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Oscar Guerrero / MIRevista Cultural
Moscú, Rusia. / Martes 29 de septiembre de 2020
Inicios y formación académica
La inmensa producción artística de Rusia una y otra vez deslumbró al mundo en diferentes etapas de la historia. Los maestros del arte nacidos en el denominado “mundo ruso” siguen siendo objeto de estudio e investigación en muchos idiomas. Uno de aquellos hombres entregados a esta hermosa actividad al punto de pintar hasta perder el conocimiento fue Ilya Efimovich Repin.
Proveniente de una familia asentada en el poblado ucraniano Chuguev, en aquel entonces Imperio Ruso, Ilya mostró interés hacia la pintura desde que era un niño. Con 13 años fue admitido como estudiante en un taller especializado en elaboración de iconos donde aprendió los conceptos básicos de pintura. Ya hecho un adolescente toma conocimiento del rumbo seguido por uno de sus coterráneos que abandonó su ciudad natal para terminar ingresando a la Academia Imperial de Arte de San Petersburgo. Se trataba de Iván Kramskói, que luego sería su maestro y cuyo ejemplo lo anima a tomar una decisión fundamental: con 100 rublos en el bolsillo emprende un viaje a San Petersburgo. Instalado en la capital del norte frecuenta a Kramskói, quien fue uno de los primeros en advertir su talento.

Ilya Repin. «Retrato de Iván Kramskói» 1882. Óleo sobre lienzo. 94.5 x 74 cm. Galería Estatal Tetryakov de Moscú.
Por recomendación de quien pintara el lienzo “Cristo en el desierto”, Repin logra ingresar a la Academia Imperial de Arte de San Petersburgo en el segundo intento, cumpliendo uno de sus objetivos más anhelados. A la par de sus estudios, Ilya acostumbraba asistir por las noches a casa de Kramskói, donde se reunía la comunidad de artistas itinerantes. La comunicación con los integrantes de este movimiento fortalecería su don creativo.
El joven alumno pasó hambre durante sus años de estudio en la Academia. En aquel tiempo no tuvo dinero para comprar pinceles ni pinturas. A pesar de las carencias materiales nunca se desvió de sus objetivos profesionales.
En 1872, Ilya Efimovich contrae matrimonio con Vera Alekseevna Shevtsova con quien tendría cuatro hijos. Para ese entonces ocurre la rebelión de los trece artistas que solicitaron a la Academia organizar una serie de exposiciones itinerantes por el vasto territorio de Rusia. Irrumpía con fuerza la corriente pictórica más influyente en la historia del arte ruso: la sociedad de artistas itinerantes.
En ese contexto, Repin termina sus estudios presentando el lienzo de trama evangélica «La resurrección de la hija de Jairo». En el proceso de elaboración de este cuadro al autor le vinieron los recuerdos de su hermana adolescente fallecida y a menudo imaginaba qué expresiones faciales tendrían sus familiares si la niña resucitara. La pintura fue elogiada y el joven artista fue galardonado con la gran medalla de oro, que dio derecho a un viaje de seis años al extranjero a expensas de la Academia.

Ilya Repin. «La resurrección de la hija de Jairo» 1871. Óleo sobre lienzo. 229 x 382. Museo Estatal Ruso de San Petersburgo.
En virtud de este reconocimiento Repin se traslada a París con toda su familia. En un inicio el artista creyó comprender que no podía crear ninguna pintura que plantee algún problema de la realidad europea de ese entonces. Se sabe incluso que llegó a criticar a la Academia por haberlo enviado a Francia y, se juzgaba así mismo, por haber aceptado el premio. Aturdido por sus tempranas impresiones escribiría a Vladimir Stasov, a quien consideraba su mentor, las siguientes líneas: «…no tenemos nada que aprender aquí… los europeos se rigen por principios distintos, la visión de la paz es diferente a la nuestra».
No obstante, su inquietud por acercarse a nuevas corrientes lo hace detenerse a valorar el trabajo de los impresionistas franceses. Los métodos y técnicas del impresionismo permitieron capturar el mundo real de manera más natural y viva.
Influenciado por el nuevo contexto Repin pinta el cuadro de corte impresionista “Café Parisino” que a la postre generó encendidas críticas en Rusia. Entre esos juicios resaltan los comentarios de Iván Kramskói en una carta enviada a su ex alumno: “… pensaba que tenía una convicción absolutamente sólida acerca de los principios que rigen el arte, sus medios y especialmente su vocación nacional … el arte sólo se hace fuerte cuando es nacional …. no niego que su cuadro tenga argumento, vaya que si lo tiene, solo que no para nosotros… en una sola palabra se tiene que ser francés …. ”, o, la del propio Vladimir Stasov quien le sugirió dedicarse a trabajar en motivos puramente rusos.

Ilya Repin. «Café Parisino» 1875. Óleo sobre lienzo. 120.6 x 191.8 cm. Colección privada.
Sobre “Café Parisino” es justo destacar también la valentía de Repin para experimentar en un terreno artístico novedoso, cuyas tareas intentó resolver de la forma más simple: creando un lienzo de grandes dimensiones, con personajes del medio respetados y seleccionados de forma rigurosa.
Correspondencias epistolares entre Ilya Repin e intelectuales de su tiempo
Cuando uno lee las cartas de Repin enviadas a León Tolstoi, Vladimir Stasov, Pavel Tretyakov, Máximo Gorki, Anton Chejov y Vasili Polienov, constata como la vida adquiere no solo otros colores sino también un nuevo contorno. Los rincones no parecen tan afilados, los abismos no tan profundos y el camino no tan desesperanzador. A menudo Repin transmite su estado de exaltación ante la belleza que emana de la naturaleza y gentes de su país.

Ilya Repin. «Retrato de Pavel Tetryakov» 1883. Óleo sobre lienzo. 98 x 75.8. Galería Estatal Tetryakov de Moscú.
Algunos teóricos plantean la posibilidad de haberse gestado todo un sistema de correspondencias epistolares entre distintos representantes del arte, la música y la literatura rusas. El contenido de las misivas que con frecuencia se enviaban Repin y Stasov, por ejemplo, podría dar cabida a un estudio separado donde las metáforas, reflexiones y pensamientos sumergirían a muchos lectores en universos paralelos.

Ilya Repin. «Retrato de Vladimir Stasov» 1883. Óleo sobre lienzo. 74 x 60 cm. Museo Estatal Ruso de San Petersburgo.
Vladimir Stasov resaltaría las maravillas que encierran las cartas escritas por Repin destacando que contienen energía, belleza y colorido. Y aunque Repin aseguraba que no le gustaba escribir cartas, el poeta Kornei Ivanovich Chukovski fue testigo de la atracción por la escitura que manifestó escribiendo casi a diario y sin dejar de responder a sus colegas y amigos. Resulta conmovedor advertir también que los párrafos de sus misivas estuvieron impregnados de un gran interés por las personas y todas las manifestaciones de la vida social y artística.
Las correspondencias de quien fuera nombrado docente de la Academia Imperial de Arte de San Petersburgo en 1895, ayudan a comprender en profundidad el desarrollo de su obra, así como sus posiciones ideológicas y estéticas.
Regreso a la patria y consolidación artística
Siendo imposible para Repin estar alejado de su amada Rusia por más de tres años, regresa con el ferviente deseo de reflejar en sus siguientes cuadros los rasgos más distintivos de sus connacionales. Establecido nuevamente en su natal Chuguev, Ilya disfruta del tiempo con los suyos retratando a campesinos, intelectuales, mujeres, artistas e incluso a su familia. Surge así una serie de retratos con marcados elementos expresivos como «Residente de Chuguev S. L. Liubitskaya», “Hombre con mal del ojo”, “Protodiakon” y “Hombrecito de los tímidos”, de 1877.

Ilya Repin. «Residente de Chuguev S. L. Lyubitskaya» 1877. Óleo sobre lienzo. 63 x 51 cm. Museo de Arte de Jarkov.
A inicios de 1878 Repin se establece en Moscú. En un almuerzo organizado por el coleccionista Pavel Tetryakov coincide con el mecenas Sava Ivanovich Mamontov con quien pronto nacería una gran amistad. Por invitación de este último, el pintor visita Abramsevo junto a su familia. El encanto de este lugar, ubicado a las afueras de Moscú, le sirve de inspiración para crear obras como «Retrato de Sabba Ivanovich Mamontov» de 1879, «Paisaje de Verano. Vera Repin en el puente de Abramsevo» y «Despedida del recluta» de 1879 y “Abramsevo” de 1880.

Ilya Repin. «Despedida del recluta» 1879. Óleo sobre lienzo. 143 x 225 cm. Museo Estatal Ruso de San Petersburgo.
Mamontov tuvo un gran respeto por Iliya Efimovich a quien recibió en reiterados veranos en su hacienda de Abramsevo. La importancia de la finca fue que, en su momento, albergó a la élite artística de Rusia. Aquí encontraron refugio e inspiración maestros del nivel de Vasili Surikov, Viktor Vasnetsov, Valentin Serov, Ilya Ostroukhov, Mijail Vrubel, Konstantin Korovin, Vasili Polenov, Iván Shishkin, Mijail Nesterov y muchos otros. El intercambio de ideas entre todos ellos, el compañerismo que reinaba cada vez que se reunían en casa del anfitrión para desarrollar actividades culturales, aún después de mucho tiempo, sigue alumbrando las acciones de todos aquellos que directa o indirectamente están involucrados en el mundo del arte y la cultura.

Ilya Repin. «Retrato de Sava Ivanovich Mamontov» 1878. Óleo sobre lienzo. 71 x 58 cm. Museo Estatal de Arte y Literatura Abramsevo de Moscú.
No cabe duda de que Repin disfrutaba y se nutría de tales encuentros. Su visión del mundo y de su país fueron consolidándose también a partir de la interacción mantenida con los intelectuales de su época.
En el marco de ese inagotable recorrido, entre 1887 y 1891 Ilya Efimovich visita en repetidas oportunidades a León Tolstói en Yasnaya Poliana. Aquí concibió una gran cantidad de retratos y cuadros hechos a lápiz, acuarela y óleo del escritor. La admiración entre ambos titanes de la cultura rusa fue mutua como lo testifican múltiples cartas enviadas a colegas que tuvieron en común. Los paseos en Yasnaya Poliana se sucedieron sin tomar en cuenta el tiempo o lo lejos que se perdían de la casa de Tolstói. Así, era habitual que se olvidaran de la cena y del cansancio mientras hablaban de todo.

Ilya Repin. «Retrato de León Tolstói» 1887. Óleo sobre lienzo. 124 x 88 cm. Galería Estatal Tretyakov de Moscú.
Repin llegó a conformar toda una galería del autor de “Ana Karenina”. 12 retratos, 25 dibujos, 8 bocetos de su familia y 17 ilustraciones referidas a sus libros. Difícilmente exista algún otro pintor en el mundo que haya reflejado de manera tan amplia la apariencia de una persona, más aún, tratándose de uno de los genios de la literatura universal.

Ilya Repin. «Tolstoi arando» 1887. Óleo sobre cartón. 28 x 40 cm. Galería Estatal Tetryakov de Moscú.
Sobre el creador de “Sadko” pueden analizarce muchos otros aspectos de su fructífera y apasionada vida. Se puede abarcar el período de su relación con los artistas itinerantes, la década que dirigió en la Academia de Artes su propio taller siendo docente y académico o sus últimos años de vida en su finca de los Pinates junto a Natalya Nordman, su segunda esposa, donde era el anfitrión de inolvidables tertulias. Pero seguramente nos ocuparemos de todo ello en futuros artículos.
El amor ilimitado que expresó al arte, el genio que no dejaba de reinventarse, de trascender a los problemas de su tiempo e incluso anticiparse a eventos futuros, inscriben el nombre de Ilya Efimovich Repin junto al de otros intelectuales rusos que contribuyeron a hacer realmente grande este país.
Descripción y análisis de algunas pinturas
“Los Sirgadores del Volga” (Óleo sobre lienzo – 131 x 281 cm. Museo Estatal Ruso de San Petersburgo, 1873). El artista contó en sus memorias que la primera impresión de la escena fue avistada a orillas del río Neva en San Petersburgo en circunstancias cuando un grupo de sirgadores realizaban su faena y elegantes señoritas de la antigua capital imperial paseaban por el lugar. Pero la idea no terminó de encajar en lo que buscaba expresar. Uno de sus colegas, el pintor Fiodor Aleksandrovich Vasiliev lo animó a dirigirse al río Volga para interiorizar a plenitud la historia y realidad de los sirgadores de la zona. Y así sucedió. La escena se trasladó al Volga, lo que significó varios años de trabajo, dos viajes al lugar, comunicación diaria y amistad con los héroes de la pintura, trabajo en bocetos, largas horas en el taller, etc.
El cuadro desarrolla una mirada de la cruda realidad de Rusia en aquella época. En primer plano aparecen los rostros de un grupo de esclavos remolcando un barco con sus cuerpos a las orillas del río Volga. Hay miradas de resignación, indiferencia y un personaje central que clava sus ojos en el espectador con rencor como culpándolo de no hacer nada para cambiar la situación de millones de siervos en el país. El mensaje de denuncia de este personaje no puede ser más claro. La armonía de todos estos elementos dan como resultado la expresión de una narrativa innovadora para la época.

Ilya Repin. «Los sirgadores del Volga» 1870-1873. Óleo sobre lienzo. 131.5 x 281 cm. Museo Estatal Ruso de San Petersburgo.
“Sirgadores del Volga” sitúa en el centro de todas las miradas, por primera vez en la historia del arte ruso, a miserables esclavos nacidos en un tiempo donde los derechos de los más vulnerables no contaban.
Cuando la obra se presentó al público en la Exposición Universal de Viena, sorprendió a todos. Vladimir Stasov escribió en el periódico San Petersburski Vedomosti: “Repin irrumpió con un cuadro que no se puede comparar con muchas cosas creadas en el arte ruso hasta hoy. Nadie había visto una imagen tan profunda e impresionante de la vida popular rusa”.
Fiodor Dostoievski comentó que al ver la pintura uno no puede dejar de sentir que está en deuda con esta gente. Según el autor de “Los hermanos Karamasov” los sirgadores nos interpelan a todos diciéndonos “…miren lo miserable que somos y hasta que punto le deben a la gente”.
«Cosacos zapórogos escribiendo una carta al Sultán Mehmed IV de Turquía» (Óleo sobre lienzo – 71.8 x 58.5 cm. Museo Estatal Ruso de San Petersburgo, 1891). Repin visita la región de los Zapáragos con el historiador Dmitry Ivanovich Yavornitsky. Una de las fuentes utilizadas en el proceso de investigación del episodio que ilustra el lienzo fue el libro de Yavornitsky “Páginas maravillosas en la historia de los cosacos zapórogos”. En la escena se aprecia en primer plano un grupo de individuos alrededor del escribano al que el atamán local dicta la carta. Cada uno aparece en postura, gesto y vestido diferentes, situado donde quiere, riendo despreocupado y sugiriendo nuevas burlas al sultán turco. La irreverencia y el desafío al poder eran características típicas de los cosacos.

Ilya Repin. «Zaroshzi» 1880-1891. Óleo sobre lienzo. 71.8 x 58.5. Museo Estatal Ruso de San Petersburgo.
Repin trabajó en una gran cantidad de bocetos e incluso varias veces dibujó el cuadro partiendo desde cero. El artista estudió detalladamente la ropa y los objetos característicos de los cosacos, así como revisó una copiosa cantidad de documentos sobre el hecho histórico.
«Procesión de Pascua en Kursk» (Óleo sobre lienzo – 178 x 285.5 cm. Galería Estatal Tetryakov de Moscú, 1880-1883). Obra que recrea la imagen de toda Rusia: una dama de la aristocracia sujetando un icono, guardias a caballo, mercaderes, clérigos prósperos, una lluvia de golpes y ultrajes cayendo sobre campesinos que avanzan resignados al lado de la procesión. Cada uno de ellos es una personalidad, un personaje en relieve brillante, y todos juntos conforman el personaje central: la imagen polifónica y heterogéna del pueblo ruso en su conjunto.

Ilya Repin. «Procesión de Pascua en Kursk» 1881-1883. Óleo sobre lienzo. 178 x 285.5. Galería Estatal Tetryakov de Moscú.
El autor pone en evidencia que las masas y la clase dominante no profesan la misma devoción que aparentan y ni siquiera son capaces de superar las barreras sociales.
La maestría para cohesionar rostros, ropa, objetos y ambiente de tal modo que parezca posible agarrar todo con las manos, convirtieron a “Procesión de Pascua en Kursk” en una verdadera enciclopedia de la vida rusa.
“Iván el Terrible y su hijo Iván 16 de noviembre de 1581” (Óleo sobre lienzo – 199.5 x 254 cm. Galería Estatal Tetryakov de Moscú, 1885). Óleo pintado en el curso de cinco años en un cuarto especial abandonado, al cual cada cierto tiempo, el autor regresaba experimentando sentimientos de angustia, temor y pánico. El mismo Repin confeccionó los trajes de los personajes: atuendo negro para Iván el Terrible y ropa rosada con matices plateados para su hijo. Kramskói, Shishkin y Briulov se quedaron impactados luego de ser los primeros en apreciar la obra.

Ilya Repin. «Iván el Terrible y su hijo Iván 16 de noviembre de 1581», 1885. Óleo sobre lienzo. 199,5 x 254 cm. Galeria Estatal Tetryakov de Moscú.
La composición del cuadro sitúa la penumbra de las cámaras reales sobre alfombras rojas cubiertas de retazos y una vara abandonada junto al trono. En el centro de la habitación aparecen iluminadas dos figuras. Una de ellas es el padre que en un ataque de ira acaba de cometer algo irremediable y ahora constata horrorizado como su hijo agoniza cobijado entre sus brazos.
Cuando el cuadro fue incluido en la Exposición de Artistas Itinerantes de San Petersburgo se desató una polémica sin precedentes. La inteligencia valoró altamente la obra. Por otro lado, los sectores reaccionarios mostraron su indignación preguntándose como era posible representar a un zar asesino. Cuando la exposición itinerante llegó a Moscú, el coleccionista Pavel Tretyakov adquirió el lienzo, pero por disposición de las autoridades zaristas el cuadro fue censurado por algún tiempo.
“Sadko” (Óleo sobre lienzo – 322.5 x 230 cm. Museo Estatal Ruso de San Petersburgo, 1876). Repin pinta en el extranjero el fabuloso lienzo “Sadko”, que transmite la ilusión de la verdadera profundidad del mar utilizando genialmente la luz de fondo como elemento artístico.

Ilya Repin. «Sadko» 1876. Óleo sobre lienzo. 322.5 x 230 cm. Museo Estatal Ruso de San Petersburgo.
El pintor investigó la diversidad de la vida marina en atlas, visitó diferentes acuarios e incluso se dio tiempo para observar famosos palacios de cristal en Londres.
Es probable que la idea de la obra estuviera relacionada con la llegada a París del pintor Viktor Vasnetsov, creador de lienzos basados en cuentos. De hecho, el mismo Vasnetsov aceptó posar interpretando al personaje central.
La escena retrata a un invitado noble que debe elegir una novia en el reino submarino. Cerca de él pasan bellezas de diferentes nacionalidades, pero Sadko no ve a ellas sino al espejismo de una sencilla muchacha rusa en la profundidad del espacio. El fondo marino con su peculiar flora, peces y moluscos aparecen espléndidamente representados.
Al pintar el lienzo «Sadko» en la que el héroe principal reside en un reino submarino foráneo, Repin parece haberse representado a sí mismo. La nostalgia por su tierra natal que experimentó en los años de su estadía en Europa, en buena parte motivaron la elección de este tema.
“A la patria. Héroe de la guerra pasada” (Óleo sobre lienzo – 50.8 x 34.2 cm. Galería Estatal Tetryakov de Moscú, 1878). Retrato donde aparece un soldado volviendo a casa al término de la guerra ruso-turca. El semblante del personaje trasluce cansancio. Un abrigo en la parte superior lo protege del frío. Al fondo se aprecia el camino y un cielo claro, señal de que las hostilidades han terminado y en adelante espera la calma.

Ilya Repin. «A la patria. Héroe de la guerra pasada» 1878. Óleo sobre lienzo. Galería Estatal Tetryakov de Moscú.
El camino, la suciedad y el cuervo son elementos que forman parte del lienzo y al mismo tiempo traen a colación el estilo melancólico del artista ruso Aleksei Sabrasov. Aquí Repin trasluce su posicionamiento en torno a la realidad contemporánea de Rusia. Para un artista documentalista como Repin el tema del hombre pequeño se sitúa en primer plano.
“No lo esperaban” (Óleo sobre lienzo – 160.5 x 167.5 cm. Galería Estatal Tetryakov de Moscú, 1884-1888). El cuarto de una casa de campo en las afueras de San Petersburgo ilustra el interior del lienzo. En primer plano aparece un hombre recién llegado del exilio. A la derecha una anciana representando a su madre se levanta del sillón. La escena transmite claramente la sensación de que nadie esperaba al visitante.

Ilya Repin. «No lo esperaban» 1884-1888. Óleo sobre lienzo. 160.5 x 167.5 cm. Galería Estatal Tetryakov de Moscú.
Mención especial merece la capacidad de Repin para situar las poses en movimiento de los personajes. En particular llama la atención la figura de la madre que, emocionada, se levanta para ir al encuentro de su añorado hijo. La imagen inclinada de la mujer transmite el desconcierto que genera el suceso. Su pose es tan expresiva que el artista no vio necesario mostrar su rostro optando por representarla en pleno giro corporal.
En este cuadro Repin captura el instante preciso del reencuentro cuando todavía los ojos se resisten a creer lo que ven. El autor mantiene a los espectadores en un estado de tensión y espera. Después todo ocurrirá: la familia dará rienda suelta a sus emociones abrazándose el uno al otro entre llantos, risas, besos y zuzurros.
La narrativa del cuadro abarca los vínculos entre las responsabilidades en la familia, la vida privada y la sociedad. Repin acaso se pregunta si la partida prematura al exilio de este hombre comprometido con la lucha social, al punto de poner en riesgo la unidad familiar, será comprendida o no. ¿cómo debe ser recibido en casa?
El artista configura una verdad psicológica en la caracterización de todos los personajes: la indiferencia de la nueva criada que no sabe quien llegó, el desconcierto de la esposa, el susto de la niña y la alegría del niño. Todos adoptan una posición ante el suceso.
“17 de octubre de 1905” (Óleo sobre lienzo – 184 x 323 cm. Museo Estatal Ruso de San Petersburgo, 1906-1911). Escena que describe el carnaval de la insurrección rusa lleno de locuras, colores y felicidad. En la pintura se transmite el éxtasis popular tras la publicación de un manifiesto que significó en teoría el fin de la monarquía autocrática en Rusia.

Ilya Repin. «17 de Octubre de 1905» 1906-1911. Óleo sobre lienzo. 184 x 323 cm. Museo Estatal Ruso de San Petersburgo.
El valor histórico de esta obra permite establecer el retrato colectivo de quienes participaron en la primera revolución rusa de 1905 reconstruyendo su orientación política y escala de valores. En esa línea, la obra es de un simbolismo magistral: se aprecian a mujeres con vestidos y sombreros elegantes y hombres con trajes impecables entonando temas revolucionarios. El cuadro denota realidad y a la vez espejismo. No es una toma del poder. Solo se celebra la promesa de un zar en apuros que evita el estallido que ocurrirá doce años más tarde.
Repin se ocupó en más de una vez de personajes revolucionarios. En cartas enviadas a sus amigos daba cuenta de «….imágenes largamente concebidas de la realidad que nos rodea, que nos es comprensible y que nos emociona más que todos los eventos pasados». Así, para la posteridad quedaron lienzos como “Arresto de un propagandista” de 1878 y “Ante la confesión” de 1879-1885.

Ilya Repin. «Ante la confesión» 1879-1885. Óleo sobre lienzo. 48 x 59 cm. Galería Estatal Tetryakov de Moscú.
* Las imágenes y el texto se publican en alianza con MIRevista Cultural de Perú.
Imagen de portada: Ilya Repin. «Paisaje de verano – Vera Alekseevna Repina sobre el puente en Abramsevo». Óleo sobre lienzo. 38 x 61 cm. Museo Estatal de Artes Plásticas A. S. Pushkin de Moscú.
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