SOMOSMASS99
LA COLUMNA ROTA
Frida Guerrera*
Jueves 7 de junio de 2018
El 13 de julio de 2016 escribí mi primera columna sobre este caso. Una mujer fue encontrada violada y asesinada en kilómetro 66+500 de la carretera México – Puebla, a la altura del municipio poblano de Santa Rita Tlahuapan. Las autoridades dieron por hecho que la mujer tenía aproximadamente 28 años y, al encontrar papel de baño y condones, que se trataba de una prostituta. Sin más investigación, el cuerpo mancillado de esta joven fue inhumado tres días después. En una fosa común en el panteón municipal de Santa Rita Tlahuapan.
Blusa negra sin mangas y con encaje rojo en el cuello, brasier morado, pantalón de mezclilla color gris, calzón azul rey y sandalias rosas. Estrangulada, violada y dejada en una cobija azul. No había más registro de esta mujer.
La desconocida 6 para las autoridades poblanas, el feminicidio 25 en Puebla y el 302 en el país, en el 2016 de nuestro doloroso compendio. Su identidad la descubrí muy tarde.
Una niña de 13 años fue reportada en Oaxaca el 28 de abril de 2016 por su madre, una mujer de origen indígena, originaria de Candelaria Mixe, agencia municipal del municipio de Zacatepec Mixe, en la Sierra Norte de Oaxaca.
A finales de junio, luego de que el colaborador cotejara a las mujeres desaparecidas y las no identificadas de feminicidios, nos percatamos de que la ropa antes descrita era muy similar a la de esa niña indígena desaparecida el 5 de abril en Oaxaca.
La mujer a la que se le señaló como una joven de 28 a 30 años, era en realidad Karina Reyes Crescencio. Sí, esa niña desaparecida en Oaxaca, a la que su madre tardó 22 días en reportar porque ni siquiera sabía cómo hacerlo porque no habla bien el español, no sabía sabe leer ni escribir y mucho menos cómo poner una denuncia, o siquiera tomar el camión indicado para llegar a Ciudad Judicial.
A más de dos años del feminicidio de esta niña las Fiscalías del Estado de Oaxaca y Puebla siguen sin dar respuesta a Elsa, la madre de la menor, una mujer que no rebasa el metro y medio de estatura. Una madre que lo único que pedía era que su hija fuera regresada a su pueblo para ser enterrada con su hermana y padre, quienes unos años antes habían perdido la vida: ella por una enfermedad que nunca le explicaron, y su esposo porque “tomaba” mucho.
Durante más de dos años las autoridades de ambos estados han hecho caso omiso de este aberrante crimen. Las preguntas se agolpan a pesar del tiempo. ¿Por qué?, ¿Por ser indígena?, ¿Porque saben que su madre, ocupada en el sobrevivir a diario con el resto de sus hijos, no sabe cómo exigir justicia?, ¿Por ser una más? ¿Porque pensaron que al arrojarla a una fosa común nadie la buscaría?
Durante siete meses, desde FridaGuerrera, nos dedicamos a reclamar para que las autoridades poblanas y oaxaqueñas regresaran el cuerpo de Karina a su madre. La exhumación y traslado del mismo se llevó a cabo el 9 de noviembre de 2016.
Finalmente, su madre, esa mujer exigua, de ahora 37 años, tuvo frente a ella la caja donde se encontraban los restos de su hija nacida el 5 de mayo de 2002, en uno de esos lugares que abraza la naturaleza, lleno de árboles, lluvia y magia.
El contexto
En 2011 la familia de Karina inmigró de su pueblo para instalarse en Pueblo Nuevo, Agencia Municipal, muy cerca de la capital de Oaxaca, en busca de nuevas oportunidades de vida. Ahí, Elsa inició el trabajo como trabajadora doméstica, lavando y planchando ajeno. Su esposo, albañil, murió un par de años más tarde. Esto generó que Karina trabajará, además de estudiar español y la primaria, en la Agencia Municipal. La pequeña laboraba en el restaurante de “Doña Carmen” limpiando mesas, trastes y barriendo el lugar.
Hasta ahí llegaban infinidad de comensales, sobre todo traileros. Uno de ellos, de nombre Mariano, fue el que -según declarantes- se llevó a Karina aquel 5 de abril de 2016. Tal vez drogada o borracha, porque la niña como señalaron algunos de estos testigos no se veía bien cuando abordó ese tráiler rojo.
Nadie supo más de ella.
El feminicida de Karina sigue libre, tal vez agazapado ahora en un nuevo lugar, esperando para atacar a su siguiente víctima. Si es que no lo ha hecho ya.
A nadie le interesa dar con él, no se han generado los oficios necesarios para solicitar los resultados de la necropsia, ni siquiera han definido qué fiscalía tomará la investigación.
Karina no puede y no debe ser olvidada en los miles de casos de feminicidio que azotan a este país de la vergüenza. Karina no debe ser archivada en una carpeta no resuelta. Karina merece justicia y que quien se atrevió a lastimarla ser castigado.
También las autoridades están obligadas a no permitir que esté sujeto nuevamente viole, liquide y deseche como basura a una niña más, en el país donde -el mensaje es claro para sujetos como Mariano- puedes asesinar, secuestrar, violar, arrojar como papel a una niña y difícilmente serás castigado.
Karina era una niña mixe que conoció a quien aprovechó la situación y se la llevó. No buscó ser asesinada, no provocó que esté sujeto la violara. Tampoco les sugirió a las autoridades que no hicieran lo que deben, investigar y detener a quien la lastimó.
Desde este espacio pedimos, exigimos a las autoridades de Puebla y Oaxaca, detengan al feminicida de Karina. De lo contrario tenemos la certeza de que lo volverá a hacer, para ellos el mensaje es claro. Y eso como sociedad no podemos permitirlo.
* Comunicadora libre, bloguera mexicana.
¿Quieres contar una historia de feminicidio, desaparición o intento de feminicidio? Búscame, ayúdame a visualizarlas.
@FridaGuerrera
Imagen de portada: Pixabay.
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