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Harper Lee, tan lejos de Harry Potter

Diálogo Estado / Raúl Muñiz Torres / Top News / 27/04/2016

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PERSIGUIENDO SOMBRAS

Raúl Muñiz Torres

 

Hay una especial fascinación por la vida de escritores de obra breve pero de monumental manufactura literaria que un día decidieron darle la espalda a la fama, a los reflectores, al halago fácil que viene antecedido por cifras millonarias de dólares y la promesa de una vida llena de glamour y efectos especiales.

Harper Lee fue una esas vidas y la más palpable antítesis de alguien como J.K. Rowling, la autora de la serie Harry Potter. Alejada del mainstream y del acoso de los medios de comunicación, Lee se resguardó del mundanal ruido en Monroeville, su pequeña localidad natal en Alabama luego de haber publicado en 1960, su única novela hasta entonces conocida, la majestuosa “Matar a un ruiseñor”.

En dicha obra, encontramos una auténtica lección moral y ética sobre el deber ser, el deber de hacer lo correcto y la congruencia personal sobre ciertos valores y principios que no podemos traicionar para poder mirar siempre y de frente a los ojos de quienes nos quieren y confían en nosotros a plenitud.

Matar a un ruiseñor narra la historia de Atticus Finch, un abogado blanco, padre de Scout, una niña de seis años y de Jem, un chico de 10. Ejemplar en su comportamiento ético, Atticus asume un día la defensa de un chico negro que es acusado injustamente de violar a una mujer blanca.

Ambientada entre 1932 y 1935 en el pueblo de Maycomb (inspirado en el pueblo natal de Lee), Matar a un ruiseñor fue publicada en 1960, precisamente en los años en que el racismo más violento en contra de los negros se encontraba a flor de piel en los Estados Unidos. La recepción por parte del público de la obra de Haper Lee, le llevó a vender 30 millones de ejemplares y luego ver como se trasladaba la historia al cine en una magnífica adaptación del director Robert Mulligan y protagonizada por Gregory Peck como el abogado Atticus Finch.

Era la década de los años 60´s del siglo pasado, la época en que también Guy Debord publicaba su reveladora obra, “La sociedad del espectáculo”, un trabajo filosófico en el cual Debord desgranaba el presente de las relaciones sociales y hacía una espléndida profecía cuando afirmaba que “todo lo que una vez fue vivido directamente se ha convertido en una mera representación” y todo ello, “ha declinado al ser en tener, y de tener en simplemente parecer”, en pocas palabras, la sociedad del espectáculo, “una relación social entre la gente que es mediada por imágenes”.

30 millones de ejemplares y tres oscares es lo más que pudo soportar Harper Lee por parte del mainstream y la sociedad del espectáculo descrita por Debord. En 1964 decidió no volver a dar entrevistas y alejarse para siempre del ruido, de la fama, de la escritura misma.

Su obra, relata el periódico El País en un perfil de la vida de Lee, inició y terminó con Matar a un ruiseñor y sobre las razones que le llevaron a no publicar más, la escritora estadounidense le confesó en cierta ocasión a un amigo que “en primer lugar, por todo el dinero del mundo no estoy dispuesta a someterme a toda la presión y la publicidad por las que pasé con Mockingbird (Ruiseñor) y la segunda, he dicho lo que quería decir y no volveré a decirlo”.

Sin embargo, el año pasado la abogada de Lee, Tonja Carter, encontró y publicó el manuscrito de “Ve y pon un centinela”, una novela inédita de Lee que representa la secuela de Matar un ruiseñor escrita en los años cincuenta, antes incluso de la obra que la encumbró.

Pero las dudas se ciernen sobre Carter debido a que, hay quienes aseguran que Harper no fue quien decidió la publicación de dicha obra porque es extraño pensar que 55 años después, hacia al final de su vida, con una salud precaria, alejada del mundo y según su filosofía de vida, Lee permitiera la edición de una obra que al parecer y además, había ya olvidado y desechado como material de publicación.

Pero al margen de esa polémica, Harper Lee fue consecuente con su decisión de alejarse del mundo y su ruido hasta el final de sus días. Murió el pasado 19 de febrero en una residencia para ancianos en su natal Monroeville y mañana hubiera cumplido 90 años.

Creo que la señora Harper vivirá en el recuerdo de todos a quienes nos gustan las letras por la formidable narrativa moral trazada en su obra. Por el contrario, creo que cuando J.K. Rowling muera (y no tengo nada contra ella) será recordada al paso de muchos años, como una curiosidad millonaria y efectista de la sociedad del espectáculo, una historia de princesas que van de pobres a millonarias, una historia muy alejada de Atticus Finch, de Harper Lee.

Gracias, Señora Harper.

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Luis López




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