanas dan cuenta de esta necesidad de la especie de extender su existencia más allá de su propio límite. El que deposita en la memoria del celular la memoria personal realiza el mismo acto de extensión, y su deseo de romper con el límite del cuerpo para ir del mundo y volver a sí se cumple primitivamente; lo suyo es un movimiento incesante de ida y vuelta. Sin embargo la revolución tecnológica (tan grande como la invención de la escritura) sin duda creará retos cognitivos y existenciales aún no vislumbrados.
* Sara Rivera López es doctora en Teoría Literaria, escritora y profesora de Teoría Literaria, Análisis de Discurso, Crítica literaria, Ensayo, entre otras materias en diversas instituciones universitarias (UNAM) nacionales, presenciales y a distancia. Se desempeña como especialista en procesos de lectura y escritura a gran escala.
Twitter: @Sara_Rivera
Foto de portada: Devin Kaselnak (@devinkaselnak) / Unsplash.
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