SOMOSMASS99
©Gaudencio Rodríguez Juárez*
Jueves 8 de abril de 2021
“¿Por qué en tus artículos pones énfasis en el maltrato infantil en lugar de dar más guías e ideas para el buen trato?”, me preguntó un atento lector. He tomado esa postura porque primero es necesario reconocer y aceptar la existencia del problema, y como sociedad aún no hemos llegado a tal punto, así lo indican las investigaciones y las estadísticas.
Mientras predomine este escenario seguirá siendo necesario difundir las consecuencias dañinas de los malos tratos.
En nuestra cultura suelen impactarnos los casos extremos que aparecen en los medios de comunicación (los cuales solamente son la punta del problema) pero se nos olvidan en cuanto dejan de publicarse. Los golpes, humillaciones y descuidos de menor intensidad y frecuencia que día a día viven los niños y niñas de todos los niveles socio-económicos, se han naturalizado, son parte del paisaje, no nos sorprenden.
Por si fuera poco, en nuestra época se siguen editando libros y manuales que legitiman pautas de crianza perniciosas, me refiero a los que recomiendan el castigo físico como medida disciplinaria.
Un colega que también está en contra de este tipo de disciplina y hurgando en la bibliografía encontró un libro editado en inglés que tuvo a bien compartirme: “Spanking. Why, when, how?”, de Roy Lessin, el cual sostiene la necesidad de golpear a los niños y niñas para hacerlos obedientes y educados; también me anexó la técnica precisa para propinar nalgadas como “medida educativa” (de autor desconocido) la cual estipula:
1) Dígales que les va a dar unas nalgadas.
2) Llévelos a un área neutral: usted nunca querrá avergonzar a un niño delante de hermanos u otra gente más que lo necesario para el momento.
3) Una vez en la posición apropiada, con cuidado explique por qué ellos merecen ser nalgueados y el comportamiento que los llevó a esta situación inevitable.
4) Explique lo que va a pasar: “Te voy a dar cinco nalgadas y luego vamos a hablar de ello durante un minuto, entonces acabaremos”.
5) De ser posible ponga al niño en su regazo, entregue cada manotazo con la mano abierta sólo en sus nalgas y sólo con la bastante fuerza para que su niño sienta una leve incomodidad.
6) Siéntelos a la altura de sus ojos, repita la explicación y hágalos jurar que ya no repetirán el comportamiento indebido, luego pídales perdón y dígales que los ama (!).
En dicha técnica se evidencia lo injusto, indigno, humillante, confuso y esquizofrenizante del mensaje: anticiparle el golpe es por lo menos sádico; llevarlo a un lugar neutral para avergonzarlo y explicarle lo que le va a pasar calculando la dirección e intensidad de los golpes, es una perversión y terrorismo (por eso algunos niños y niñas se convierten en adultos que aprueban estos métodos, como receptores o ejecutores); afirmar que se lo merece es una irresponsabilidad y una mentira; decirle que lo aman después de golpearlo intencionalmente, es simple y llanamente, enloquecedor.
La verdad es que ¡sí se puede evitar nalguear a los niños! Muchos padres y madres ya lo están haciendo en el mundo, ya prescinden del golpe en la educación, y funciona.
Empecé a leer la información recibida con la esperanza de que hubiera sido escrita en la Edad Media. Pero no, el libro y la técnica fueron escritos en pleno siglo XX y de esta “pedagogía negra” se sigue escribiendo mucho en nuestro siglo XXI.
Mucha gente cree en ese tipo de educación, por eso no me sorprende la edición de dicha literatura, lo que me entristece es que haya gente que la compre, porque así será difícil revertir una creencia mundial y dañina.
Sólo teniendo conciencia de daño habrá motivación para aprender de los buenos tratos. No podemos dar vuelta a la página sin reconocer el perjuicio, no podemos ir a la solución saltándonos el problema. Para lograr un cambio genuino y acceder a prácticas de crianza realmente humanas y civilizadas, necesitamos enfrentarlo, aunque nos duela, sin cortapisas, sin eufemismos (golpear no es educar, no hace ningún bien).
Abracemos y respetemos a los niños y niñas para que crezcan en paz. De esta manera tendremos en 20 o 30 años, una sociedad pacífica, respetuosa, sensata, fuerte, sensible, solidaria, más humana.
* Psicólogo / [email protected]
Foto de portada: Marco Albuquerque (@relaxmarco) / Unsplash.
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