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¿La adopción es de ida y vuelta?

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Top News / 23/05/2019

SOMOSMASS99

 

©Gaudencio Rodríguez Juárez*

Jueves 23 de mayo de 2019

 

En más de una ocasión he escuchado a padres adoptivos decirle a sus hijos —ahora adolescentes—: “Desde que te vimos en tu cuna nos sonreíste, nos diste los brazos y tú también nos adoptaste a nosotros”.

Aunque la intención de tal expresión es transmitir el amor con que recibieron al hijo, a este, ahora adolescente, no le sienta del todo bien.

A uno de ellos le escuché responderle a su mamá: “De niño me gustaba esa historia, pero ya no me la cuentes más, pues tal cosa no es verdad, yo siendo bebé no pude elegirlos a ustedes, ustedes eran los que estaban frente a mí para cuidarme… y se los agradezco”. No había un tono de reclamo en su expresión, sino una ligera molestia al pretender responsabilizarlo de una decisión donde él no estaba en condiciones de participar.

La realidad es que la adopción —sobre todo de un recién nacido— es un proceso humano amoroso donde los padres toman la iniciativa de adoptar al bebé sin que este tenga posibilidades de hacer lo mismo.

Me explico. Adoptar viene del latín adoptare que significa elegir, desear a alguien, vincularlo.

Desear, a su vez, es una capacidad humana superior, pues implica la capacidad de discernimiento, elección, procesamiento mental, conciencia plena para salir de sí y disposición y disponibilidad para vincular al bebé. Es claro que el bebé no cuenta con una estructura mental para realizar tales cosas. El bebé sólo cuenta con necesidades y reflejos para apegarse a quien esté disponible y con ello garantizar su sobrevivencia.

Desear, pues, es diferente que necesitar. Los padres pueden desear a los hijos. Los hijos, en el inicio, sólo necesitan a sus padres. Será más adelante que podrán desearlos, es decir, adoptarlos. Esto será cuando la sobrevivencia esté garantizada, el buen trato estimule el amor del niño y existan las condiciones para que éste los elija desde el deseo.

Creo que es por esta razón que a los hijos adoptivos no les sienta del todo bien expresiones del tipo: “Tú también nos adoptaste desde el principio”, “Tú nos elegiste a nosotros desde el primer día”…

He participado en la gestión de la adopción de muchas niñas y niños de todas las edades, observando que, aun los y las adolescentes, parten más de la necesidad que del deseo a la hora de externar sus expectativas sobre los padres que esperan tener. Por eso no les importa tanto los aspectos físicos, sexuales, históricos, socio-económicos, estéticos… de los adoptantes. Lo único que necesitan es alguien que les proporcione cariño, cuidado, protección, respeto y seguridad.

Ellos aman porque necesitan al otro, así es el amor de los niños. Sólo alcanzando cierta autonomía e independencia se está en condiciones de amar de una manera madura.

Se dice que los hijos biológicos no escogimos a los padres. Fueron ellos quienes decidieron crearnos. Y, honestamente, ellos tampoco nos escogieron, no totalmente. Ellos metieron sus genes y sus deseos en una licuadora y el resultado fue un hijo generalmente diferente al ideal que imaginaron.

Vale decir que muchas veces los hijos biológicos nacimos más por necesidad que por deseo de nuestros progenitores, y si ahora gozamos de salud mental es porque a base de conocernos y convivir, terminaron por adoptarnos, por desearnos. Y es que nadie ama lo que no conoce, dice la sabiduría popular. Es la convivencia la que acerca los corazones y posibilita el fluir del amor.

Pues así como los hijos biológicos no elegimos a nuestros padres, los hijos adoptivos tampoco. Y tal cosa no es una tragedia, sino una condición natural. Una empresa trascendental como lo es la vinculación no puede quedar en manos de bebés o niños, es mucha responsabilidad. Tal función corresponde a los adultos.

Entonces, para mayor precisión amorosa: “Te pensábamos aún antes de conocerte, te deseamos desde la primera vez que te vimos y a partir de entonces comenzamos a amarte. Tú nos necesitaste, aceptaste nuestra paternidad/maternidad desde el primer momento, y con los años nos fuiste amando; conforme crezcas estarás en condiciones de adoptarnos, o sea, de desearnos, de elegirnos propositivamente, de tomarnos en tu corazón y en tu mente para toda la vida. Confío en que lo harás pues te hemos ahijado con amor”.


* Psicólogo / [email protected]

Foto de portada: Giu Vicente (@guivicente) / Unsplash.






Luis López




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