PIA (Periodismo Internacional Alternativo)
3 de noviembre de 2014
El martes se llevarán a cabo las elecciones de medio término en Estados Unidos que renovarán toda la Cámara de Representantes y un tercio de las bancas en el Senado. Los comicios son promovidos por parte de la oposición como un referendo contra el segundo mandatado de Barack Obama, marcado por las fuertes críticas a su política exterior y al descontento general por las dificultades para implementar políticas claves como las reformas en salud y política migratoria.

- Se renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 36 de las 100 curules en el Senado, así como 36 gobernadores de estados, 46 legislaturas estatales, entre otros cargos.
La contienda se centra en ver quién controlará el Senado, hasta ahora bajo dominio demócrata. Los principales sondeos otorgan la victoria para los republicanos, lo que significaría un amplio retroceso para los dos años de mandato que le restan a Obama. Sin embargo, más allá de los aparentes resultados se espera una baja participación en los comicios dado que ninguno de los dos partidos cuenta con la aprobación mayoritaria de los votantes que en su mayoría consideran que todo seguirá igual gane quien gane.
El presidente estadounidense Barack Obama viajó el domingo a Connecticut y Pensilvania para hacer campaña en favor de candidatos demócratas a gobernadores en ambas estados, en el último mitin previsto hasta las elecciones presidenciales de 2016. Allí el mandatario instó a los votantes tradicionales del Partido Demócrata (PD) a movilizarse para evitar una victoria arrolladora del Partido Republicano (PR) en las elecciones legislativas del próximo martes.
Los comicios renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 36 de las 100 curules en el Senado, así como 36 gobernadores de estados, 46 legislaturas estatales, y centenares de otros puestos como alcaldes, concejales, jueces, jefes de policía y demás funcionarios electivos de carácter local.
“Voten, voten, voten”, arengó Obama ante un auditorio a medio llenar, en vistas del fuerte abstencionismo que se augura para las elecciones en las que generalmente la participación ronda el 60 por ciento en las presidenciales y apenas alcanza el 40 por ciento en las legislativas.
Con un discurso centrado en contra de la apatía de los jóvenes y el desencanto con la política, el presidente sostuvo, “no hay excusa para que renunciemos a nuestro poder”, tras poner de ejemplo la participación en las recientes elecciones parlamentarias llevadas a cabo en la desintegrada Ucrania.

- Los comicios en EEUU serán una especie de referendo a la gestión de Obama, marcada por el descontento general por las dificultades para implementar políticas claves como las reformas en salud y política migratoria.
Obama apenas participó de la campaña de los candidatos de su partido debido a la baja popularidad de su investidura presidencial. De acuerdo a una encuesta publicada el fin de semana por el diario The Washington Post y la de noticias cadena ABC, el 50 por ciento del electorado no apoya la gestión de Obama, un 52 por ciento cree que no es un líder fuerte y un 51 por ciento sostiene que no entiende los problemas de la gente.
Se trata de un duro golpe para su gobierno, marcado principalmente por las fuertes críticas a la política exterior de la Casa Blanca: la nueva cruzada en Oriente Medio bajo el argumento del combate contra el Estados Islámico tras más de una década de ocupación imperial -que ya le ha costado al país 580 millones de dólares-; la epidemia de Ébola seguida por el pánico social mediático y la recolonización de África; la injerencia de la OTAN en la crisis en Ucrania y la consecuente política hostil hacia Rusia; y el repudio mundial al bloqueo comercial, económico y financiero impuesto a Cuba desde hace más de medio siglo. Así como por la crisis a nivel nacional, como las dificultades para llevar adelante medidas claves como la ley de salud y la reforma migratoria, junto a la débil recuperación económica y la gran desigualdad económica, los debates en torno al control de armas y el racismo enquistado en las fuerzas policiales, y los graves problemas ambientales que acarrea el desarrollo fracking además del rechazo popular al oleoducto Keystone.
En este sentido, desde el PR pretenden que las elecciones intermedias sean vistas como un referendo contra el gobierno de Obama, por lo que explotan el descenso de su popularidad. Los sondeos pronostican que los republicanos conservarán y hasta aumentarán su mayoría en la Cámara de Representantes, que lideran desde 2010. La contienda se centra en ver quién controlará el Senado, hasta ahora bajo dominio demócrata con un margen de apenas 55 contra 45. La mayoría de las encuestas dan por ganador al PR, con un promedio entre 65 y 90 por ciento, lo que significaría un amplio retroceso para los dos años de mandato que le restan a Obama, signado por el obstruccionismo republicano en la cámara baja, lo que obligará a llevar adelante sus propuestas por medio de decretos presidenciales. Por su parte, si los republicanos no logran dominar el Senado, resultará un fracaso para el futuro inmediato de ese partido.
Más allá de los aparentes resultados, los analistas consideran que los comicios no podrán interpretarse como la expresión popular en contra de un partido o a favor de otro, ya que los supuestos ganadores, los republicanos, tienen menos aprobación a nivel nacional que los demócratas en las encuestas.
De acuerdo a las principales encuestas, la aprobación del Congreso también registra el índice más bajo de los últimos tiempos, con el 13,4 por ciento, convirtiéndose además en la legislatura menos productiva en la historia.
Frente a este panorama, no existe un interés real del pueblo estadounidense en los próximos comicios por lo que se augura una baja participación en las urnas. Según una encuesta del Centro de Investigación Pew, 68 por ciento de los empadronados dicen que no desean la reelección de la mayoría de los legisladores, un índice mucho más elevado que en las últimas dos intermedias, por lo que ningún partido cuenta con aprobación mayoritaria de los votantes.
Asimismo, una reciente encuesta de CBS News refleja que para el 45 por ciento de los votantes no existe gran diferencia entre qué partido controla el Congreso puesto que consideran que las cosas siguen igual que antes. En el mismo estudio, el 76 por ciento desaprueba la gestión legislativa. Además, dos de cada tres estadunidenses opinan que el país avanza en la dirección equivocada y tres de cada cuatro están insatisfechos y/o enojados sobre cómo funciona actualmente el gobierno federal.
Por otra parte, la gran mayoría del electorado también es crítica de la influencia del dinero en las elecciones, las cuales serán los comicios intermedios más caros de la historia, con un costo aproximado de 4 mil millones de dólares, según el Center for Responsive Politics -organización no partidaria que se dedica al tema del dinero en las elecciones-, más del doble que hace 10 años.
En el último tiempo, cada vez más dinero de las campañas proviene de fuentes multimillonarias vía organizaciones privadas que supuestamente operan de manera independiente de los partidos, pero que influyen cada vez más en las contiendas electorales, en esta ocasión al menos 900 millones de dólares; una situación permitida a partir de un fallo de la Corte Suprema de 2010 que eliminó el límite total del financiamiento que pueden hacer entidades en los procesos electorales bajo el argumento de la “libre expresión”.
“En Estados Unidos tenemos uno de los peores procesos electorales del mundo, y eso es resultado casi completamente del influjo excesivo del dinero”, denunció en 2102 el ex presidente Jimmy Carter, referente internacional de evaluación de los procesos electorales, y afirmó que el sistema está envenenado por la “corrupción financiera”.

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