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La culpa será del mercado

Diálogo País / Top News / 24/02/2017

SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 24 de febrero de 2017

 

Después de los exagerados y antipopulares aumentos de precio a los combustibles, como regalo de año nuevo, los que originaron protestas en casi todo el territorio nacional y tuvieron la virtud de generar alianzas entre sectores de la población con diferentes posiciones económicas, políticas e ideológicas, el gobierno canceló dos aumentos que había programado aplicar el 4 y 11 de este mes, para después liberar sus precios.

Aun cuando no se dieron los incrementos de 4 y 11 de febrero, en un intento por calmar la indignación popular, a partir del pasado lunes 20 se liberaron los precios, que ahora estarán sujetos a los designios del mercado internacional.

Pareciera que con esa medida Peña Nieto y compañía apostaran a evadir responsabilidades cuando fueron ellos quienes dieron el tiro de gracia a la industria petrolera, antes nacional, para transferirla al capital privado mediante la inconstitucional reforma energética, como consumación de las añejas exigencias del capital monopolista financiero en el contexto de la globalización neoliberal.

Pretenden direccionar la indignación y el descontento causado por su desastrosa e ineficiente conducción del país hacia una entidad, el mercado, que en apariencia es imposible ubicar geográfica y físicamente, para de esa manera y con la insistencia de la cantaleta neoliberal de que el mercado es la entidad que regula la economía, la vida y asigna los recursos de una manera natural y casi mágica para alcanzar el equilibrio necesario a fin de que todo marche perfectamente, cantaleta que ya tienen aprendida los jilgueros y periodiqueros oficialistas para difundirla por los medios privados y oficiales.

Afortunadamente, no se requiere ser economista para tener una idea de lo que es, o no es, el mercado; basta con saber leer y tener la disposición de conocer un poco de la historia del desarrollo del hombre y la sociedad.

De esa manera podremos darnos cuenta que el mercado, de la manera que nos lo presentan los neoliberales, empezó a desaparecer en el momento en que surgieron los monopolios, consecuencia del desarrollo del capitalismo en el tránsito a su fase imperialista, momento que se dio en el último cuarto del siglo antepasado. Su muerte definitiva la decidió el capital financiero cuando se volvió hegemónico y definió la forma y magnitud de las relaciones a nivel mundial.

Y es que en tiempos de la fase mercantil del capitalismo, las diferentes mercancías se equiparaban con base en el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlas y sus precios, sobre esa base, guardaban una relación hasta cierto punto equilibrada (la ley del valor).

Con el advenimiento de los monopolios fueron estos los que definieron los precios de las mercancías, ya no fundamentalmente con base en el tiempo de trabajo para producirlas, sino en la ganancia que pretendían obtener y que su carácter de productores únicos o mayoritarios les permitían fijar e imponer precios. No obstante, en esa fase inicial de los monopolios aún, de alguna manera y con algunas distorsiones, operaba la ley del valor.

Cuando el capital financiero adquiere hegemonía en el sistema capitalista y la especulación se vuelve una vía para obtener riqueza prácticamente sin trabajo de por medio, acentuando su carácter parasitario, la ganancia se convierte en la parte definitoria de los precios y de todas las relaciones económicas, situación que afecta a las demás esferas de la vida.

Y en nuestro caso, México, ¿quiénes constituyen ese sector de parásitos?

Sin temor a equivocarnos podríamos incluir a la oligarquía local y a la extranjera, a la alta burguesía y a los miembros prominentes del gobierno y del Estado.

Y los gasolinazos, el alza generalizada de precios de los productos básicos, la precariedad del empleo, la baja calidad de la educación y de los servicios de salud, la inseguridad, la violación cotidiana de los derechos humanos, la pobreza y miseria que agobian a más de la mitad de la población, el despojo de las riquezas naturales y los bienes nacionales y, en general, el desastroso estado en que actualmente se encuentra este país, es obra y gracia de ese grupo de parásitos que insisten en llevar a México por la vía neoliberal, que es la que les representa las mayores ganancias.

Ellos son los representantes del gran capital financiero y de ese mercado que para facilitar la entrega del país al capital privado nos han vendido como la solución a todos los males; son, como clase, los responsables de la situación de México; así que aun cuando pretendan desviar la atención hacia algo intangible como ese mercado, son ellos, en carne y hueso, quienes deberán responder al pueblo cuando exija cuentas de los daños causados a la nación.

* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Observatorio Biosfera de Salamanca, Guanajuato.

Foto de portada: Saúl López / Cuartoscuro.






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