SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 9 de agosto de 2019
Nuestra Constitución considera la democracia «[…] no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo.» (Artículo 3°).
Y sería saludable preguntarnos: ¿Es esa la democracia que vivimos los mexicanos?
Al primer contacto, la realidad se muestra bien distinta de lo que establece la Constitución y por momentos pareciera que quienes deben cumplir y hacer cumplir las leyes, manejan una concepción diferente y en ocasiones contraria a lo que refiere el espíritu de estas.
¿Puede haber democracia en una sociedad que vive inmersa en la violencia, en la que cotidianamente se violan los más elementales derechos humanos y en la que existe una enorme desigualdad; en la que el pueblo no ejerce su soberanía y la mayor parte es excluido de la toma de decisiones que en mayor o menor medida le afectan; en la que existen leyes que protegen a una minoría que en los hechos es la que posee y ejerce el poder; en la que los bienes que debieran ser propiedad nacional pertenecen a unos cuantos poderosos grupos económicos?
No obstante, en nombre y al amparo de la «democracia» se han mantenido regímenes corruptos, represivos, entreguistas, explotadores, antipopulares opresores, guerreristas y que son un peligro para sus pueblos y para los pueblos del mundo.
Ante tal situación, ¿qué podemos hacer quienes conformamos el pueblo?
Si la democracia significa gobierno del pueblo, este debiera ejercerlo a través de mecanismos que permitan su participación en la toma de decisiones de alcance local, regional o nacional que le conciernan; y mediante esa participación procurar que la marcha de los asuntos económicos, políticos, sociales, culturales, ambientales, o de otra naturaleza, sea la mejor y la más conveniente para la comunidad.
Sin embargo, la democracia no se alcanza por decreto, por un simple deseo o porque así lo consigne la Constitución o alguna ley. Debe construirse y defenderse día a día mediante el ejercicio de los derechos propios y respeto a los ajenos, con el objetivo de transformar a la sociedad en una cada vez más justa, solidaria e incluyente; una sociedad en la que vivamos dignamente, en armonía con la naturaleza y en paz , entre nosotros y con los demás pueblos del mundo.
La tarea no es fácil, pero tampoco imposible. El nuevo gobierno de la República, que se ha declarado antineoliberal y cuyo objetivo es transformar al país, con algunas medidas ha marcado diferencias con las anteriores administraciones; sin embargo, los intereses de la oligarquía mexicana, y la internacional que aquí opera, son de tal magnitud y su poder e influencia no han sido neutralizados, razón por la que representan un gran obstáculo para alcanzar la transformación que nuestro país requiere.
Y construir una real democracia en nuestro país es la condición sine qua non para que se produzca una verdadera transformación que promueva el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo.
Esa condición solamente la alcanza un pueblo consciente, organizado, crítico y decidido a ser libre y el dueño de su destino. Ya dimos el primer paso el 1 de julio del pasado año cuando rechazamos en las urnas a quienes habían conducido al país hacia el desastre; ahora resta lo más difícil: prepararnos y organizarnos, con independencia de partidos políticos, para hacer de México un país digno de su pueblo.
Quienes conformamos este pueblo tenemos la palabra.
* Alfonso Díaz Rey es miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: John Potter / Pixabay.
Comparte en Facebook
Twittéalo








