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La CTM en el origen: huelgas y discursos fuertes; pero débil estructura

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SOMOSMASS99

 

Oscar Alzaga*

Martes 26 de abril de 2022

 

Dijimos en entregas anteriores que la trayectoria histórica de los sindicatos industriales nacionales era mejor en logros y autonomía que la trayectoria de las centrales, cuyos momentos de gloria fueron más efímeros. Así, de ferroviarios, mineros, petroleros, telefonistas, electricistas, magisterio y otros, logran varias y grandes huelgas y luchas a lo largo del siglo XX; en cambio, fueron menos en la CROM, CGT, CROC, COR, Congreso del Trabajo (CT) y otros. Veamos.

El grupo de Vicente Lombardo Toledano (VLT) surgió como escisión de la CROM, en octubre de 1933, y formó la Confederación General de Obreros y Campesinos de México (CGOCM), un antecedente de la CTM; el otro, fue el surgimiento aparte de los sindicatos nacionales de industria: ferroviarios en 1933, minero en 1934, petrolero en 1935, nuevo perfil del telefonista con la huelga de 1935, SME en 1914; a la vez, en 1929 nace la Confederación Sindical Unitaria del PCM. Esos tres grupos formaron en junio de 1935 el Comité Nacional de Defensa Proletaria (CNDP), convocados por el SME y Mineros. Ya en el gobierno de Lázaro Cárdenas (LC), la crisis Calles vs. Cárdenas, se debió a los cientos de huelgas de 1935, su trasfondo fue la confrontación capital y trabajo; la derrota de Calles fortaleció ese año a Cárdenas, al movimiento obrero y a la CTM, que nace en febrero de 1936.

A eso, agreguemos: la crisis política de 1928 por la reelección de Obregón, su muerte y, después, el “Maximato” de Plutarco Elías Calles (PEC); ambos desvirtúan la Revolución y la Constitución. Luego, en 1929, la crisis económica mundial agravó la situación nacional y en particular la laboral. Para 1933, de los grupos políticos surgidos en la revolución, los mejores se agrupan en torno a Cárdenas y el debate por la educación socialista los fortalece, lo mismo que el Plan Sexenal y la campaña electoral presidencial que recorre el país y entra en contacto y suma a campesinos e indígenas. Ese proceso, en 1933, favorece el cardenismo y, a la par, al movimiento obrero.

La CGOCM, integrada con sindicatos pequeños y medianos, impulsa varias luchas y aprovecha la coyuntura favorable para crecer y dejar desmoronar a la CROM desde 1928 hasta 1933; ya para 1936 deja de ser la central más importante del país. Con VLT está el grupo los 5 “lobitos”, con Fidel Velázquez (FV) a la cabeza, que vienen de la Federación del DF y otras federaciones de la CGOCM y apoyan a VLT como el líder principal de la primera etapa de la CTM; a la vez, van formando las demás federaciones de los estados en la CGCOM, lo mismo, meses después, en la CTM hasta tomar ellos la dirección, en 1941. Para fines de 1934, en su Primer Congreso la CGOCM contaba con 962 agrupaciones obreras y campesinas y con un total de miembros 234 471 miembros. (Ver Futuro, núm. 5 y 6 de 1934)

La CROM nace en 1918 con un buen programa, con 115 delegados, de 113 organismos, con 7 mil miembros, pero pronto se subordina a los gobiernos de Obregón (1920-24) y Calles (1924-28); en 1922 forma el Partido Laboral Mexicano y en 1924 Morones su líder es también secretario de Industria, Comercio y Trabajo, desvirtuando los principios de la organización. Para 1924 presume un millón de socios.

La CGT surge en febrero de 1921 como disidente y a la izquierda de la CROM, no logra su unidad interna pero sí se beneficia de las escisiones de esta; así crece de 15 mil socios en 1921 a 80 mil en 1929; y para 1932 baja a 20 mil.                                

Desde 1933 la correlación de fuerzas es favorable a LC en contra de Calles, y se resuelve en definitiva al calor de las huelgas en 1935, más económicas, pero en 1936 y 1937 serían más políticas. En tres años estalla el mayor número de huelgas de la historia hasta hoy: 1892 huelgas en total; 642 en 1935, 674 en 1936 y 576 en 1937; involucrando un total de 321 mil trabajadores. Más notable fue la gran calidad de las huelgas. Así, el crecimiento de los sindicalizados se triplica, de 294 mil trabajadores, en 1935, a 878 mil, en 1940. (Ver libro El mercado de trabajo, de G. Marín, FCE, 1955)

De 1935 a 1940 se logran los mejores contratos colectivos de trabajo (CCT) y nuevas prestaciones, como la jubilación contractual (no la pensión de IMSS ni de ISSSTE), la bilateralidad que democratiza las relaciones de trabajo con el “acuerdo entre las partes: capital y trabajo”, acaban con el “mando y obediencia” impuesto en 4 siglos, desde la conquista hasta el porfiriato, que fuera atacado por las huelgas de Cananea en 1906, Río Blanco en 1907 y ferroviarios en 1908, de igual modo atacan la presencia y privilegios de obreros extranjeros en puestos de mando y con salarios muy superiores, racistas y discriminatorios.   

En el cardenismo mejoran los salarios mínimos y contractuales, y el empleo con estabilidad o base, deja de ser eventual la mayoría. Todo esto fortalece a la CTM, a los sindicatos nacionales y al movimiento obrero. Al integrarse en la Central más grande de la historia los trabajadores desempeñan distintos roles; las huelgas más importantes sin duda fueron las de los sindicatos nacionales: 1935, telefonistas; SME, 1936, fue una huelga general en el centro del país; ferroviarios, 1936, fue impedida por el gobierno pero se llevó a cabo un paro y una protesta nacional; los 25 mil jornaleros de Comarca Lagunera; henequeneros de Yucatán, en 1936; la Vidriera de Monterey, 1936; la huelga general petrolera de 1937, etc.

En el interior del movimiento obrero la situación era distinta: los “lobitos” se fueron apoderando primero de las federaciones, estructura organizativa de la CGOCM y, desde 1936, de la CTM, con el apoyo del indiscutible líder VLT, quien era el líder mejor preparado, pero no el más influyente, ya que en le crisis de gobierno de junio de 1935, Calles acusó primero al líder ferroviario Alfredo Navarrete y en segundo lugar a VLT, de la CGOCM, del movimiento de huelgas que azoló a la patronal nacional; PEC salió en defensa patronal. Cuando en 1935 se forma el CNDP se pone a la cabeza de las huelgas VLT, y de la fundación de la CTM en 1936, era quien contaba con mayor habilidad política entre los líderes. Los grandes sindicatos nacionales no logran integrar y unificar un grupo interno, lo que si hacen después fuera de la CTM con la CUT, en 1947. El IV Consejo de la CTM, en abril de 1937, es un enfrentamiento entre las dos corrientes más fuertes: VLT y los 5 “lobitos” vs. Sindicatos nacionales y PCM, donde este último, dependiente de Moscú, declina a favor de los primeros.

De 1935 a 1937 las grandes huelgas, las más importantes, fueron de los sindicatos nacionales de industria, no de los 5 “lobitos” ni de VLT, aunque éste se pusiera al frente de ellas en forma declarativa, como líder de la CTM; como fue en la huelga del SME de 1936, o en la huelga de 25 mil jornaleros y sus familias de la Comarca Lagunera en 1936, organizada por lideres jornaleros, maestras y comunistas, y al triunfar diera paso a la reforma agraria cardenista, la más importante de la historia e influyente en Latinoamérica. Y así llega a la huelga petrolera de 1937, que en marzo de 1938 culmina con la expropiación desea industria. 

VLT aprovecha el prestigio internacional de esa etapa para integrar la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL), en septiembre de 1938, con las centrales de 20 países de la región. Lo que en 1945 permite a VLT, al frente de la CTAL, participar en la creación de la Federación Sindical Mundial (FSM), la más grande en su tiempo, hasta que la guerra fría y el anticomunismo de Estados Unidos y la OTAN la escinden en 1949. 

Algo similar ocurrió en la huelga de 10 días del SME que triunfa de 1936, una huelga general de 10 días en el centro del país, extraordinariamente bien preparada para afectar lo menos al pueblo, no abarca el nixtamal, la leche ni los centros de salud, en cambio deja sin energía eléctrica el centro del país, hasta lograr el triunfo.

El conflicto petrolero inicia con las huelgas parciales de 1933 en la empresa inglesa El Águila y la yanqui La Huasteca, y las de varios sindicatos de las mismas empresas en 1934, las últimas asesoradas por el abogado Mario Pavón Flores. En 1935 se unifican 19 sindicatos de esas empresas en uno solo, el que para 1936 demanda la firma de un solo CCT, en 1937 va a la huelga general y luego demanda un conflicto colectivo de naturaleza económico, que prueba lo falso e injusto de los argumentos de las empresas extranjeras ante las demandas obreras; y las empresas pierden los amparos, la Standard Oil, gringa, y la Royal Dutch, inglesa, que eran las más poderosas del mundo; lo cual preparó el 51% de las condiciones para el 18 de marzo de 1938: la nacionalización de la industria petrolera mexicana, de enorme repercusión en Latinoamérica y el mundo. El sindicato petrolero escribió una de las páginas más brillantes de la historia.

Estos aspectos expuestos sobre las centrales y los sindicatos nacionales, así como la participan de ellos en los grandes momentos de la historia de 1918 a 1940, dejan ver una participación fundamental de la lucha obrera en los grandes cambios del cardenismo, que sin esa participación serían inexplicables esos cambios. Lo cual nos lleva a dos reflexiones: a que la clase trabajadora nacional está muy lejos de ser “las masas cardenistas” de las que escribiera Arnaldo Córdova (1974) y otros seguidores, como si se tratara de borregos o masas bajo la orden del presidente. Cuando en realidad se trata de un movimiento social activo y en lo fundamental, de sus acciones, autónomo; si bien débil ideológica y políticamente, no muy alejado de la izquierda nacional, con mayor responsabilidad al respecto. Por cierto, Octavio Paz (1949), en El Laberinto de la Soledad, tiene una opinión del cardenismo, previa y similar a la de Córdova. Visiones muy alejadas de la realidad, desde los escritorios. 

De 1933 a 1946 se desarrolla un poderoso movimiento obrero, al que el gobierno de derecha y anticomunista de Miguel Alemán hizo frente con el uso sistemático de la violencia y de acciones ilegales, con los llamados “charrazos” y una política anti obrera a fondo para frenar y desvirtuar el movimiento obrero.

Por otro lado, la historia nunca deja de ser una excelente maestra de la lucha social y política, a condición de que nos acerquemos a ella. Por eso creemos que a la 4T le ha faltado el apoyo -activo e independiente- de los trabajadores, en la lucha por el rescate de sus propios derechos laborales y de los del patrimonio nacional de los hidrocarburos, petróleo y electricidad, y minerales, como el litio y otros productos del futuro. Falta ejercer la soberanía nacional y popular, ya que la consulta popular y la revocación de mandato no son otra cosa que la soberanía popular o democracia participativa. 

Pero desde muchas instituciones actuales de gobierno se prefiere un movimiento obrero inactivo y dependiente de los líderes tradicionales del PRI.


* Abogado del Sindicato Minero y la Confederación Internacional de Trabajadores (CIT),  miembro de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos (ANAD), la Asociación Latinoamericana de Abogados Laboralistas (ALAL), y la Asociación Internacional de Juristas Democráticos (AIJD).

Foto de portada: Memoria Política de México.






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