SOMOSMASS99
Oscar Alzaga*
Martes 22 de agosto de 2023
“Los ministros de Juárez por cuyas manos pasaron los incalculables tesoros de la Iglesia, no se quedaron con un céntimo. (…) Hay un leve contraste entre el México de los liberales de entonces y el México de los neoliberales de hoy”.
– José Emilio Pacheco, Homenaje a Carlos Monsiváis en la FIL de 2006.
El neoliberalismo no es un fenómeno nacional, es expresión de la derechización del mundo y su reacción ante la crisis del capitalismo internacional; es la ofensiva a su crisis y el declive del capitalismo, en su fase imperialista de Estados Unidos (EU) la OTAN y Japón, que recrudece del desarrollo desigual del orbe y privilegia y exacerba el capital monopolista. La caída del socialismo en 1990 le dio una fuerza mayor, de la que carecía el imperialismo. La derecha liderada al inicio neoliberal por Reagan-Thatcher en los años 70 y 80, lo coronan con el Consenso de Washington de 1990 y lo respaldan la OTAN, BM, FMI, OMC, OEA, CIA, etc.
Pero la crisis económica mundial se profundiza en 2008 y con la pandemia de 2021-22, y curiosamente se expresan en una mayor desigualdad entre las oligarquías del mundo y los pueblos de la humanidad. Como nunca crecen las ganancias de los oligarcas e igualmente crecen la pobreza, el hambre, la migración, etc.
El surgimiento como potencia mundial económica y política de China y en menor medida de India, Rusia y Brasil y Sudáfrica, llamados BRICS, no regresan al mundo bipolar de antes de 1990, sino que crean una relación económica, comercial y política multilateral, más claramente expresada en la guerra de Rusia contra Ucrania, con China apoyando a Rusia, mientras que a Ucrania la apoya la OTAN con EU a la cabeza. Expresan una recomposición del mundo, la descomposición y caída del socialismo y la derechización de los países de la OTAN.
México, vive esa crisis internacional y la propia interna, la recurrente económica la extreman y polarizan, así como la política que debilitó al PRI de 1988 a 2018 y lo aleja para siempre del pueblo. En 1988 acudió al fraude electoral para “ganar” y degradar todo el sistema político e institucional. Entonces el hegemónico PRI en manos de su última generación opta por el neoliberalismo, que aquí consistió no solo en favorecer al gran capital, que ya lo hacía desde Miguel Alemán, y alejarse de la Revolución del 10 y la Constitución de 17, y pasar a actuar en contra de ellas, contra el pueblo y lo mejor de la historia: los neoliberales del PRI caen en una abierta traición a la nación, se pasan a la derecha abierta con la oligarquía y el PAN.
En México el neoliberalismo encabezado visiblemente por Salinas, Zedillo y Peña; por Fox y Calderón, significó el abandono del constitucionalismo social y el adelgazamiento extremo del Estado para favorecer al gran empresariado nacional y extranjero, ese empresariado -en particular el oligárquico- es la verdadera cabeza del neoliberalismo nacional, pero nunca de la cara, se cuida para no desprestigiarse ante la opinión pública: unos son el poder sexenal aparente ante la opinión pública; y otros son el verdadero poder permanente. No son una mancuerna, sino el sometimiento de gobiernos al capital y al patrón. Que el PAN ya tenía costumbre de hacerlo. Quienes hacen mancuerna son PAN, PRD y PRI, pero sometidos a la oligarquía. Como está a la vista.
Por otro lado, no olvidemos que el país cuenta con una profunda historia de luchas populares, campesinas y obreras. El pueblo ha tenido siempre un papel histórico central, tanto en la Independencia, la Reforma y la expulsión francesa de México, como en la Revolución y el Cardenismo, “la edad de oro del movimiento obrero”. Así como en las luchas obreras, populares, magisteriales y estudiantiles de: 1952, 58-59, 68, 72-75, 76-80, 88-94, 89, 1999, 2005, 2006, 2008, 2012, 2018 (**).
Varios historiadores regatean la trascendencia de esas luchas, ponderan más las pugnas en el poder que las del pueblo y la lucha de clases en el siglo XX. Cómo el papel decisivo de las luchas obreras –los 4 años de más huelgas de la historia-, de jornaleros y campesinos fueron del cardenismo; esas huelgas y luchas precedieron las grandes obras cardenistas: reforma agraria y educativa, expropiación petrolera y del FFCC, etc.
La Constitución de 17, como proyecto de nación surge de la Revolución, ambas fueron vanguardia en el mundo al enarbolar la soberanía nacional y popular, ubicar a los trabajadores del campo y urbanos como sujetos del cambio social y sus derechos sociales al más alto rango legal. Una Constitución Social que limitaba los excesos del capital y favorecía el trabajo; cuya defensa de la soberanía nacional, en consecuencia, fue antimperialista.
Como nunca se fortalecen los derechos obreros con luchas cardenistas, fueron conquistas logradas por las huelgas más intensas y trascendentes de 1935 a 1938 y luego en 1943-44: forjan los mejores contratos colectivos y crean la bilateralidad obrero patronal; crece la sindicalización: al triple de 300 mil trabajadores a 900 mil de 1934 a 1940; crece igual el cooperativismo; surgen los sindicatos nacionales independientes (si, independientes) en el cardenismo y los aplastan en el sexenio alemanista. En la historia, los sindicatos nacionales avanzaron más que las centrales (salvo muy breves periodos), ellas han sido sumisas al PRI -y ahora las arrastran en su caída-, que va a la cola del PAN y los empresarios. Y atrás de todos la CTM, CROC, petroleros, etc.
Acompañan los 36 años neoliberales la privatización de las empresas públicas, puertos, carreteras, playas y fronteras, la desnacionalización de la economía y la banca. Junto la entrega del país a EU y con la entrada de una ideología burguesa, conservadora y de derecha que rinde culto a los valores individualistas y contrarios a la igualdad, a los derechos humanos, a la racionalidad, la crítica y autocrítica.
Los estragos de 36 años de neoliberalismo
Indudablemente la peor etapa para la clase trabajadora en los últimos 80 años es la neoliberal de 1988 a 2018. Y no se crea que antes todo estuviera bien, pero a los extremos que llegó el neoliberalismo antes fueron desconocidos, tan solo en materia salarial, 1976 es un año de los más altos, similar a los mejores de Latinoamérica, para 2018 llega a ser el salario más bajo que el de Honduras y Guatemala. Existían excelentes contratos colectivos de trabajo (CCT) en los sindicatos nacionales y medianos, muy por encima de la Ley Federal del Trabajo (LFT), no así en las pequeñas y mini empresas que apenas superaban las prestaciones y salarios de la LFT; y destacaba en muchos casos la bilateralidad, la negociación colectiva y las comisiones mixtas que eran una expresión de fuerza de los sindicatos. A partir de Salinas se abre la venta de los CCT y en la frontera norte se ofrecen CCT con o sin sindicato, simulaban que existían en el registro de las Juntas de Conciliación. Los CCT se hicieron al menú y gusto del patrón.
El empresariado -con el apoyo de los gobiernos- logra el control estricto de los sindicatos más importantes del país, los afiliados al PRI, de igual modo logran el control de las Juntas de Conciliación y Arbitraje -la federal y las estatales-, y logran reducir los presupuestos oficiales de educación y universidades públicas, del IMSS e ISSSTE, de la vivienda popular y todo el rubro de gasto social oficial. Desmantelan el Estado de Bienestar.
Ya no se busca dividir los sindicatos como con Echeverría sino su exterminio o sumisión completa: cero huelgas, contratos colectivos de protección patronal, caída de la tasa sindical, el empleo eventual que crece como nunca con la subcontratación, etc. Un trabajador eventual está impedido para luchar para crear un sindicato o para mejorarlo, para participar en una revisión de CCT y menos para una huelga, porque el despido es la principal arma patronal.
Las privatizaciones de las paraestatales despojan la materia de trabajo exclusiva de los sindicatos, afectando consecuentemente el empleo y la estabilidad en el empleo -una norma básica y un principio del derecho del trabajo-, hoy un derecho humano básico: el derecho al trabajo y a un trabajo de calidad o de planta, que permita al trabajador y su familia planificar su vida, como lo exige la Declaración Internacional de los derechos Humanos de la ONU. Ya que la venta a precios de regalo de las empresas estatales, incluía la materia de trabajo, el recorte de personal y el recorte de derechos laborales. Como ocurrió en la minería, siderurgia, metalurgia, teléfonos, petróleo, electricidad, ferrocarriles, puertos, banca, tiendas del estado, etc.
Los padres de la subcontratación (outsourcing) y la pérdida de derechos laborales, fueron las privatizaciones y la jurisprudencia de Góngora Pimentel que legalizó la reducción de prestaciones y salarios de los CCT, “siempre y cuando no fueran menores a los de la LFT”, perdiendo así su razón de ser, que es mejorar los mínimos de ley, ya que éstos son para todos los trabajadores de talleres, mini empresas, etc., no para empresas medianas y grandes. Ya que las empresas fuertes no se pueden medir con el mismo rasero.
La política de “topes salariales” fue y es el principal mecanismo oficial de reducción del salario nacional, ya que su aplicación se hizo extensiva a los salarios de los CCT, lo que de paso impidió la libertad sindical y la libre negociación colectiva, pues los sindicatos eran obligados a someterse al tope salarial. Eso lo pudieron lograr los gobiernos y los empresarios por la debilidad y complicidad de las centrales y los sindicatos del PRI, justo los más importantes del país.
Un mecanismo ladino patronal impregnó a instituciones tan serias como la UNAM y el IMSS, al reducir sus presupuestos y exigir altas calificaciones en el examen de admisión al estudiante -un vil pretexto y simulación-, para excluir a la mayoría de los examinados; y en el IMSS, con escaso personal y reducida atención a los enfermos, terminaron excluyendo a los pacientes. Así, con ambas medidas se favoreció a la iniciativa privada en la salud y en la educación media y superior.
Se redujo la sindicalización en el país, de 16 millones de trabajadores en 1995 a 7.6 millones en 2018. Lo mismo que la calidad de los sindicatos con CCT patronales y la política de cero huelgas.
Tres fraudes presidenciales a la vista de toda la ciudadanía, tan claros como fue la movilización popular en 1988 por Cuauhtémoc Cárdenas y el acarreo por Salinas; en 2006 por la movilización popular por Andrés Manuel López Obrador y el acarreo por Calderón; y en 2012, por AMLO contra Peña. Marcan la línea ilegal y corrupta de los gobiernos de los fraudes y la degradación institucional completa.
Salinas, jefe de la devastación nacional, privatizaciones y maestro de la mentira (¡Con el TLCAN pasaremos al primer mundo!) y enterrador de la soberanía nacional, el 1 de enero de 1994 México ingresa al TLCAN, pero de esa fantasía despierta el país con la insurrección indígena en Chiapas, del EZLN. El TLCAN incumplió los Acuerdos Paralelos: laboral y ambiental. Entrega la frontera norte a maquiladoras junto con contratos colectivos de protección patronal, los sindicatos a modo para las maquiladoras, outsourcing y flexibiliza los derechos laborales y la salud laboral, que Chile puso de moda con la dictadura de Pinochet en 1980.
Zedillo, destruye el ferrocarril de pasajeros y privatiza el de carga, hace la reforma del IMSS e ISSSTE para entregar las cuotas obrero-patronales a la banca privada y extranjera. La Suprema Corte de Justicia niega todos los amparos de los trabajadores. El Fobaproa ayuda con dinero del pueblo a pagar la deuda de la banca privada. El 2-II-99 un decreto presidencial privatiza la industria eléctrica, pero la lucha encabezada por el SME obliga al gobierno a recular y retirar el decreto.
Fox, en agosto del 2000 establece los “20 compromisos con el sindicalismo” que no cumple (pero engaña a los bobos) y propone varias reformas laborales regresivas que no se aceptan; su política laboral sigue al modelo del PRI. “Gobernaré como gerente el país”. Ni idea tenía de qué era un estadista, pero enseñó el “cobre” sobre su inclinación patronal. El más mediocre y torpe presidente requería de un “interprete” que explicara a la ciudadanía “lo que quiso decir el presidente Fox”, porque a él no se le entendía “lo que quería decir”.
Calderón, (producto del fraude) el día que Lozano toma el cargo de secretario de Trabajo, declaró: “No tengo experiencia en materia laboral, pero aprenderé”. Cuando es un requisito de la Constitución, para los secretarios del gobierno: “están obligados a hacer cumplir las leyes federales”. Art. 120. Pese a que el artículo primero de la Constitución de 2011 prohíbe las reformas regresivas, en noviembre de 2012 el gobierno promueve una reforma laboral contraria al artículo 123 de la Constitución, que retrocede los derechos establecidos, apoyado por el PAN, PRI y PRD. Calderón puso al abogado patronal de Germán Larrea en 2008, 2009 y 2010 como secretario de Gobernación, para resolver con pura corrupción los negocios privados del oligarca Larrea.
Peña, el 2 de diciembre de 2012 firma el “Pacto por México” y promueve reformas en contra del magisterio y de la soberanía nacional, al entregar al capital nacional y extranjero Pemex y CFE, abiertamente en contra del art. 1 de la Constitución. Su propia elección con la compra de votos selló el carácter ilegal y cínico del gobierno que encabezó. En 2017 promovió la reforma constitucional sobre la libertad sindical, solo para cubrir el compromiso con los tratados y el comercio internacional, tan es así que en febrero de 2018 el PRI-CTM y CROC presentaron el proyecto de reforma de la LFT, en contra de esa reforma y de los derechos obreros: “la peor reforma de toda la historia” (pero engañó a los bobos). Digno alumno de Salinas, cerró el ciclo de la degradación política socioeconómica neoliberal de 36 años, comparable a la dictadura de Porfirio Díaz.
La 4T ha significado un cambio muy profundo en comparación con el neoliberalismo de 36 años, no así en materia laboral: la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje se dejó igual que antes, intacta en corrupción y en su entrega a la patronal. Se dejó como era con Salinas, Calderón y Peña. Arturo Alcalde no quiso hacer cambios durante casi cinco años (2018-2022), ya que ni Luisa Alcalde ni AMLO conocían la Junta Federal, siendo el tribunal laboral más importante del país.
Se hizo la reforma laboral del 1 de mayo de 2019, pero no se implementó, no se llevó a la práctica: los sindicatos y centrales en su mayoría siguen eligiendo a sus dirigentes a espaldas de los trabajadores y del voto secreto, así como siguen revisando los CCT y salarios a espaldas de los trabajadores, todo ello contrario a la libertad sindical. Los pocos sindicatos independientes y democráticos prefieren acudir al T-MEC u otras opciones, no a la Secretaría del Trabajo, ni a las Juntas federal y estatales, ni ahora a los nuevos tribunales y al Centro Federal de Conciliación. La falta de cambios en el acceso a la justicia y en la aplicación de la ley vigente, en los hechos, no se ha llevado a cabo. Lo que está la vista de todos.
* Abogado del Sindicato Minero y la Confederación Internacional de Trabajadores (CIT), miembro de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos (ANAD), la Asociación Latinoamericana de Abogados Laboralistas (ALAL), y la Asociación Internacional de Juristas Democráticos (AIJD).
** Las luchas de: 1952 de henriquistas; de 1958-59 ferrocarrileras encabezadas por Vallejo y de otros sindicatos; el 68, la estudiantil; 1972-75, la tendencia democrática encabezada por Rafael Galván y los sindicatos universitarios; 1976-80, paros y huelgas de operadoras y telefonistas; 85, el terremoto; 88-94 fraudes electorales; 1989 la primavera del magisterio y movilización en el IMSS; 1999 movilización del SME y popular contra privatización eléctrica; 2005 lucha popular contra desafuero; 2006 electoral; 2008 movilización nacional contra privatización de Pemex convoca AMLO; 2012 fraude electoral y 2018 triunfo electoral. Desde luego hay más luchas, pero estás quizá sean las más destacadas.
Foto de portada: @popnzebra / Unsplash.
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