SOMOSMASS99
Alonso Merino Lubetzky
Martes 15 de agosto de 2017
Los llamados polígonos en desarrollo son cuna de violencia en todas sus dimensiones, no por azar, sino por política de Estado. En la voz de quienes habitan las orillas urbanas de la ciudad de León, Guanajuato, la muerte acaricia a la vida cotidianamente. Los relatos que dan forma a la narrativa de sus habitantes construyen casi a la perfección el escenario de la pobreza, la marginación y el olvido. Ahí no importa la opinión de los expertos, de los funcionarios o de la estadística oficial, sino lo que las personas viven de hecho.
Jacinto López es un antiguo basurero municipal, en el que poco a poco se edificaron casas de manera irregular, con una buena parte de sus colonos echando mano del oficio de la pepena como medio de subsistencia. Hoy esta zona se compone de entre 10 y 15 colonias con alrededor de 50,000 habitantes repartidos en el territorio de forma desigual, con muchas de sus calles sin pavimentar, con incontables terrenos baldíos, basurales, falta de servicios, casas en abandono y construcciones precarias. Hay, sin embargo, diferencias estructurales en el tipo de asentamiento entre las distintas colonias que componen al polígono: unas, las más nuevas, organizadas como fraccionamientos de casas de interés social; otras, las más antiguas, sometidas ya al ordenamiento territorial y regularización que marca el municipio; y otras más, asentadas de forma irreverente sobre el tepetate y construidas con materiales perecederos.
Varios proyectos de obra pública, de desarrollo social y de crecimiento industrial se han puesto en marcha desde la administración priista en el municipio. Entre ellos se encuentran la pavimentación de la avenida principal José A. Godoy y algunas de las calles que la cruzan, la construcción de la Plaza de la Ciudadanía Práxedis Guerrero y de la Escuela Vanguardia, así como la construcción del parque industrial Colinas de León en 2014. Recientemente, en mayo de 2017, se inauguró la ampliación de la planta de tratamiento de aguas, la construcción de un colector sanitario y de una toma pública emprendidas por el Consejo del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de León (SAPAL) [1].
Sin embargo, a pesar de las políticas de orden estatal y municipal dirigidas a esta zona que se ubica en el suroeste de la ciudad, las condiciones de vida y las necesidades básicas de sus habitantes no están cubiertas. Las relaciones sociales son endebles, sumergidas dentro de la violencia estructural que implica habitar las periferias de una ciudad como León. En la lucha por la supervivencia diaria el esparcimiento, la cultura y el ocio pasan a un segundo plano, o encuentran su derrotero en la delincuencia, el vandalismo, la drogadicción, el acoholismo y en la agrupación en bandas principalmente de jóvenes. La falta de participación social es profunda y apremiante, sobre todo si a cambio de ella no se obtienen beneficios materiales como despensas, útiles o apoyos económicos.
Como bandera política Jacinto López no obtiene nada. Es a causa del asistencialismo y del intensivo proceso de industrialización de la ciudad –los cuales se elevan como estandartes de conquista partidista– que las necesidades de sus habitantes no están cubiertas. Asistencialismo e industrialización son dos procesos paralelos que atienden a una necesidad de control social por parte del Estado, aún más en aquellas zonas donde su presencia burocrática es limitada. La apertura de parques industriales, por un lado, se justifica cerca de las periferias urbanas siempre como una forma de resolver la falta de empleo, de ingreso y, por lo tanto, de satisfacción de necesidades. Y el asistencialismo, por el otro, se opera, casi como norma, como un suerte de “política para el silencio”.
Los empleos ofertados por las fábricas dentro de los clústers o parques industriales son mal remunerados y de pésimas condiciones para los trabajadores. Muchas personas deben duplicar o triplicar turnos para obtener un ingreso suficiente. Pero para aminorar el descontento que pueda eventualmente surgir a causa de las condiciones infrahumanas de trabajo y de vida, el Estado provee de bienes materiales que calmen los estómagos y las mentes.
Los apoyos económicos y materiales brindados por las instituciones públicas que, administración con administración sólo renuevan su cubierta, no pueden dar soluciones duraderas a la falta de un proyecto de vida comunitario, cercenado por principio a causa de la expulsión de miles de individuos de sus comunidades de origen a la periferia, privados de oportunidades y de un proyecto de vida digno.
Una ciudad mal planificada y enfocada prioritariamente en la atracción de inversiones para el crecimiento industrial avienta hacia los márgenes no sólo desechos físicos en forma de basura y contaminación, sino principalmente a aquellos sectores sociales considerados de segunda mano.
Más pavimentos y más industria no dignificarán la vida de Jacinto López en tanto la base comunal de la vida no recupere su cauce. La “recomposición del tejido social” –un objetivo siempre presente en la política gubernamental– se encuentra en la búsqueda de la reconstrucción comunitaria del territorio y de las relaciones interpersonales, y no en poner al alcance de la gente bienes que no podrán renovarse socialmente con independencia del Estado.
El desarrollo debe buscar –siguiendo a Manfred Max-Neef – elevar los niveles de autonomía, autodependencia, satisfacción de necesidades fundamentales y de relación orgánica entre los seres humanos y la naturaleza [2]. Esto debe traducirse en una política de Estado que se abstenga del asistencialismo y de la modificación industrial del entorno y de las relaciones sociales. Por su parte, el papel de las oenegés y asociaciones –que comúnmente reproducen las mismas lógicas paternalistas del gobierno– debe ser de acompañamiento y estimulación de los procesos organizativos al nivel de las bases sociales, provocando que las personas se involucren activamente en mejorar sus entornos con sus necesidades como directrices del bienestar.
Las posibles salidas a las condiciones extenuantes de la vida en zonas como Jacinto López se encuentran en la organización comunitaria, donde individuos y grupos puedan afianzar un sentido de pertenencia al territorio y a sus pares; una organización que permita la representación de sus propios intereses frente al gobierno y tenga oportunidad de incidir en las decisiones que los afectan. Por lo tanto, el Estado debe retirar su papel asistencial de las periferias si realmente desea elevar la calidad de vida de sus habitantes. Toda política llevada en dirección contraria recrudecerá la desigualdad, la inseguridad y la pobreza.
Referencias:
[1] Avila, Alfonsina. (17 de mayo de 2017). Pese a déficit en Planta de Desbaste, López Santillana reconoce desempeño de consejeros de Sapal. Zona Franca. Recuperado de: http://zonafranca.mx/pese-a-deficit-por-planta-de-desbaste-lopez-santillana-reconoce-desempenos-de-consejeros-de-sapal/
[2] Max-Neef, Manfred. (1998). Desarrollo a Escala Humana. Nordan-comunidad: Uruguay/Icaria: España.
Foto de portada: SomosMass99.
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