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Hñäñüs, comunidad viva

Sociedad Estado / Top News / 13/10/2014

Martha Camacho y Agustín Galo Samario / SomosMass99

San Miguel de Allende, Gto. / Domingo 12 de octubre de 2014

 

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Durante cinco horas, cientos de personas desfilaron para presentar sus ofrendas a San Miguel Arcángel.

Es mediodía del viernes. En el patio de la capilla de San Antonio de Cruz del Palmar todo es ajetreo. Sobre el piso están en proceso de elaboración los xúchiles hñäñüs que este año llevará la comunidad a presentar a la parroquia de San Miguel de Allende con motivo de la celebración de San Miguel Arcángel, el patrono del pueblo. Teodoro Barranca va de un lado a otro, apresurado, atento. Como sargento de la Mesa del Santo Entierro, recae sobre él la responsabilidad de que la elaboración de la ofrenda esté en tiempo y forma.

 

La comunidad no olvida sus raíces

 

Para realizar los xúchiles o cruceros, alrededor de 20 hombres trabajan casi una semana. La gente de Cruz del Palmar ofrenda dos al patrono, uno por la parroquia y otro por la comunidad.

El de la parroquia, que se realiza desde hace 12 años, lleva en el centro una representación del Santo Entierro y debajo símbolos hñäñüs del maíz. Los jóvenes que elaboran las imágenes lo hacen trasladando del papel al alambre la figura. Han aprendido de sus padres, y éstos de sus abuelos.

El cultivo de maíz es una actividad esencial para la vida de Cruz del Palmar. En la actualidad realizan una cosecha al año, la de verano. Pero no siempre fue así, antes del desbordamiento en 1954 del río San Damián levantaban dos.

El crucero tradicional, el que representa a la comunidad incluye las imágenes de los santos médicos. En la parte superior luce una cruz hñäñü. De esta ofrenda nadie recuerda desde cuándo la hacen, “ni los más viejitos”.

Es octubre de 2014. Trabajan en el patio de la Capilla de Descanso construida en 1600. Ahí hay cuatro jóvenes y un niño: los primeros están concentrados en la representación otomí del maíz, el pequeño se sienta con los “grandes” a quitar las espinas a las hojas del chimal. Ellos son los que se encargarán de que la tradición no desaparezca.

El guardián de la tradición

 

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Teodoro Barranca es un orgulloso heredero de la tradición de elaborar los xúchiles.

Teodoro Barranca tiene sobre sí el peso de la encomienda que le dejó su padre Ricardo Barranca y el que le confirió la parroquia en enero de 2013 con la aprobación de la comunidad entera. Él se encarga de realizar las presentaciones (ofrendas) a nombre de Cruz del Palmar, así como de los encuentros con sus hermanos de la región. Es un sacerdote indígena.

Sobre el paso a paso de la elaboración de los cruceros nos cuenta que el primer día tiran la cama, es decir colocan los troncos o morrillos.  Luego se “pone el peine”, esto es fijar los carrizos. Posteriormente hacen las figuras con alambre, aunque recuerda que antes se hacían con lazo. Y al final se viste la estructura con flores de cempasúchil y cucharilla, aunque como cada vez hay menos de ésta, ahora utilizan pino.

Cada elemento que se utiliza tiene un significado, según la historia oral. Teodoro cuenta que el carrizo representa al bambú. A la región los españoles llegaron a conquistar por Puerto de Calderón, venían inculcando el catolicismo. Los hñäñüs se defendieron y hubo muchos muertos. Fue entonces que para sepultar a sus hermanos hicieron camas de bambú.

La cruz de cempasúchil es la representación de la cruz que apareció en el cielo, cuando, en el fragor de la batalla entre españoles y otomíes, se iluminó todo y pararon la guerra.

La cucharilla es una planta de la tierra que simboliza que el humano es de la tierra y va a regresar a ella.

Así, en Cruz del Palmar se realizan dos ceremonias de elaboración, la del 29 de septiembre, día del patrono de la región, San Miguel Arcángel, y la del 31 de diciembre, fecha en que celebran la fiesta del pueblo.

Para Teodoro, Lolo, como se le conoce aquí, la fiesta de San Miguel Arcángel representa el compromiso de participar con la comunidad, su comunidad, de la que está orgulloso.

Y cómo no si la tarea de presentar las ofrendas y de realizar los encuentros con otras comunidades la heredó de su papá, Ricardo, que estuvo 50 años al servicio de la Mesa del Santo Entierro, y éste recibió el encargo también de su padre, Crispín Barranca, quien desde los 16 y hasta los 70 años tuvo la encomienda. De hecho Crispín Barranca fue uno de los primeros sargentos del país.

Teodoro sueña con conocer el Estado de México y Tlaxcala, donde le cuentan que el nombre de su abuelo Crispín está inscrito en letras de oro.

La velación

 

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El momento más solemne de la ceremonia es el acto de solicitar el permiso de las ánimas fundadoras para culminar con la creación de los cruceros.

Una vez que está montada la estructura con los morrillos, cruzados los carrizos y delineadas las figuras, es la hora de adornar el crucero. Es en este momento que se realiza la ceremonia de la velación, que consiste en pedir permiso a las ánimas fundadoras y presentar los trabajos, la cucharilla y flores para empezar a colocarlas en el xúchil.

Pasaban las 9 de la noche cuando  los acordes de los concheros sonaron en la oscuridad, los tres músicos entonaron alabanzas y un grupo de 30 personas, encabezadas por el sargento Teodoro Barranca  iniciaron la ceremonia.

Primero acudieron al calvario de la capilla, donde reposan las ánimas fundadoras. Uno de los hombres carga una réplica del Santo Entierro.

Ahí entonan alabanzas a las ánimas y a los cuatro vientos. Al ingresar a la capilla de descanso de San Antonio, el humo y el olor del copal lo inundan todo.

Teodoro recibe a los concheros y ellos ofrendan con su canto a las ánimas fundadoras. Entonces tiende una figura en el piso, que es una estrella de cucharilla y flores que forma lentamente mientras la música envuelve los sentidos.

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La Tenancha acompaña al sacerdote indígena en la velación. Representa a la Malinche.

La mayoría de los que participan en esta ceremonia son los descendientes de quienes iniciaron con la tradición de elaborar los cruceros. Teodoro los purifica pasando el sahumador por su cuerpo, ahí están los miembros de la familia Banda, una de las pioneras.

Luego se prepara a la Tenancha, que participará el día siguiente en el desfile que culminará con la entrega del crucero en la parroquia de San Miguel Arcángel. La purifican con copal y oración. La música acompaña todo el tiempo.

¿Y por qué se hace oración deteniéndose en cada uno de los cuatro puntos cardinales? Según lo que les han platicado sus antepasados, cuando se formaba una tribu enterraban a los fundadores en cada polo de la comunidad, así sus espíritus los cuidaban. Por eso hoy la ofrenda se hace a los cuatro vientos.

Concluida la ceremonia es momento de pasar a la última etapa de elaboración de los xúchiles. Pero antes se procede a compartir la reliquia, que no es otra cosa que la comida y que consiste en productos de la región: garbanzos, frijoles, tortilla de maíz pintadas con muicle o añil de piedra, una planta endémica de este lugar.

La Tenancha

 

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Todas las ofrendas llevan cucharilla o chimal, una planta en peligro de extinción.

La que sigue o la que va a continuar, ese es el significado de la Tenancha. Se trata de una representación femenina que participa en la procesiones. La mujer camina siempre al lado derecho del sargento, lleva en una mano un lienzo rojo por la sangre derramada de sus hermanos y en la otra una campana para llamar al pueblo a que la sigan. La historia oral dice que es la representación de la Malinche, que traicionó a los suyos y luego quiso volver a su comunidad. Fue entonces que Moctezuma le impuso la encomienda de cargar con esos elementos.

En Cruz del Palmar, quien representa a esa figura es Teresa Salazar Hernández, esposa de Teodoro. La primera vez en la historia que así sucede, con la singularidad de que su origen es irapuatense, no una mujer indígena pero que adoptó y fue adoptada por la cultura hñäñü.

“Esto es para mí algo hermoso, mi suegro nos lo dejó. Es para mí un sueño”. Con estas palabras habla Teresa, quien al igual que su esposo recibió el nombramiento el 6 de enero de 2013. Estará en el cargo por tiempo indefinido, hasta que la comunidad así lo quiera.

 

En peligro de extinción

 

La cucharilla o chimal, elemento básico para la elaboración de los xúchiles está por extinguirse, antes había en los alrededores de Cruz del Palmar, ahora hacen 45 minutos en una camioneta para encontrar la planta y cada vez hay menos.

Por ello, Magdaleno Ramírez, presidente de la Comisión de Pueblos Indígenas, promueve con César Arias de la Canal, del consejo directivo del jardín botánico El Charco del Ingenio el cultivo en de ese agave.

La fiesta

 

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Los monstruos de lazo fueron de los participantes más aplaudidos en la procesión.

Ya es sábado 4 de octubre. San Miguel de Allende reluce de fiesta, todos los grupos se preparan para desfilar en honor del santo patrono San Miguel Arcángel.

En esta ocasión la celebración no fue en la fecha exacta, 29 de septiembre,  ya que por razones de logística y para promover el turismo, se pasó al primer fin de semana de octubre.

Desde las cuatro de la tarde, los participantes comienzan a formarse en la avenida del Ferrocarril.  Esta vez se inscribieron 120 grupos. El desfile arranca a las 5 de la tarde, en un despliegue de formas y colorido que deslumbra.

Por primera vez participan en el desfile los representantes indígenas de las comunidades. Marchan los Jirimilleros, contingente con el que participan por Cruz del Palmar Magdaleno Ramírez y Sabino Ramírez, entre otros otomíes, incluidos algunos de los hombres y mujeres que elaboraron los xúchiles.

Durante horas, por la calle Canal el desfile transcurre entre aplausos de reconocimiento de los sanmiguelenses y uno que otro turista. Uno a uno, los cruceros son cargados en las espaldas de por lo menos diez hombres, representantes de las comunidades. Arriban a la parroquia de San Miguel poco más de una hora más tarde. El presente de Cruz del Palmar, el tradicional, llega a las seis de la tarde y es colocado en el lado izquierdo de la reja exterior del templo.

Parados frente al crucero podemos observar la cruz otomí, los santos médicos, las flores de cucharilla y tortillas pintadas en los costados. Cuántas horas, cuántos días de trabajo significó esta ofrenda. Con la venia de sus ancestros, el xúchil llegó a su destino.

El crucero de la parroquia llegó alrededor de las 7:30 de la noche, lo colocaron en el atrio, del lado derecho. Ahora, a esperar hasta dentro de 12 meses para elaborar otra ofrenda.

En total fueron siete las comunidades que participaron con la entrega de xúchiles: La Estación, Agustín González, Nuevo Pantoja de San Juana Cecilia (2), Las Cuevitas, San Miguel el Viejo, Cieneguita y Cruz del Palmar (2).

¿Y los gringos?

 

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Apenas unos cuantos extranjeros acudieron a observar el desfile, pero a lo lejos, desde las azoteas.

Pero en la celebración también hay discriminación y exclusiones a voluntad propia.

La comunidad de Guerrero, con sus concheros y ánimas, encabeza el desfile. Al llegar frente a la parroquia de San Miguel Arcángel, custodiados por el párroco José Manuel Briones Padrón, la marcha de los danzantes para.

El que da la orden es el sargento Mónico Ramírez, también otomí. Vestido con maxtle, muñequeras, una capa con la imagen de un guerrero indígena, pechera con motivos hñäñüs, penacho con plumas de pavo real, huaraches a manera de clactli y los tobillos anudados con cochas, el hombre se enfrenta con personal de la Dirección de Protección Civil Municipal. Aun entre tanto colorido y su piel morena, los ojos le brillan. Tanto que por momentos parece que despedirán chispas. ¿El problema? El municipio los desvió de su ruta original y no les permitirá, por enésima ocasión, que den tres vueltas al jardín principal. Así lo manda la tradición, pero en aras del orden, la seguridad y la comodidad de los turistas, no podrá ser. Esa es la explicación. Ya para el año que viene se verá, le prometen. Mientras, el párroco se divierte con los reporteros y fotógrafos que cubren la celebración. No es cosa que le corresponda.

¿Y quiénes son esos turistas por los que se modifica la procesión? Son personas de nivel socioeconómico medio y alto, que llegan, los más, del Distrito Federal, Querétaro, Aguascalientes, San Luis Potosí y Jalisco.

¿Y los gringos? ¿Los que hacen de San Miguel su segunda casa y que han llevado a esta ciudad a ser considerada la mejor del mundo para visitar? Sabe. Apenas una decena de ellos se deja ver en el recorrido de más de tres kilómetros desde la central camionera al jardín principal. Uno que pasa entre el gentío con su bolsa del mandado, dos cómodamente sentados en la terraza de un café y cinco más en la azotea. La mayoría, waiting the show, responde uno. Y cuando pasan los primeros danzantes, alzan el cuello para observar el espectáculo. “Cuando es la fiesta de San Patricio ahí sí salen muchos al jardín”, contesta una morenita sanmiguelense.

Como sea, la fiesta por San Miguel Arcángel es la ocasión en que los primeros habitantes de este lugar recuperan su ciudad. Ahora, como decíamos, a esperar otros 12 meses.

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Luis López




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